La Cordillera de los Andes siempre guarda secretos para quienes se animan a descubrirla en una escapada. A solo 70 kilómetros de la Ciudad de Mendoza, Vallecitos se alza como el santuario favorito de los andinistas, aunque también esconde un tesoro poco conocido para el público general. A orillas del Río Blanco, la naturaleza impone su propio ritmo, lejos del ruido de los paradores y del turismo masivo.
Este destino propone una desconexión real. Aquí no vas a encontrar señal de Wi-Fi ni complejos gastronómicos de lujo; la experiencia se centra en instalarse junto a la corriente de agua, compartir una comida al aire libre y dejar que el entorno cordillerano renueve las energías.
Qué hacer en una escapada al Río Blanco en Mendoza: senderos, relax y naturaleza pura
Decidir vacacionar en este rincón oculto de Mendoza es tener en cuenta que aquí no hay lujos, sino que se encuentra una experiencia completa de montaña.
Aquí no se encuentran paradores ni servicios comerciales, el entorno obliga a ser el protagonista de la aventura.
- Relax a orillas del río: en epoca de temperaturas altas, las orillas funcionan como soláriums naturales donde los viajeros instalan sus reposeras para disfrutar del sol de altura y el murmullo constante de la corriente.
- Senderismo de baja exigencia: el terreno permite realizar caminatas suaves bordeando el cauce, una opción ideal para quienes buscan estirar las piernas sin la preparación técnica que requieren las grandes cumbres del Cordón del Plata.
- Safaris fotográficos: los picos nevados ofrecen un contraste perfecto con las rocas rojizas y la vegetación achaparrada, creando postales inmejorables para los amantes de la fotografía de paisaje.
- Picnic de alta montaña: el plan estrella consiste en compartir una comida junto al río. La transparencia del agua invita a refrescarse y contemplar el flujo que baja directamente de las nieves eternas.
Cómo llegar al Río Blanco: la ruta hacia el corazón de Vallecitos
Para acceder a este paraíso de montaña desde la Ciudad de Mendoza, tenés que tomar la Ruta Nacional 7 con dirección hacia Chile y, a la altura de Potrerillos, desviarte por la Ruta Provincial 89. Desde allí, el trayecto continúa por el Camino Francisco Guiñazú, una traza de ripio que serpentea montaña arriba y te sumerge de lleno en el paisaje del Cordón del Plata.
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El viaje demanda poco más de una hora de conducción atenta, ya que el terreno pedregoso y las curvas cerradas exigen un vehículo en buenas condiciones y, preferentemente, un conductor con experiencia en caminos de alta montaña.
- Estado de la traza: el ripio suele estar transitable para vehículos particulares, aunque el clima cordillerano puede alterar el suelo rápidamente.
- Precaución invernal: durante los meses de frío, el hielo y la nieve transforman el camino; siempre consultá el parte meteorológico antes de subir.
- Sin transporte público: la falta de servicios de línea hasta este punto específico refuerza su carácter exclusivo, obligando a los visitantes a moverse en autos propios o alquilados.
- Ubicación estratégica: al encontrarse en Luján de Cuyo, podés combinar la visita con una parada previa en la Villa de Potrerillos para abastecerte de provisiones.
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