¿Por qué la eutanasia sigue prohibida en Argentina? La delgada línea entre salvar vidas y prolongar agonías
La jurista Aída Kemelmajer de Carlucci y médicos intensivistas explicaron por qué la ley actual de muerte digna no alcanza para evitar padecimientos extremos.
La discusión sobre la regulación de la eutanasia y el final de la vida volvió al debate en Santa Fe.
Hablar de la eutanasia en la Argentina continúa siendo un tabú. La sociedad suele esquivar el tema o comentarlo al pasar, evitando reflexionar sobre el final de la existencia y las condiciones en las que una persona considera que su vida deja de ser digna frente a un cuadro que no tiene reparo.
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En el país, el marco normativo vigente encuentra su límite en la Ley 26.529 (Derechos del Paciente), que ampara la muerte digna. Esta herramienta garantiza el rechazo de tratamientos, cirugías o maniobras de soporte vital que prolonguen de forma artificial el proceso de morir, pero no contempla la eutanasia activa.
La mirada de una jurista sobre la eutanasia
"Creemos en un derecho a la vida, no en la obligación de vivir", afirmó la jurista Aída Kemelmajer de Carlucci en diálogo con AIRE. La exjueza de la Suprema Corte de Mendoza y co-redactora del Código Civil y Comercial sostuvo que la autonomía permite decidir sobre el propio proyecto vital y concluirlo cuando ya no tiene sentido para la persona.
Kemelmajer de Carlucci citó al constitucionalista Germán Bidart Campos al definir la eutanasia como un derecho autorreferencial. En ese sentido, remarcó que se trata de una facultad individual que no afecta la vida de terceros ni obliga a nadie a morir.
"Hay personas que pasan 20 o 30 años con enfermedades crónicas terribles y no quieren seguir viviendo así, ni quieren ser una carga para una familia que vuelca su vida entera en torno a ese dolor", señaló. Además, recordó que los tiempos del paternalismo médico terminaron: el profesional tiene la obligación de informar y aconsejar, pero la decisión final sobre el cuerpo pertenece a cada individuo.
El dilema clínico entre salvar vidas y prolongar agonías
Desde la mirada médica, el intensivista y especialista en bioética Luis Alberto Flores explicó que el avance tecnológico generó terapias intensivas llenas de cuerpos mecanizados por bombas, marcapasos o respiradores. Ante este panorama, advirtió que la medicina no debe caer en la obstinación de sostener funciones biológicas cuando el cuadro clínico ya no tiene retorno.
Flores diferenció las prácticas que hoy sí contempla la legislación argentina de la eutanasia. Por un lado, explicó que el rechazo de tratamiento es un derecho del paciente a no someterse a una práctica, incluso si esa negativa deriva en el fallecimiento. Por otro lado, la adecuación o limitación del esfuerzo terapéutico consiste en retirar o no iniciar medidas desproporcionadas para permitir la muerte natural, manteniendo los cuidados paliativos.
El especialista también se refirió a la sedación paliativa, una intervención médica que utiliza fármacos para aliviar síntomas refractarios como el dolor extremo, la asfixia o la ansiedad en pacientes terminales. En este procedimiento, el objetivo clínico es brindar confort disminuyendo la conciencia, sin buscar provocar la muerte.
Sin embargo, Flores remarcó que el padecimiento humano excede al dolor físico. Según el médico, el sufrimiento comprende dimensiones psicológicas y sociales, como la desesperanza y la pérdida de autonomía, lo que lleva a muchas personas a manifestar que no desean continuar viviendo en condiciones que son incompatibles con su dignidad.
El escenario regional también sumó elementos con la experiencia de Uruguay, donde la aplicación de la ley sobre el final de la vida registró un único caso desde su sanción, desmitificando temores sobre un uso desmedido en la población.
El debate formó parte de una jornada organizada por el Centro de Estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales (CEDyCS) en la Universidad Nacional del Litoral (UNL).







