Redacción Aire Digital
Danilo Villaverde era santafesino y tenía 20 años el 18 de julio de 1994. Hacía un año y medio que vivía en Buenos Aires y tan solo dos días que trabajaba en las refacciones de la Asociación de Mutuales Israelitas Argentinas (AMIA). Ese día, a las 9:53, una bomba estalló en el edificio de calle Pasteur 633, en pleno barrio Once de la Ciudad de Buenos Aires, demoliendo el edificio y dañando seriamente los inmuebles cercanos. Dejó cientos de heridos y causó la muerte de Danilo y otras 84 personas más.
Hoy se cumplen 25 años de aquel atentado terrorista y Danilo es parte del doloroso recuerdo por el que todavía todos reclaman Justicia. En la ciudad una plazoleta ubicada en el acceso sur ( J. J. Paso y Zavalla) lleva su nombre.
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“Llevaba el pelo largo y, a veces, también un pañuelo atado en la cabeza. Igual que su ídolo, Axel, líder de los Guns and Roses. Fanático del grupo, grababa todos los recitales que daban en video y guardaba cantidades de fotos y posters de los músicos. Dibujaba muy bien y podía pasarse horas haciendo retratos de los Guns. No faltaban en su cuarto, además, los dibujos de mujeres con poca ropa o los almanaques de chicas desnudas que coleccionaba. Era prolijo y ordenado, y se enojaba cuando tocaban sus cosas sin permiso. Las prestaba, pero exigía que se las volvieran a dejar en su lugar”, así lo describe un fragmento del libro “Sus nombres y sus rostros” a partir del testimonio de sus hermanas Patricia y Sandra Villaverde.
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El joven era electricista y tapicero. No tenía trabajo y con 18 años decidió irse a Buenos Aires en busca de nuevos horizontes. Su última visita a su ciudad natal fue en junio de 1994. “Vivía todo con plenitud y aceleradamente. No sabía exactamente qué iba a hacer en el futuro”, aporta el citado texto.
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