Ya no se siente el fresco y dulce olor de pétalos y tallos. Quedan solo plantas, floreros vacíos y unas pocas flores surtidas en el depósito. Un lugar marchito, que todavía recuerda su momento de esplendor.
Cerró un ícono de la ciudad. Desde el primer día de este frío mes de julio, Florería Gladys ya no tiene ramos preparados en la cámara de frío exhibidora del salón. Por más de 53 años la tradicional florería dio vida y color a cumpleaños, aniversarios y hasta funerales. La esquina de 25 de Mayo y Suipacha ya no será la misma.
Floreros con agua y un arreglo de plástico, lo que quedó en la cámara de frío exhibidora del salón.
El cartel que anunció el final de la tradicional florería.
Omar Soria, su mujer Gladys Malisani y Ana Emilia Cavallero fueron quienes emprendieron el negocio un 23 de diciembre de 1965 en un pequeño local de barrio Candioti. Nueve años más tarde se mudaron al salón donde el imponente cartel será difícil de reemplazar.
Fachada del local ubicado en la esquina de 25 de Mayo y Suipacha.
“La lucha ya terminó, es momento de disfrutar”, dijo Ana Emilia con los ojos húmedos y la voz entrecortada. La situación económica del país y la inseguridad aceleró un final anunciado. Ella, con un poco más de 70 años y Gladys, con 84, continuaron con la florería “hasta donde les dio el cuerpo” y no tuvieron la suerte de que las nuevas generaciones de la familia continúen con la herencia.
Hoy queda el recuerdo de aquellos años en los que las flores eran furor. En la Florería Gladys se pedían cada dos días más de 4.000 flores que se transformaban en decenas de ramos y unas 10 coronas diarias en promedio. “A veces dormíamos dos o tres horas por día porque el trabajo lo requería”, recuerda la dueña que arrancó con tan solo 18 años en el negocio, cuando “había que ir a cortar al campo el verde” para los ramos porque no se vendía.
Ana Emilia Cavallero inició el negocio cuando tenía 18 años. Hoy con tristeza y satisfacción decidió cerrar las puertas de la tradicional florería.
Los años pasaron. El negocio de la florería cambió junto a las costumbres y las flores ya no eran las más buscadas por los santafesinos. “Hace 15 años que ya no era lo mismo. Las coronas se pedían cada tanto, hoy es algo más institucional. Los ramos y obsequios los seguíamos vendiendo , pero en los últimos dos años empeoró”, explicó Ana Emilia.
Ya no quedan flores en la cámara de frío, una habitación más del local.
“Cumplimos una misión en la vida. Fue sacrificio, pero nos dio mucho placer y un buen pasar”, resumió la septuagenaria para quien las flores son su “vida”.
Agradecimiento y satisfacción por lo construído, acompañan la nostalgia de Florería Gladys y de todos los santafesinos.










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