Trabajar todo el día. Afuera de casa, para conseguir dinero; adentro, para sostener la vida familiar, y también en espacios comunitarios. Esa es la realidad de miles de mujeres en todo el país: se estima que hay unas 70.000 cocineras en los 5.700 barrios populares que sostienen merenderos y comedores para garantizar la subsistencia de 10 millones de personas. Sólo en la provincia de Santa Fe funcionan casi 800 comedores comunitarios.
Para la organización La Poderosa, no se trata de números, sino de la realidad palpable que viven cada día en las 114 asambleas de todo el país. Por eso, anunciaron que el 8 de Marzo presentarán un proyecto de ley para que las cocineras comunitarias obtengan un salario y reconocimiento laboral.
“Expusimos esta situación a muchas personas de la política. En todos lados nos decían que sí, que estaba bien, pero no pasaba absolutamente nada, no se movía la aguja”, explica Claudia Albornoz, referente nacional de La Poderosa y militante de barrio Chalet. “Por eso decidimos sentarnos y escribir un proyecto, que es todo un trabajo más allá de todo el trabajo que tenemos en lo cotidiano”, siguió su relato.
Lo presentarán el 8M porque es el Día la Mujer Trabajadora. “Creíamos oportuno tener la agenda completa para que se entienda la triple jornada, que es algo que venimos trabajando mucho”, señala Albornoz.
¿Qué es la triple jornada? “La mujer y la disidencia que trabaja dentro de su casa, sosteniendo trabajo de cuidado, la que trabaja en el mercado, muchas veces en el mercado informal, porque desde los barrios empobrecidos podemos trabajar en negocios informales, dentro de la economía popular, sosteniendo a través de changas o limpiando la casa de otras personas y la triple jornada que se completa con el trabajo comunitario que es muchísimo”, describe.
Al contrario de lo que muchas veces se cree, la organización popular de los sectores empobrecidos sostiene la subsistencia de los millones que no cuentan con ingresos suficientes para cubrir la canasta básica. “Nosotros en los barrios nos organizamos, no solamente La Poderosa. Todos los movimientos sociales se organizan con comedores comunitarios, con el apoyo escolar. Nosotras particularmente tenemos un dispositivo que se llama Casa de las Mujeres y las Disidencias, que son casitas creadas a lo largo y el ancho de todo el país para acompañar la denuncia por violencia machista. También tenemos cooperativas, que vamos generando para que esas mujeres que están en situación de violencia, puedan lograr una independencia económica”, rescata el trabajo diario en cada barriada.
Las tareas se multiplican, mientras los ingresos siguen siendo exiguos. “Hay mucho trabajo comunitario, limpiamos las calles con cuadrillas urbanas. Nos preocupamos por el tema de la basura. Hacemos mucho trabajo y muchas veces somos señaladas como planeras, como las que no queremos trabajar, con esos discursos de odio que se vienen generando hace mucho tiempo para discriminarnos, para instalar que no queremos trabajar. En realidad, eso no existe en los barrios populares. Se trabaja, y mucho, porque hay que sostener la vida, que no es fácil cuando no hay ingreso”, instala Albornoz. Esto quedó expuesto en la presentación del informe sobre “La pobreza en niñas, niños y adolescentes en la Argentina reciente”, realizado en conjunto entre Unicef y La Poderosa y presentado la semana pasada.
Allí se lee que “el trabajo comunitario provisto por las organizaciones sociales es una fuente imprescindible y sostén del bienestar a través de los comedores y merenderos, el apoyo escolar, los espacios de educación y cuidado infantil, de cuidado de la salud, de la violencia hacia las mujeres, género y diversidades, etc”. Lo que señala el informe, que tomó entre otros barrios populares a Chalet, es que “al igual que las responsabilidades familiares, los trabajos comunitarios muchas veces funcionan como fuente y recurso de bienestar por ausencia o debilidad del Estado y no son reconocidos ni remunerados. También son un espacio sostenido principalmente por mujeres”.
El reconocimiento a las cocineras es la prioridad para La Poderosa. Hay un número para empezar: el Registro Nacional de Comedores Comunitarios (Renacom) tiene más de 5000 comedores y merenderos inscriptos en todo el país, y permite ingresar hasta cinco integrantes por cada uno. “Cuando vos estás cocinando para 200, 300, 400 hasta 1,000 personas, eso lleva entre 5 y 6 horas diarias y no se puede salir a trabajar ni a hacer changas. Ese trabajo tiene que ser reconocido por los Estados, en función de que estamos dando de comer a 10 millones de personas”, señala Albornoz, quien recuerda que no se trata de un fenómeno nuevo: los comedores comunitarios funcionan hace 30 años.
La inscripción de un comedor comunitario implica que el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación envíe alimentos secos, aunque en este momento esa entrega no es mensual. “O sea que también tenés que hacer magia para cocinar, o gestionar mucho más. Te envía fideos, arroz, algo de leche, algo de legumbres. Con eso vos armas la dieta que necesitas para el día a día. Nosotros, en Chalet, cocinamos sábado y domingo porque son los días más críticos y cuando otros comedores no cocinan. Entonces, nos complementamos y de esta manera cubrimos la necesidad de la familia”, sigue el relato de la referente de La Poderosa.
Otro aspecto que Albornoz recuerda es que “esas familias que acuden a comedores están en situación realmente muy compleja, porque no es fácil, provoca dolor entender que no podés llegar ni siquiera a un ingreso que te permita comer. No es fácil ir al comedor inscribirte”.
Si bien existe el programa Potenciar Trabajo, que consiste en la mitad del salario mínimo, vital y móvil, el objetivo de esa política pública es otro. “Nosotros tenemos relevado que, de las 1700 trabajadoras de nuestros comedores, el 30 por ciento no recibe ningún Potenciar. Pero además, el Potenciar Trabajo es para otra cosa, no es un reconocimiento de las trabajadoras. Este trabajo que tiene que ser reconocido y que tendría que haber sido reconocido hace muchos años en Argentina”, plantea Albornoz.
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