Podríamos hablar de una larga y extensa carrera como futbolista, pero cada 2 de abril la historia cambia en todo sentido. Surgido en Los Andes donde también paso por Colón, Belgrano de Córdoba, Vélez, Santiago Wanderers de Chile, entre otros, jugó casi 20 años como profesional. Sin embargo, con tan sólo 18 años se hizo hombre. En el frío antártico, con hambre y pocas municiones caminaba kilómetros durante días para que no lo maten. Fue uno de los que sobrevivieron para contar la verdadera historia de la Guerra de Malvinas: Luis Escobedo, el excombatiente que eligió el fútbol para olvidarse de las bombas y los fusiles.
Con el paso del tiempo se dio cuenta que el fútbol fue como una terapia que le hizo olvidar muchas cosas o directamente olvidar. Haciendo un balance de lo que pasó en la post guerra hubo muchos suicidios y que actualmente algunos lo siguen padeciendo. Lo sufren. Pero algo de gran valor que le pasó a Luis Escobedo luego de estar en combate fue volver al fútbol aunque no quería saber nada: “Cuando volví de la guerra no quería jugar más pero al poco tiempo me surgieron esas ganas porque mi viejo me llevó a la cancha a ver un partido. De ahí no paré más”. De todos modos, no se explica si se sanó totalmente de las heridas pero con el fútbol, el vestuario y los amigos “la guerra fue quedando atrás”. La pelota lo ayudó a no estar solo. En junio de 1982 volvió de la guerra y ya en octubre comenzó nuevamente a jugar al fútbol.
Nació en Santiago del Estero pero se crio en Budge, Buenos Aires. De muy joven su padre le transmitió el amor por la pelota. Lo lleva a todos los partidos podía. Hasta que un día, tras una prueba, quedó en Los Andes y allí hizo todas las divisiones inferiores. Era un lateral derecho clásico. Aguerrido en la marca y con determinación para cuando le tocaba pasar al ataque. Cuando transitaba el final de su adolescencia fue arrebatada cuando tenía los 17 años. En ese momento, ya entrenaba el con el plantel de Primera División de Los Andes que contaba con jugadores de la talla de José Tiburcio Serrizuela. En 1981 lo llamaron para alistarse en la colimba y ese año lo terminó perdiendo. En marzo del 82, le dan la baja y volvió a entrenarse con el plantel. Sin embargo, a los 25 días de su regreso, después de un partido ante San Lorenzo, se puso a leer el diario y se enteró que su compañía estaba acuartelada. Luego de eso no volvió más a su casa: “llamé y me presenté. Al otro día estaba viajando al sur. No le pude decir a mi familia que me iba porque no tenía los medios para hacerlo. El jueves 15 de abril pisé las Islas Malvinas”.
El primer combate
Eran días monótonos, con distintos horarios de guardia. De un momento a otro se escucharon ruidos de aviones, bombas y el miedo comenzó a ser cada vez más grande. Lo que creían algunos soldados era que no se iba a llegar a ningún conflicto y que todo se iba a arreglar de manera diplomática, pero Guerra asechaba. “Se sabía que las tropas Británicas estaban cerca. El 1 de Mayo a las 5 de la mañana cuando estábamos más de 100 soldados durmiendo en una habitación de 5x5 todos encimados, empezó un antiaéreo con ametralladoras. El despertar fue un caos”. El terror y los gritos se adueñaron de ese lugar, los enemigos comenzaron a atacar el Aeropuerto. En medio de la oscuridad, con un ataque por sorpresa fue el bautismo de Guerra para Luis Escobedo.
Ahí es donde tomaron conciencia verdadera de dónde se encontraban: “Lo que más me dolió en ese momento es que había hundido al General Belgrano y murieron muchos soldados”. Eso les cambió la mentalidad ya que el odio y la bronca fueron los únicos sentimientos que les corría por las venas. “La mayoría de los pibes pasaron a ser hombres porque la bronca de saber que nos estaban atacando tuvimos que transformarnos porque no había opción, era sobrevivir.
Pasaba un avión y tiraba una bomba. No había otra opción. No podías hacer nada. Te tocaba o no. Así de cruel eran los días en las Islas Malvinas. Además, no había comunicación. Tampoco había tiempo, ni siquiera el de sentir miedo: "Esas sensaciones no las tenía allá. Tomé conciencia acá con el paso del tiempo, leyendo las cartas que escribía donde me despedía de mis familiares, ellos recibían mis cartas pero a mi no me llegaba ninguna de ellos".
La bronca con los militares de la época
La Argentina está dejando pasar que los veteranos de guerra cuenten la verdadera historia. Luis Escobedo, de manera explícita dice: "Nunca me sentí engañado. En el año 2012 volví a las Islas Malvinas y ahí fue donde tomé verdadera conciencia de lo que había pasado. Después de tantos años sentí bronca contra los militares de la época hicieron una guerra de escritorio. No estuvieron al lado de los soldados, estando en Buenos Aires manejando la guerra, jamás estuvieron al frente. Todo se hizo muy improvisado. Yo no puedo creer hasta el día de hoy que pudimos soportar tanto frío, tanto hambre. Pero en la guerra lo único que queríamos todos los soldados era defender lo nuestro".
La rendición
Su batallón se encontraba en la entrada de la ciudad. Las últimas tres noches lo único que se veían eran los fogonazos y cómo los ingleses estaban entrando a la ciudad. La noche del 13 de junio hubo un ataque en los montes donde estaban defendiendo. Sabían que el paso siguiente de los británicos eran ellos, la entrada de la ciudad: "Nos preparamos toda esa noche y a la mañana siguiente en las barricadas íbamos a enfrentarnos con los ingleses. Ya venían los otros soldados heridos, era todo un caos. Al mediodía cuando estábamos listos para el enfrentamiento llega la orden que cesaban las hostilidades y llegaba la rendición. Para muchos fue un alivio, pero la verdad es que sentimos bronca porque habíamos pasado tantas cosas que no nos importaba dejar la vida antes que tomar esa decisión".
Luis Escobedo prefiere no recordar lo peor que le tocó ver en la Guerra, pero lo que no puede sacarse de la cabeza son varias preguntas. ¿Por qué tuvieron que pasar tanta hambre, tanto frío? ¿Por qué fueron tan improvisados? ¿Por qué dejaron morir a tantos pibes? Con la voz pálida por el recuerdo, expresa: “Fuimos a la Guerra con muy poco armamento. A luchar livianamente contra una potencia mundial. Da bronca pensar si a los ingleses le costó tanto cómo hubiera sido si teníamos más aviones más barcos, más tecnología. Uno se pone a pensar un montón de cosas que podían haber sido pero que no fueron”.
Sin embargo, Escobedo no guarda ningún tipo de rencor. Estuvo cuatro días prisionero y el trato fue correcto dentro de lo que es una Guerra. Hay una anécdota cuando en 2019 fue por última vez a Malvinas y se encontró con dos excombatientes británicos: “hablamos de lo que nos pasó en ese momento y lo que fue después. Ellos sufrieron bastante post guerra y tuvieron muchos problemas anímicos. Es decir, el sufrimiento es mutuo, nos sentimos iguales”.
Con respecto a los chilenos, Luis Escobedo hace una separación entre los militares y el ciudadano: “Yo tuve la suerte de jugar en Chile y tengo muchos amigos allá. Cada vez que voy me lo hacen saber. Hace poco enviaron a un periodista de un canal chileno a saber qué era de la vida de Luis Escobedo y eso no lo hace cualquiera. Es un cariño recíproco a la gente chilena”.
Por último, deja una reflexión que nos invitar a pensar: "Los argentinos somos muy especiales y triunfalistas. Nosotros perdimos una Guerra y la culpa acá la tienen los políticos porque no rememoran ni toman de ejemplo lo que nos pasó. Los veteranos de Malvinas tuvimos que luchar y caminar mucho para crear nuestras leyes. Se hizo muy difícil la post guerra. Y acá a los únicos que tenemos que recordar es a esos chicos que dieron su vida para que hoy los argentinos tengamos esta democracia. Acá los verdaderos héroes que tenemos que recordar son esos 632 chicos que dejaron la vida en las Islas Malvinas”.
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