Alejandra Silvestre es segura, clara, contundente cuando expresa lo que piensa. Tiene 31 años cargados de lucha y, orgullosa, recuerda cada paso como un aprendizaje, para ella y para quienes la rodean. “No deja de sorprenderme que seamos tan pocas las que podemos tener otra vida fuera de la prostitución”, dice. Se refiere a las mujeres de la comunidad trans.
Nació, creció y vive en Gualeguay, una ciudad de apenas 43.000 habitantes en Entre Ríos. “En nuestra provincia, el 95% de las mujeres trans ejerce la prostitución como único modo de vida”, explicó en diálogo con Aire Digital.
Cuando terminó la secundaria en el año 2008, estudió la tecnicatura en diseño indumentaria. “De esta manera, yo trabajaba en casa en algo que estaba ‘permitido’ para nosotras”, contó. Pero después de tener una profesión que le permitía tener sus propios ingresos, en 2012 decidió -esta vez más convencida- estudiar el profesorado en Ciencias Políticas.
Leer más ► Ser trans en Santa Fe: la historia de una larga lucha contra la discriminación y por los derechos
“La primera vez que me paré frente a una clase durante mis prácticas profesionales, me di cuenta que eso era lo mío, lo que quería hacer toda mi vida”, expresó. Su madre -también docente, y jubilada- y sus tres hermanos siempre la apoyaron en su lucha. “Nací y ya me sentía mujer, después con la interacción social me fui dando cuenta de que no era lo que todos consideraban una mujer”, afirmó.
Después de 2012, cuando la ley entró en vigencia, cambiaron muchas cuestiones, pero hubo y hay otras que necesitan de un cambio social que las acompañe porque “con la norma no basta”.
Desde 2017, Alejandra se desempeña como docente en una escuela técnica. “Jamás recibí ningún insulto ni alguna falta de respeto por parte de mis alumnos, ellos entienden que soy una mujer trans, que esa es mi identidad”, señaló. La mayor resistencia siempre la recibió de parte de los adultos, muchos mentores y futuros colegas de ella durante su período de educación secundaria y terciaria.
“En la secundaria me tocó ser abanderada por mi promedio. Cuando me comunicaron la decisión una docente me dijo: ‘así vestido vos no podés ir’”, relató Alejandra. “Fue una de las únicas oportunidades en las que sufrí una humillación tan directa por parte de una docente”, apuntó Sin embargo, mucho antes de que existiera una ley de identidad género que pregonara sus derechos, Alejandra sabía que nunca debía permitir que oculten su identidad. “¡Hice un quilombo!, discutí hasta que me dejaron presentarme como soy, porque no hay otra Alejandra”, aseguró.
Leer más ► El día que las trans ocuparon importantes cargos de poder en Argentina
En el instituto católico de Gualeguaychú, donde estudió el profesorado, también fue elegida como abanderada. Esta vez, nadie se opuso. Las autoridades destacaron el desempeño de Alejandra, reconocieron su esfuerzo y la alentaron. “Quedó demostrada la gran apertura de las personas que estaban al frente de esa institución”, destacó Alejandra.
La fuerza de Alejandra y la calma con la que cuenta su historia no debe confundirse con liviandad, para ella el camino fue duro. “Al principio de la carrera, cada vez que yo iba a rendir un examen final o tenía que pasar alguna etapa en la que debía demostrar mis capacidades, notaba que conmigo eran más exigentes”, comentó. “Me tocó estar en mesas de exámenes en las que, además del jurado de tres personas, había gente como espectadores esperando a que me equivoque”, narró, y enseguida aclaró: “obvio que en algunas oportunidades rendí mal, como todos, pero de a poco me fueron conociendo y entendieron que yo podía estudiar y ser docente, como cualquier otra persona”, afirmó. Sin embargo, Alejandra se lamenta que en instituciones educativas sigan existiendo personas con este tipo de prejuicios.
Posibilidades
“Yo terminé el secundario y tuve la posibilidad de estudiar”, reflexionó Alejandra y expuso que como ella no hay tantas mujeres trans que puedan salir adelante en una profesión como la docencia. “Yo pasé gran parte de mi proceso de formación como profesional ya con la Ley de Identidad de Género vigente, pero antes era casi imposible que una mujer trans llegara a ser docente, porque la exclusión era muy grande”, contó.
Alejandra asegura que después de 2012, cuando la ley entró en vigencia, cambiaron muchas cuestiones, pero hubo y hay otras que necesitan de un cambio social que las acompañe porque “con la norma no basta”. “El cambio en la sociedad no vino aparejado con la ley de identidad de género, hasta el día de hoy seguimos dando lucha”, afirmó y recordó una de las últimas y recientes conquistas del colectivo: el cupo laboral trans. “A pesar que existe una ley que dice que hay un espacio destinado para nuestra comunidad, no ves chicas trans atendiendo negocios o cajeros”, ejemplificó.
“La educación como práctica de libertad”
“Cuando terminé la secundaria tuve la posibilidad de estudiar, porque mi mamá me la dio”, sostuvo Alejandra, “pero hay muchas mujeres que tienen que luchar contra el hostigamiento hasta de su propia familia”, explicó y remarcó que también hay otras que no tienen techo, ni comida: “tienen que liberarse de otras cosas”.
Alejandra pudo formarse porque no tenía que preocuparse por sobrevivir. A las mujeres más chicas de su comunidad les aconseja que estudien. “Hay muchas mujeres que no llegan a vivir en bienestar, y por eso el suicidio está muy presente en nuestra comunidad”, señaló. “Yo abrazo el estudio porque, como dice Paulo Freire, es la liberación de nosotras”, aseguró.
Temas
Te puede interesar









Dejá tu comentario