A pocas horas de la Ciudad de Buenos Aires, una construcción inesperada capta la atención de quienes recorren el norte bonaerense. Torres, ventanales ojivales y una silueta que remite a un castillo europeo convierten al Castillo de Obligado en una de las joyas arquitectónicas más singulares del país, comparada muchas veces con Hogwarts, el colegio de la saga de Harry Potter.
Sin necesidad de atravesar mundos mágicos, el viaje propone una escapada distinta: historia, literatura y arquitectura gótica en pleno paisaje rural argentino.
Cómo es el “castillo de Harry Potter” argentino, una obra nacida del amor y la literatura
El Castillo de Rafael Obligado fue construido en 1895 por encargo del poeta Rafael Obligado, una de las figuras destacadas de la Generación del 80 y autor del célebre poema Santos Vega. El proyecto surgió como un regalo para su esposa, Isabel Gómez Langenheim, gran admiradora del escritor escocés Walter Scott.
Su arquitectura gótica lo convirtió en uno de los edificios más singulares de Buenos Aires.
El arquitecto Adolfo Buttner recibió una consigna clara: diseñar un edificio que pareciera salido de una novela romántica. El resultado fue una construcción gótica que rompió con todos los cánones arquitectónicos de la llanura bonaerense.
La mansión se destaca por su nivel de detalle y por la calidad de los materiales, muchos de ellos traídos desde Europa por el propio Obligado.
Entre sus principales características se encuentran:
Tres pisos de altura.
Ventanales de estilo gótico.
24 habitaciones y 6 baños.
Materiales importados desde Europa.
Su silueta recortada sobre el paisaje y su estética medieval explican por qué muchos lo comparan con un castillo de fantasía.
Historia, literatura y misterio rodean a esta mansión del siglo XIX.
Dónde queda el Castillo de Obligado y cómo es el entorno
El castillo se ubica a unos 20 kilómetros de Villa Ramallo, sobre la Ruta Nacional 9, y a poco más de dos horas en auto desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La edificación se levanta sobre una barranca con vista al río Paraná, lo que refuerza su presencia imponente y su aire enigmático.
Aunque no abre al público de manera regular, el castillo se puede observar desde la ruta y desde caminos rurales cercanos, lo que lo convirtió en un punto de referencia obligado para curiosos y amantes de la arquitectura.