sábado 23 de enero de 2021
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Rosario también llora a Diego: hinchas de Newell's le dieron su último adiós en el Coloso

Con la camiseta rojinegra y algún recuerdo en sus manos, familias enteras se acercaron al estadio del parque Independencia a expresar su dolor por la muerte de Maradona.

Hay noticias que no queremos que lleguen nunca. Incluso, cuando llegan, no queremos aceptarlas. La muerte de Diego Maradona arrasó con todo. A lo largo y ancho del país, miles de personas despiden al máximo ídolo de toda su historia en diferentes ciudades y Rosario no es la excepción.

Miles de rosarinos se concentraron frente al estadio de Newell’s para dar el último adiós al astro.

“Me llamó mi vieja llorando y me fui del trabajo”, cuenta un hincha leproso con la voz quebrada y agradece haberlo visto jugar en el club de sus amores.

“No lo puedo creer. Sabíamos que podía pasar, pero hoy no lo puedo, no lo quiero creer” decía otra mujer con la camiseta de La Lepra y los ojos rojos de tanto llorar, en la puerta de la cancha, donde recuerda: “Gracias a Dios pude verlo jugar”.

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“No lo puedo creer. Sabíamos que podía pasar, pero hoy no lo puedo, no lo quiero creer” decía otra mujer con la camiseta de La Lepra y los ojos rojos de tanto llorar, en la puerta de la cancha, donde recuerda: “Gracias a Dios pude verlo jugar”.

“No lo puedo creer. Sabíamos que podía pasar, pero hoy no lo puedo, no lo quiero creer” decía otra mujer con la camiseta de La Lepra y los ojos rojos de tanto llorar, en la puerta de la cancha, donde recuerda: “Gracias a Dios pude verlo jugar”.

“Gracias Diego”, “El más grande”, “Diego, Diego, Diego: simplemente gracias”, dicen los carteles que van pegando en la puerta del Coloso, padres de la mano con sus hijos, con una angustia visible que duplica el tamaño del estadio.

Alrededor de las 16, el club del Parque de la Independencia abrió las puertas de la tribuna que da al Palomar, y muchos eligieron sentarse allí, en el suelo, a mirar el mural del Diez, que lo retrata inmortalizado con un eterno beso a la hinchada, junto a la palabra “D10S”.

Qué le importa al hincha la estadística o la cantidad de partidos que el gran Diego haya vestido sus colores, si haberlo contemplado en vivo en su propia cancha le llenó el alma para siempre.

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“Gracias Diego”, “El más grande”, “Diego, Diego, Diego: simplemente gracias”, dicen los carteles que van pegando en la puerta del Coloso, padres de la mano con sus hijos, con una angustia visible que duplica el tamaño del estadio.

“Gracias Diego”, “El más grande”, “Diego, Diego, Diego: simplemente gracias”, dicen los carteles que van pegando en la puerta del Coloso, padres de la mano con sus hijos, con una angustia visible que duplica el tamaño del estadio.

El silencio era interrumpido de a ratos por oleadas de aplausos, mezcladas con sollozos. Algunas camisetas de la selección, barbijos que no alcanzaban a contener el llanto, velas, flores, cartas y la desazón profunda que dejan los grandes cuando parten.

“Una camioneta cargada de pibes pasa por Avenida Pellegrini. Gritan “Olé, olé, olé, olé, Diegó, Diegó” y si no tuviéramos la efemérides ante la vista, creeríamos que el astro acababa de definir un partido sobre la hora, con la habilidad que nació junto con él.

“Dibujate una más”, pide un fanático maradoniano desconsolado”y espera la yapa del milagro en un cuadrado del verde césped, que esta vez, lo sabemos, no nos será concedido.

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