"Que el Papa visite tu casa es un montón": la emoción del Cottolengo mientras se prepara para recibir a León XIV
Jorgelina Leis trabaja hace 32 años en el Cottolengo de Claypole. Cuenta cómo se prepara la comunidad para recibir al Papa León XIV y vivir un encuentro histórico.
León XIV será recibido en el santuario donde se encuentra la reliquia de San Luis Orione, en un encuentro cerrado con residentes, familias, trabajadores, religiosos y voluntarios.
Hay lugares que comienzan siendo un trabajo y, con el paso de los años, se transforman en una casa. Para Jorgelina Leis, el Cottolengo de Don Orione de Claypole es eso: una parte esencial de su vida. Llegó hace 32 años como terapista ocupacional, convencida de que aquella experiencia sería apenas una etapa de sus primeros años profesionales. Nunca se fue.
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Hoy, mientras toda la comunidad se prepara para recibir al Papa León XIV, Jorgelina mira el movimiento que atraviesa cada rincón del Cottolengo. Hay personas que organizan, otras que piensan dónde ubicarse, quienes se ocupan de la vestimenta, del obsequio que se le entregará al Pontífice y de cada uno de los detalles de un encuentro que durará unos 40 minutos.
Pero detrás de esa organización hay algo mucho más profundo: la emoción de recibir al Papa en un lugar que muchos sienten como su propia casa. “Cuando ingresé el primer día pensé que estaba de paso y que solo iba a ser una experiencia dentro de mis inicios profesionales y bueno, acá estoy. No me fui nunca más”, cuenta Jorgelina.
Hace más de 20 años que coordina gran parte del Centro Educativo Terapéutico, dentro del área de orientadores. Sin embargo, cuando explica por qué decidió quedarse, la respuesta trasciende cualquier función laboral. “Es un lugar muy especial. Todo el ambiente te hace sentir muy cómodo y muy familiar. Se vive con mucha alegría, con mucho respeto y creo que eso pesa un montón en el momento de elegir dónde permanecer”, explica.
Y lo resume desde un lugar todavía más íntimo: “Paso más tiempo acá a veces que con amigos o hasta incluso a veces me ha pasado con familia. Así que bueno, elijo, sigo eligiendo el Cottolengo como mi lugar”.
El día en que llegó la noticia de que el Papa visitaría el Cottolengo
La visita de León XIV comenzó como un rumor. Hasta que llegó la confirmación y la sorpresa se convirtió en una certeza. “Wow, viene el Papa, vamos a tener la visita de un Papa al Cottolengo”, recuerda Jorgelina sobre aquel momento.
Desde entonces, la alegría convive con la organización. Porque no se trata de una visita cualquiera. Para una institución religiosa, recibir al Papa tiene un significado especial, pero para quienes forman parte de la comunidad también representa la posibilidad de mostrar una realidad que muchas veces permanece detrás de una etiqueta.
Jorgelina considera que la elección del Cottolengo tiene un profundo significado por la posibilidad de acercar la mirada a las personas con discapacidad, sus familias y quienes trabajan cotidianamente para acompañarlas.
“No me sorprende porque me parece que es el mejor lugar al que puede ir”, sostiene. Según explica, el Cottolengo puede “ejemplificar y sintetizar muchísimas situaciones” vinculadas con las personas con discapacidad y las familias que las acompañan.
La trabajadora también pone el foco en una cuestión que considera fundamental: reconocer a las personas con discapacidad como integrantes plenos de la sociedad.
“La persona con discapacidad siempre es vista como la persona con discapacidad, como si no fuera una persona más que parte de esta sociedad”, plantea. Por eso, para ella, la presencia del Papa puede contribuir a visibilizar esa realidad y a poner en primer plano la necesidad de inclusión y de respeto por los derechos.
“Que venga él acá y vea esta gran humanidad, este número impactante de personas que viven en la institución y la cantidad de familias que hay detrás y la cantidad de personas que dedican su vida, su labor, a brindarles la mejor calidad de vida que podemos, me parece que es algo maravilloso”, afirma.
Cómo es la vida cotidiana en el Cottolengo
En el Cottolengo viven 420 personas. Además, otras 120 concurren a la escuela especial y al Centro Educativo Terapéutico como personas ambulatorias.
La vida cotidiana tiene rutinas, actividades y momentos compartidos. Los residentes se levantan, realizan su higiene, desayunan y comienzan sus actividades. Algunos participan de talleres, otros tienen actividades individuales con profesionales del área de salud y también realizan tareas habituales como ir a la peluquería o al podólogo.
El Centro Educativo Terapéutico funciona con doble jornada. Allí realizan actividades productivas, pedagógicas, de estimulación y sociales. Al mediodía regresan al hogar para almorzar y luego vuelven al centro hasta las 15.30 o 16.
Después llega el momento de regresar al hogar, merendar, ordenar sus cosas, higienizarse y compartir actividades recreativas o vinculadas con sus intereses y hobbies.
“Es una rutina muy similar a la que puede tener cualquier persona que no viva dentro de la institución”, explica Jorgelina.
El Cottolengo es un hogar con Centro Educativo Terapéutico y no existe una edad determinada para ingresar. Las personas llegan cuando existe una necesidad concreta de contar con ese servicio.
Jorgelina explica que el cambio de paradigma en discapacidad también modificó las edades de ingreso. Muchas familias atraviesan primero distintas etapas de estimulación, escuelas especiales y centros de día. Más adelante, cuando los padres envejecen, pueden comenzar a buscar un hogar para sus familiares.
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“Las personas con discapacidad manejan otros tiempos, que generalmente tienen que ver con sus intereses, sus necesidades, las posibilidades familiares”, señala.
León XIV no dará una misa: irá a encontrarse con la comunidad
Jorgelina hace una aclaración importante sobre la visita: León XIV no irá a celebrar una misa.“El Papa León viene a saludarnos y a tener cercanía con las personas con discapacidad y con todas las personas que trabajamos en la institución”, explica.
Será un evento cerrado y los protagonistas serán los integrantes de la comunidad del Cottolengo. Estarán los residentes, sus familias y alrededor de 400 trabajadores, entre profesionales y equipos de apoyo.
También participarán quienes trabajan en medicamentos, nutrición y cocina, administración, mantenimiento, personal auxiliar, docentes, médicos, enfermeros y profesionales de las distintas áreas de salud. A ellos se sumarán religiosos, voluntarios y autoridades.
Entre quienes estarán presentes también habrá un grupo muy especial: las “Amigas de Orione”, integrado por exempleadas y mujeres muy cercanas a la obra que trabajan desde hace años en un taller de costura. Ellas adaptan prendas y abrigos para los residentes.
“Somos muchos los que conformamos la familia”, resume.
El Papa será recibido en el santuario, donde se encuentra la reliquia de San Luis Orione. La comunidad se ubicará dentro del templo y en sus laterales para acompañar el momento.
Preparar 40 minutos sin perder la esencia del Cottolengo
La visita durará alrededor de 40 minutos. Parece poco tiempo, pero alcanza para que cada detalle requiera una organización especial.
Jorgelina compara el proceso con una receta que lleva muchos ingredientes: todo está disponible, pero hay que acomodarlo y entrelazarlo para que el resultado sea el esperado.
En el Cottolengo hay misa todos los días. Y quienes participan la viven con una libertad muy particular: entran y salen, eligen dónde sentarse, se acercan al altar, abrazan al sacerdote y hasta bailan durante la celebración.
Esta vez deberán estar un poco más organizados. “Así somos y así nos verán y nos encanta que sepan que nos manejamos con mucha libertad y con mucha naturalidad”, sostiene Jorgelina.
La formalidad del encuentro no quiere borrar esa identidad. Al contrario: la comunidad quiere recibir al Papa siendo fiel a lo que es.
Por eso, mientras se acerca el día, todos tienen una tarea. Se piensa cómo estarán vestidos los residentes, cómo estarán los trabajadores, dónde se ubicará cada persona y quién será el encargado de entregar el obsequio. Cada detalle importa.
“Que el Papa visite tu casa es un montón”
Después de 32 años en el Cottolengo, Jorgelina sabe que los años pasan. Incluso cuenta que le quedan tres años para alcanzar la edad jubilatoria.
Y en ese contexto, la visita del Papa adquiere para ella una dimensión profundamente personal. “Es una alegría y un orgullo”, dice.
Piensa en aquel primer día en el que creyó que estaría de paso y en todo lo que ocurrió después. Piensa en las personas que conoció, en la comunidad que construyó y en ese lugar que eligió una y otra vez durante más de tres décadas.
Entonces encuentra una frase sencilla para explicar lo que significa que León XIV llegue hasta Claypole. “Uno a lo mejor puede tener la posibilidad de viajar y tener una cercanía con el Papa, pero que el Papa visite tu casa, eso es un montón”.
La frase parece resumir el sentimiento de toda una comunidad. Porque el Cottolengo no se prepara solamente para recibir a una autoridad religiosa. Se prepara para abrir las puertas de su casa y mostrarle al Papa su vida cotidiana: las personas que allí viven, las familias, los trabajadores, los profesionales, los voluntarios y todos aquellos que, de distintas maneras, forman parte de esa comunidad.
“Todos los que trabajamos acá nos sentimos que somos parte de esta casa”, dice Jorgelina. Por eso, mientras cada integrante se ocupa de algo y el encuentro se acerca, la emoción atraviesa los preparativos.
Son apenas 40 minutos. Pero para quienes esperan al Papa en el lugar que consideran su casa, pueden convertirse en uno de esos momentos que quedan para siempre. “Ojalá que salga todo como lo estamos deseando”, concluye Jorgelina que dio sus primeros pasos de manera casual en el Cottolengo y ahora aguarda al Papa en el lugar que terminó convirtiéndose en su casa.










