El mismo gobierno aprobó hace pocos meses otro cultivo genéticamente modificado que sería de consumo humano directo: la papa Ticar resistente a virus, desarrollada por Tecnoplant. En medio de este embrollo, también han aparecido síntomas de resistencia hacia esa tecnología.
“Hay un dilema ético en torno a la papa transgénica, y por eso el debate se debe dar entre todos los eslabones de la cadena. Sabemos que hay más población en el mundo y que debemos recurrir a la tecnología para generar más comida. Pero estamos muy preocupados, porque si bien estos eventos siguen una linea de investigación, nos puede alterar el negocio de la producción de papa semilla y el negocio de exportación a países vecinos”. Así, con todas las letras, se manifestó en los micrófonos de Bichos de Campo, el tesorero de la Federación Nacional de Productores de Papa (FENAPP), Mario Raiteri. Luego agregó: “La mayoría de las industrias no quieren comercializar una papa con modificación genética, lo que nos traería un perjuicio económico”.
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No se trata de una resistencia aislada. A fines de enero, en Mar del Plata, los miembros de la Mesa Provincial de la Papa debatieron este asunto y coincidieron en manifestar sus temores. El presidente de esa Mesa bonaerense, que reúne a funcionarios, técnicos y productores, es Gastón Viani, quien explicó: “Apoyamos los avances biotecnologicos que brinden mejoras a la cadena de producción. La preocupación en particular está enfocada en el área comercial y la dificultad de poder segregar en el mercado productos transgénicos de los que no lo son”.


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