La historia de una mujer que encontró en la fe un nuevo camino y emocionó en la visita de León XIV
En una recorrida por el interior del estadio de Montevideo, AIRE conversó con los fieles que esperaban al Papa. Entre los testimonios se destacó el de una mujer que comenzó catequesis en abril y contó cómo cambió su vida desde que decidió acercarse a la Iglesia.
"Ahora pongo mucho más en manos de Dios todo lo que pasa", contó una de las fieles que llegó al estadio Centenario para ver al papa León XIV.
El estadio Centenario de Montevideo se llenó de emoción, cantos y alegría en la previa de la vigilia de oración que encabezó el papa León XIV. Entre miles de personas que llegaron para escucharlo, una historia se destacó durante la recorrida de AIRE: la de una mujer que recibió su primera comunión apenas una semana antes y que encontró en la fe una nueva forma de vivir.
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"Estoy muy feliz, muy agradecida, muy emocionada", contó. Su presencia en el estadio tenía un significado especial: hacía apenas unos meses había comenzado un camino de acercamiento a la Iglesia y ahora podía compartir esa experiencia junto a miles de personas.
"En abril empecé catequesis, lo sentí a través de una enfermedad que me llevó a acercarme a Dios", contó al explicar cómo comenzó su vínculo con la fe.
Al preguntarle qué había cambiado en su vida desde entonces, respondió con una frase que resumió su experiencia: "Ahora pongo mucho más en manos de Dios todo lo que pasa, confío en él".
Y agregó que esa decisión la hizo sentirse "mucho más liviana y mucho más confiada".
La mujer llegó acompañada por uno de sus tres hijos, Manu, y explicó que también busca transmitirles esa experiencia. Destacó, además, el acompañamiento que encontró en la comunidad educativa a la que asisten sus hijos, donde se sintió reconfortada y contenida.
Sobre el mensaje de León XIV, se quedó especialmente con las palabras vinculadas a la importancia de la familia y de la vida.
La fe, la familia y la esperanza, entre los motivos para escuchar a León XIV
La historia de esta mujer fue solo uno de los testimonios. En el estadio, familias, jóvenes y personas de distintas edades compartían la expectativa por escuchar al nuevo Pontífice.
Entre ellas había dos mujeres peruanas que llegaron para acompañar al Papa, con quien comparten nacionalidad. Una de ellas explicó que vive hace muchos años en Uruguay, pero que mantiene presente su vínculo con Perú.
Consultada sobre qué esperaba escuchar, respondió que siempre encuentra en sus palabras algo para reflexionar sobre la vida. También expresó un deseo personal: que León XIV pueda recuperarse de sus problemas de salud.
Otra vecina de Montevideo contó que había llegado con su familia y que ya había escuchado parte del mensaje del Pontífice, sobre el que destacó una frase: "El futuro se fragua en la familia".
Su intención personal fue sencilla: pidió paz para todos.
También hubo quienes se acercaron por la dimensión histórica del acontecimiento. Una pareja explicó que había decidido asistir por su fe y porque consideraba que la visita del Papa era un hecho histórico. Al hablar de sus deseos, mencionaron a la familia y la unidad.
Un estadio Centenario colmado para recibir al Papa
La recorrida de AIRE permitió mostrar el clima que se vivía dentro del estadio, con capacidad para 59.000 personas y completamente colmado para la vigilia de oración.
El escenario contaba con una pantalla de grandes dimensiones y un sistema de sonido preparado para el encuentro. En uno de los sectores había un espacio con asientos, mientras que el resto del campo recibía a los fieles que llegaban desde distintos puntos.
La alegría también se reflejaba en los cantos, los bailes y los saludos entre quienes compartían la espera. Entre los testimonios apareció el de Bautista, un niño que había llegado para conocer al Papa y escucharlo.
Las historias fueron distintas, pero coincidieron en una expectativa: encontrar en las palabras de León XIV un mensaje para la vida cotidiana, la familia y la convivencia.
Para la mujer que había recibido su primera comunión una semana antes, la vigilia representaba mucho más que un encuentro multitudinario. Era la posibilidad de celebrar junto a otros una fe que había comenzado a descubrir hacía pocos meses y que, según contó, ya le había cambiado la manera de mirar y afrontar la vida.








