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¿Cuál es el “límite” entre defensa legítima y justicia por mano propia?

El caso del médico que mató a una persona armada que intentaba robarle el automóvil y el carnicero que persiguió y atropelló a un asaltante, ha puesto nuevamente en discusión el concepto legal de legítima defensa y también la llamada “justicia por mano propia”.

Al respecto, en A Media Tarde conversamos con el Dr. Nicolás Ramírez, abogado magíster en Derecho Penal y docente en la Universidad Austral, para que nos explique sobre el tema.

La justicia por mano propia no está permitida en nuestro sistema penal. Cualquier caso de justicia por mano propia va a ser penado como cualquier otro delito que se cometa. Ahora bien, en algunos casos, el sistema penal justifica a ciertas personas que en defensa propia o de sus terceros cometen cierto tipo de conductas como matar o lesionar a otro”, sostuvo el letrado.

Ramírez detalló que “Para considerar un caso de legítima defensa nuestra legislación pide tres requisitos:

En primer lugar, que la agresión que la persona sufre sea ilegítima, producto de un hecho delictivo (me están robando, intentando matarme o intentando abusar sexualmente de mi hija).

En segundo lugar, la defensa debe ser proporcionada. Si alguien me quiere rayar el auto, el sistema penal me permite hacer uso de la legítima defensa pegándole una trompada para que no lo raye. No me permite agarrar una pistola y pegarle dos tiros en la cabeza.

El tercer requisito es que la agresión sea actual. Y eso es lo que hay que discutir en el caso del médico y del carnicero. Es decir, determinar si en el momento en que yo respondo a la agresión ilegítima, mis derechos todavía están en peligro. Si me están robando, me está apuntando con el arma, yo puedo defenderme y matarlo. Si el robo ya se terminó, y la persona está a 10 cuadras, yo subo al auto, lo persigo y lo mato, ahí la legítima defensa es muchísimo más discutible”.

Sobre los varios casos polémicos que se han sucedido últimamente, el abogado manifestó: “Creo que todos estos episodios se están dando a raíz de un claro déficit del Estado. No sólo del Estado como preventor sino también del Estado como juzgador. La gente está convencida de que no sólo le roban y le van a seguir robando, sino que después cuando lo agarren al delincuente, va a salir. Y esto es lo que está generando ese tipo e reacciones en la sociedad. Si el Estado estuviera realmente presente, este tipo de acciones no tendrían lugar”.

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