"Saber perder las elecciones": la advertencia de un especialista sobre las denuncias de fraude

El especialista en Derecho Electoral, Oscar Blando, explicó en AIRE cómo distinguir un error de una maniobra fraudulenta, por qué las denuncias deben probarse ante la Justicia y de qué manera los cuestionamientos infundados a los resultados pueden afectar la legitimidad democrática.

Oscar Blando analizó los cuestionamientos a los procesos electorales en Brasil y Estados Unidos.

Oscar Blando analizó los cuestionamientos a los procesos electorales en Brasil y Estados Unidos.

Las denuncias de fraude electoral volvieron a ocupar un lugar central en el debate político internacional. En medio de los cuestionamientos de dirigentes de distintos países sobre la legitimidad de los resultados electorales, el especialista en Derecho Electoral, Oscar Blando, planteó que acusar de fraude sin pruebas también representa un riesgo para la democracia.

“El mayor de los fraudes es declarar un fraude electoral inexistente”, sostuvo Blando durante una entrevista con AIRE, en la que analizó los cuestionamientos a los procesos electorales en Estados Unidos y Brasil, y explicó qué condiciones deben cumplirse para hablar efectivamente de una elección fraudulenta.

Para el especialista, las denuncias infundadas y el rechazo a reconocer resultados legítimos afectan la credibilidad de las instituciones y deslegitiman a quienes ganaron una elección.

“Cuando en un proceso electoral empiezan a hacerse denuncias inconsistentes, que no pueden ser probadas, o no se aceptan los resultados electorales, eso deslegitima no solamente a la democracia, sino también a los ganadores legítimos de una elección”, explicó.

Fraude electoral: qué tiene que pasar para que una elección sea fraudulenta

Blando señaló que no todas las irregularidades que pueden producirse durante una elección constituyen un fraude. Para explicarlo, diferenció tres situaciones que suelen confundirse en el debate público.

La primera es el error sistémico involuntario. Puede ocurrir, por ejemplo, cuando una autoridad de mesa comete una equivocación al sumar los votos o completar la documentación electoral. Se trata de un error puntual que no necesariamente implica una maniobra para alterar el resultado.

El segundo escenario es la manipulación política. El especialista mencionó como ejemplos el uso excesivo o desigual de la publicidad oficial, o la difusión anticipada de información electoral en beneficio de una fuerza política.

Aunque estas prácticas pueden afectar las condiciones de competencia, Blando aclaró que no necesariamente modifican el resultado de los comicios.

El fraude electoral, en cambio, requiere una maniobra generalizada y sistemática destinada a alterar los resultados para que gane quien no obtuvo legítimamente la mayoría de los votos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que las elecciones de Brasil “parecieron amañadas” y fueron “muy corruptas”, luego de la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que las elecciones de Brasil “parecieron amañadas” y fueron “muy corruptas”, luego de la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro.

“Para que haya fraude electoral debe haber un intento sistemático y generalizado de modificar los resultados electorales y hacer ganar a quien no ganó y perder a quien legítimamente lo hizo”, definió.

Además, remarcó que quien denuncia una maniobra de ese tipo tiene la obligación de presentar pruebas ante la Justicia Electoral.

Las denuncias de fraude y el riesgo de deslegitimar la democracia

Durante la entrevista, Blando relacionó la difusión de denuncias electorales sin sustento con una dinámica política que se observa en distintos países, donde algunos dirigentes cuestionan los resultados cuando les son adversos.

El especialista mencionó los casos de Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil, y sostuvo que en determinados sectores políticos existe una dificultad para aceptar las reglas democráticas cuando pierden una elección.

“Pareciera que hay determinados sectores que aceptan las reglas de juego de la democracia, pero cuando pierden no quieren cumplir con esa regla de la democracia que es saber perder las elecciones”, señaló.

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En ese sentido, destacó que en Argentina los principales dirigentes políticos reconocieron los resultados de las elecciones en las que fueron derrotados. También expresó su expectativa de que esa conducta se mantenga en los próximos procesos electorales.

Blando advirtió que la reiteración de acusaciones sin pruebas puede erosionar la confianza pública en el sistema democrático, incluso cuando no existe una alteración efectiva de los resultados.

Cómo se controla una elección en Argentina

El especialista también explicó la diferencia entre el escrutinio provisorio y el definitivo, dos instancias que suelen generar confusión durante las jornadas electorales.

El escrutinio provisorio se realiza el mismo día de la elección y permite difundir los primeros resultados a partir de los telegramas confeccionados por las autoridades de mesa. Tiene una finalidad informativa y no posee validez legal para proclamar a los candidatos electos.

El escrutinio definitivo, en cambio, está a cargo de la Justicia Electoral y se realiza a partir de las actas de cada mesa. En esa instancia se revisa la documentación, se analizan las impugnaciones y se determina el resultado oficial.

Blando destacó que este procedimiento permite controlar posibles irregularidades y establecer si existen circunstancias que justifiquen la nulidad de una mesa o la realización de elecciones complementarias.

También recordó que en Argentina hubo casos puntuales en los que se anularon mesas y debieron realizarse nuevas votaciones, aunque aclaró que se trata de situaciones excepcionales.

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