Lali Espósito lo hizo de nuevo: desde hace un par de semanas, todo el mundo está hablando del satisfyer, el succionador de clítoris que la diva pop lleva siempre en su cartera. Así lo confesó en una entrevista con la revista Vogue, y desde ese momento, los sex shops multiplicaron las consultas y las ventas. Siempre es bienvenida la ocasión para hablar de placer y autoconocimiento. “Con todo respeto, yo creo que fue una publinota, no me creo que alguien con su exposición muestre ese juguete simplemente por mostrarlo. De todas maneras, me parece una maravillosa publicidad, porque Lali es genial y es una referente para mucha gente joven. Entonces, me parece espectacular”, dice Paola Kullock, que lleva adelante PK Escuela de Sexo desde hace 17 años y ahora está radicada en Merlo, en San Luis.
Lo que no le cierra a Paola es que la publicidad apunte solo al succionador de clítoris, al que Lali llamó por su marca comercial. “Eso hace que todos creamos que ese juguete en particular es una maravilla y que es el único. Y la realidad es que estamos hablando de un juguete de una marca cara, que sí, es muy divertido, pero hay una amplia variedad de juguetes. Yo soy partidaria de la masturbación, de los juguetes tanto para nosotras como para nuestra pareja, para usarlos a solas, en compañía, que la otra persona los use delante nuestro. Pero no todo es para todas las personas”, dice Kullock
El succionador fue ideado por un inventor alemán, Michael Lenke, que lo puso en circulación en 2014. La marca que lo popularizó fue el satisfyer y en la actualidad, en las páginas de compras online se los puede conseguir a 15 mil pesos y en un sex shop, a 25 mil.
En el video tan mentado, en el que muestra el aparatito, Lali dijo: “Pieza fundamental en la salud sexual de cualquier mujer, y sobre todo cuando viajas muchísimo, es un satisfyer. Como dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, este es el mejor amigo de la mujer. Charlas enteras de horas con mis amigas respecto a lo que sentimos por él, es una historia de amor que una tiene con su intimidad”.
Para Kullock, esta cotidianidad es parte de un cambio cultural. “Hay una camada que sigue a Lali que está empezando a usar juguetes de una manera más natural de lo que los usábamos nosotras. Cuando yo fui joven, lo que había en el mercado eran lugares chiquitos, oscuros, con formas particulares, de cuerpo masculino, y poca variedad”, cuenta sobre la evolución de los juguetes sexuales, que hoy dejaron de ser tabú. “Con los años, las cosas fueron cambiando, venimos trabajando hace muchos años para que esto vaya cambiando”.
Algo más que consumo
La aparición del Tuppersex, a principios de este siglo, hizo que comprar juguetes sexuales se pusiera de moda. Pero se trata de algo más que consumo. “No solamente es comprarlo, es como el minigimnasio o la multijuguera, es muy lindo comprarlos, pero después tenés que usarlos, porque si no, francamente, no tiene utilidad y tiraste la plata”, dice la autora del libro Sexo, ¡ponele ganas!.
La clave es que el mercado debe renovarse. “Primero estaban los juguetes con formas masculinas, después apareció el rabbit y revolucionó la vida, porque tenía doble estimulación, subía, bajaba, tenía lucecitas y pelotitas adentro que giraban. Era como una octava maravilla, aunque estimulaba un lugar donde no tenemos sensibilidad. Pero no importa, porque era bonito, tenía cara de conejito y los conejitos son tiernos. Entonces todas teníamos que tener eso”, cuenta Kullock su propia historia de los juguetes.
“Después apareció el patito, vos tenías que tocarte con un patito que era muy incómodo, pero había que tenerlo porque te pregonaban que podías tenerlo en tu bañera sin que nadie se entere. Después aparecieron las lengüitas que giraban al revés, pero no fueron tan masivas como los otros. Y después vinieron los juguetes a distancia”, sigue la enumeración.
A sus consultantes, ella las confrontaba. “Vivís con tu marido ¿viajas alguna vez? ¿Se separan alguna vez? ¿Tienen esos juegos morbosos de que vos lo uses cuando vas a cenar con él y te lo use? No, la verdad que no hacemos esas cosas. ¿Y para qué quieres esto? Porque lo vi en una película”, remeda una conversación que tuvo. Después, llegaron los del mando a distancia, que se controlan por el celular. Lo más común es que las compras tuvieran, a lo sumo, un uso.
La novedad, que ya tiene unos años, fueron los succionadores, que prometen -y según distintos testimonios, cumplen- un orgasmo rápido. “Lo que hacen es darte otra sensación, completamente. Te lo vendían como orgasmos en 10 segundos. Era maravilloso, pero empezaron a aparecer succionadores con vibración, con cositas que giran tipo lengua. Mi pregunta es por qué si el primero era excelente, lo renuevan, le cambian la velocidad y lo siguen relanzando. Es marketing, una cuestión de mercado”, plantea la especialista en juegos eróticos que subraya la importancia de encontrar el juguete adecuado a cada persona.
“La ventaja es que se supone que es un orgasmo rápido. Si soy madre de tres pibes, que están en la otra habitación gritando y yo quiero relajarme para ir a tranquilizarlos a ellos, un orgasmo en dos minutos va como tiro”, describe una situación hipotética. Pero también se pregunta “¿Querés un orgasmo en dos minutos? Eso depende de lo que necesites y quieras”. Su consigna es que “no todo es para todos” y que cada quien, sola o en pareja, tiene que encontrar lo que quiere y disfruta.
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