Organizaciones socioambientales de la región pidieron a los gobiernos “acción urgente” para detener las quemas descontroladas que desde hace más de medio año destruyen decenas de miles de hectáreas de las islas del Delta del río Paraná. “A más de 6 meses de los primeros focos de incendio aún no se han utilizado todos los recursos necesarios y no se ha implementado un plan de salvataje de fauna y flora autóctona”, advirtieron.
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En orden de prioridades, las organizaciones piden primero “apagar el fuego” utilizando todos los recursos posibles como personal militar, bomberos e incluso voluntarios “previa capacitación express”. También el diseño de un plan de contingencia de salvataje de la flora y fauna autóctonas a través de personal capacitado para “la detección, socorro, atención y posterior reinserción de las especies nativas afectadas por las quemas”.
El pedido incluye generar una instancia de coordinación con las universidades nacionales y los centros de investigación de la región para elaborar un “relevamiento exhaustivo de la afectación del fuego sobre la flora, la fauna y el suelo de estos humedales” y prohibir por tres años cualquier actividad productiva que no sea desarrollada por pobladores isleños para su supervivencia.
Al rescate de la fauna local
Uno de los puntos que preocupa a las organizaciones es la supervivencia de la fauna nativa, amenazada de manera directa por el fuego y víctima además de la destrucción de su hábitat.
Pablo Cantador, del grupo El Paraná No Se Toca, explicó que los efectos de las quemas (que ya afectaron al menos unos mil kilómetros cuadrados según datos de Greenpeace, una superficie equivalente a cinco veces la ciudad de Rosario) “son devastadores” para la fauna de las islas.
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Las poblaciones de reptiles, que en invierno se guarecen e hibernan en cuevas y troncos de árboles, quedaron diezmadas, al igual que comadrejas, hurones y tortugas. Respecto a las aves que habitan las islas del Delta (el Paraná es un importante corredor biológico de aves migratorias) Cantador explicó que si bien muchas especies pudieron escapar “sus nidos y pichones resultaron calcinados”, así como su hábitat natural quedó destruido.
Un respiro para el territorio
A modo preventivo, las organizaciones ambientalistas sostienen que de forma urgente deben prohibirse por al menos tres años las actividades antrópicas (desarrolladas por el ser humano) en el Delta medio del río Paraná, para permitir que el territorio respire y desencadene su propio proceso de resiliencia y recuperación.
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Para eso recurren a la ley nacional de manejo del fuego, que en su artículo 22 bis establece que en caso de incendios de superficies de bosques nativos “no podrán realizarse modificaciones en el uso y destino que dichas superficies poseían con anterioridad al incendio”.
En este punto, aclararon que si bien estos humedales no están incluidos dentro de la categorización de la ley de bosques nativos “este artículo es análogamente aplicable en esta región a los fines de evitar especulaciones espúreas que modifiquen el uso y destino de los suelos de los humedales”.
La prohibición de la realización de actividades productivas no incluye a aquellas que tengan que ver con los modos de supervivencia de los pobladores locales.
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