El dilema ético detrás del tratamiento que permitió a una mujer de 62 años ser madre: "Primero está el paciente"

El caso de Mabel, que se convirtió en madre a los 62 años, reabrió el debate sobre los límites de la fertilización asistida. Para el especialista que la acompañó, la decisión no se tomó solo desde la medicina: implicó evaluar riesgos, estudios y también la historia y el deseo de la paciente.

El caso de Mabel, que se convirtió en madre a los 62 años, reabrió el debate sobre los límites de la fertilización asistida.

El caso de Mabel, que se convirtió en madre a los 62 años, reabrió el debate sobre los límites de la fertilización asistida.

El caso de Mabel, una mujer de 62 años que se convirtió en madre primeriza, se instaló como un caso excepcional en Argentina. Pero detrás de ese hecho hay una pregunta que excede el récord: ¿cómo decide un profesional hasta dónde acompañar el deseo de una paciente cuando existen recomendaciones médicas que establecen límites de edad?

El interrogante atravesó el tratamiento que realizó el especialista en medicina reproductiva Matías Colabianchi, quien habló sobre el caso en el programa Creo de AIRE. Según explicó, la decisión de avanzar no fue automática y estuvo atravesada por una evaluación médica y ética.

“Primero está el paciente”

El tratamiento utilizado fue una ovodonación: Mabel no utilizó sus propios óvulos debido a su edad, sino que se realizó la preparación del útero para transferir un embrión.

Sin embargo, para Colabianchi, lo excepcional del caso no estuvo en la técnica, que describió como habitual en tratamientos de fertilidad, sino en la edad de la paciente y en la decisión de acompañarla.

El especialista contó que, durante la primera consulta, su respuesta había sido negativa. Luego, a partir de nuevas conversaciones y de una serie de estudios, comenzó a evaluar la posibilidad de realizar el tratamiento.

Mabel no utilizó sus propios óvulos debido a su edad, sino que se realizó la preparación del útero para transferir un embrión.

Mabel no utilizó sus propios óvulos debido a su edad, sino que se realizó la preparación del útero para transferir un embrión.

Se realizaron estudios ecográficos, análisis de sangre y evaluaciones específicas destinadas a detectar posibles patologías de base que pudieran complicar el embarazo.

Primero está vos, cuidemos, tenemos que cuidar”, explicó el médico al recordar cómo planteó el proceso con Mabel.

En ese análisis tuvo en cuenta no solo los resultados médicos, sino también la historia personal de la mujer. Según relató, Mabel no tenía hijos, había deseado ser madre durante mucho tiempo y, por distintas circunstancias, nunca lo había logrado.

El límite de edad y una recomendación, no una ley

Uno de los puntos centrales del debate está relacionado con la edad. Colabianchi explicó que distintas sociedades médicas internacionales recomiendan no realizar transferencias de embriones en mujeres mayores de 51 o 52 años.

Pero aclaró que se trata de recomendaciones y no de leyes, por lo que cada caso requiere una evaluación individual.

En el caso de Mabel, el médico sostuvo que la edad era el principal factor que generaba dudas, pero que los estudios realizados no mostraban condiciones que le indicaran que el embarazo no podía desarrollarse de manera segura.

No hacerle daño al paciente” fue, según explicó, el principio que guió su decisión.

Los riesgos aumentan con la edad

Que los estudios hayan sido favorables no significa que un embarazo a los 62 años tenga los mismos riesgos que uno a una edad más temprana.

El especialista explicó que las patologías que pueden aparecer durante un embarazo son similares, pero que a mayor edad materna aumenta la probabilidad de que se presenten.

Entre las situaciones que deben evaluarse mencionó la diabetes gestacional en la mujer y, en el bebé, el retraso del crecimiento intrauterino y el bajo peso al nacer.

También remarcó que no se analiza únicamente la edad. Una mujer más joven puede iniciar un embarazo con obesidad, hipertensión, diabetes u otras patologías que también pueden incrementar los riesgos.

En el caso de Mabel, destacó que no presentaba patologías de base ni tomaba medicación y que había sido siempre una mujer sana. Esos fueron algunos de los elementos que tuvo en cuenta para considerar que podía transitar un embarazo seguro.

La medicina y la ética, en la misma decisión

La particularidad del caso llevó al profesional a plantear que la decisión clínica y la ética no fueron dos cuestiones separadas.

Según contó, ambas aparecieron desde el primer momento. Primero rechazó la posibilidad y luego decidió estudiar el caso con mayor profundidad.

Primero piensa en el paciente”, explicó al referirse al principio médico de no hacer daño.

Para Colabianchi, la relación médico-paciente también tuvo un papel importante. Definió a la medicina reproductiva como una especialidad humanística, en la que además del conocimiento técnico existe una relación personal con quien busca un tratamiento.

En ese sentido, sostuvo que no se trató de juzgar si estaba bien o mal que una mujer de esa edad quisiera ser madre. La responsabilidad profesional estuvo, según explicó, en determinar si podía acompañarla sin poner en riesgo su salud.

Un caso que abrió una conversación sobre fertilidad

El nacimiento también generó controversia y, al mismo tiempo, nuevas consultas. El especialista contó que recibió numerosos mensajes después de que se conociera el caso, incluidos los de mujeres de entre 40 y 45 años que le manifestaron que la historia de Mabel les había generado esperanza.

Para Colabianchi, esa fue una de las consecuencias más importantes: que el caso generara conciencia sobre la fertilidad y la necesidad de consultar con anticipación.

Su recomendación es que las mujeres comiencen a conocer su situación de fertilidad antes de los 35 años, incluyendo una evaluación de la reserva ovárica.

El médico también explicó que, en general, realiza tratamientos hasta los 51 o 52 años y que situaciones posteriores deben analizarse individualmente.

En el caso de Mabel, el especialista entendió que los estudios, las condiciones de salud y la historia de la paciente permitían avanzar. El resultado fue un embarazo que, según relató, tuvo una buena evolución y un nacimiento sin inconvenientes.

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