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Sociedad

Tatengas y sabaleras, hinchas por un clásico libre de violencias

Rivales, no enemigas. Las hinchas de las agrupaciones Sabaleras Feministas y Unión Feminista proponen colectivamente nuevas maneras de vivir la clásica rivalidad en Santa Fe.

Por Julieta Morales

“Las pibas me enseñaron a quererte, a alentarte siempre hasta la muerte”. La revolución del fútbol femenino llegó a las tribunas, poniendo en jaque las estructuras de los clubes. Las hinchas proponen repensar la construcción de las identidades dentro de las canchas. Sabaleras Feministas y Unión Feminista plantean otras formas posibles de transitar la clásica rivalidad en la ciudad. Ambas agrupaciones entienden que los clubes no pueden quedarse fuera de los cambios que se están gestando en la sociedad y que es hora de tomar el toro por las astas.

Florencia Gómez (Unión Feminista) y Marisol Benítez (Sabaleras Feministas)

Las mujeres que transitan Colón y Unión dejaron de ser meras espectadoras de los partidos para pasar a proponer acciones desde la perspectiva de género, para que ambas instituciones crezcan en condiciones de igualdad. En un año donde la lucha de Macarena Sánchez lideró la profesionalización del fútbol, el feminismo se encontró con este deporte e implosionó las formas de habitar las gradas.

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Sabaleras Feministas y Unión Feminista son mujeres auto-convocadas, socias activas e hinchas de cada institución. Las mueve el deseo: sueñan con clubes inclusivos desde el amor a los colores que las representan. Mientras tanto, a los pibes les explota la cabeza cuando las ven juntas.

Militar la camiseta: Unión y Colón feminista

La cita es a las 10 de la mañana en el parque del sur de la ciudad. Laura Paolantonio y Florencia Gómez son tatengas, Marisol Benítez y Florencia Pizarro sabaleras. Se saludan como si nada y enseguida se tiran al pasto para compartir unos mates. De hecho, Laura y Marisol se conocían de antes.

“En el caso de Unión feminista teníamos un grupo de WhatsApp y después decidimos comenzar a juntarnos para ver qué hacía falta en el club. No nos sentíamos del todo integradas en la institución, teniendo en cuenta que Unión es un club social y a sabiendas de que el feminismo lo atraviesa todo”, explica la hincha tatenga Laura Paolantonio mientras su hijo pequeño le pide ir al baño. Militan las maternidades deseadas.

Unión Feminista (Foto: Facebook).

En Unión feminista son alrededor de 24 pibas que cotidianamente están en el espacio, llevando reuniones semanales y articulaciones con otros grupos. “Queríamos ver cómo participan las mujeres y las disidencias en el club, en especial quienes están en las distintas disciplinas y no solo en el fútbol”, agrega su compañera Florencia Gómez.

A pesar de que la organización se divide en áreas como eventos, finanzas y redes sociales, intentan que todas estén en todo. “Lo que hacemos es ir tejiendo redes y entendemos que pueda generar resistencias dentro de algunos espacios”, comenta Gómez.

El caso de Sabaleras Feministas no fue muy diferente. “Necesitábamos de un lugar para hablar de feminismo y de Colón a la vez. La primera reunión fue en marzo y desde ahí no paramos. Entendemos que la cuestión de género atraviesa todos los espacios y Colón también es un club social que no debería estar ajeno a todo lo que pasa”, explica Florencia Pizarro.

Sabaleras Feministas (Foto: Facebook).

Pizarro cuenta que “entre compañeras tratamos de ir a ver los partidos, comentar cuándo juega, compartir fechas y formaciones. Necesitamos que se vaya naturalizando que nosotras existimos y que las pibas también juegan y son parte del club”.

Hoy en día son alrededor de 20 activas: “también entendemos que no se acercan más por la falta de tiempo y porque es todo a pulmón. Tenemos una vida, trabajo, hijos o hijas y queremos aumentar la participación política social del club frente a la violencia y expresiones homofóbicas y violentas”, comenta Marisol Benítez.

De amenazas y cánticos machirulos

Llegaron en grupo y coparon los clubes sin pedir permiso, decisión que les costó insultos y amenazas -específicamente en las redes sociales de cada organización. “Fue chocante para la gente porque caímos así muy de golpe, en su lugar y obviamente no se sintieron cómodos”, recuerda Florencia Pizarro.

Yo dejé de ir dos años a la cancha por toda esta cuestión de violencias. Tengo un hijo chiquito y en casa le bajo mucho la línea sobre los insultos. Él escuchaba esas cosas en la cancha y me preguntaba por qué se trataban así. Siento que tengo la responsabilidad de criar un hijo libre de esas violencias. Ahora que me siento apoyada por las compañeras volvimos a las canchas: yo sé que esto va a cambiar en algún momento y espero que mi hijo pueda habitar ese cambio”, relata Laura Paolantonio.

Hace un tiempo, Sabaleras Feministas decidieron lanzar encuestas en sus redes sociales para saber si otras compañeras sufrían o habían sufrido algún tipo de violencia o discriminación. “Con esas encuestas había varones que nos decían ‘si les molesta para qué van a la cancha’. Y no es así. ¿Por qué no voy a poder venir? ”, explica Marisol Benítez. “¿Por qué me tengo que ir yo por tus comportamientos, si vengo a la cancha desde hace diez años?”, remata su compañera Florencia Pizarro.

Lo que pretenden con estas acciones es que ninguna compañera deje de ir a la cancha. “No queremos ceder los espacios a los varones como siempre lo hicimos. Alejarse del único gusto que una se puede dar en este momento no está bueno. Es un trabajo de hormiga, en conjunto con los compañeros varones: contarles por qué nos sentimos así y que sea un trabajo colectivo”, piensa Pizarro.

Otro de sus ejes de trabajo son las canciones con contenido homofóbico o misógino, tan internalizadas en el costumbrismo argentino. “Nunca sabes cuándo a la otra persona que tenés al lado le está haciendo mal eso que estás cantando”, explica la tatenga Florencia Gómez. Ambas agrupaciones iniciaron campañas puntuales para visibilizar dentro de los clubes este tipo de cánticos.

 

Varias veces recibieron respuestas como “son unas ridículas”, “exageradas”, “tengo un amigo gay de Unión y a él no le molesta”, “el fútbol se vive así en este país”. Posiblemente mensajes parecidos a los que tendrá esta nota.

“Nos está costando ver qué cantamos”, dice la sabalera Marisol Benítez. Para la tatenga Laura Paolantonio, “el primer clásico fue un poco vergonzoso porque había varones de Unión que cantaban de todo. Nosotras queríamos que nos escuchen y que nos sigan lo que cantábamos. Por ahí se escucharon malas palabras y nos hacen quedar mal a nosotras. Tratamos siempre de tener respeto con las compañeras, incluso con las que están jugando porque debe ser incómodo escuchar todo eso”.

Entre mate y mate, Laura Paolantonio le pide disculpas a sus rivales por los cánticos misóginos de aquél evento.

“Cuando empezamos a juntarnos colectivizamos esas incomodidades individuales que teníamos. Si bien nosotras focalizamos en cuestiones que tienen que ver con las disciplinas o espacios femeninos, en realidad es un aporte general al club. Estamos construyendo otras formas de pensarnos como hinchas o socios y socias. Es un aporte general a la democratización e inclusión”, agregó

Años atrás habría resultado impensado que hinchas de los rivales clásicos de Santa Fe construyan en conjunto. Para Laura Paolantonio, es una deconstrucción cotidiana: “me crié en una casa super anti sabalera. Pero no quiere decir que no me pueda sentar a hablar con cualquier compañera. De hecho, la mayoría de gente con la que habito todos los días son de Colón. El feminismo atraviesa todo y el patriarcado no está preguntando si sos de Colón o Unión para matarnos. Nos une la lucha y no hay vuelta que darle”.

Reconocen que a muchas mujeres aún les cuesta ver este nexo de sororidad, pero alegan que “el patriarcado te hace enemiga de tus propias compañeras por ser de otro equipo” -en palabras de Florencia Pizarro.

Laura Paolantonio y Florencia Gómez (Unión Feminista). Florencia Pizarro y Marisol Benítez (Sabaleras Feministas).

Algunos piensan que como nos juntamos nos vamos a cambiar las camisetas. Somos la muestra de que se puede unir a la gente y trabajar por el mismo objetivo, sin importar el color de la camiseta. Hay un movimiento muy grande de feminismo en los clubes de todo el país, muchas compañeras de clubes rivales que siempre se juntan. Pero vamos todas por el mismo camino”, agrega Pizarro.

La sabalera Marisol Benítez explica que mucha gente siempre le dijo “cómo van a hacer hermandad con esta gente”. Recuerda que hace unos clásicos atrás de fútbol femenino las hinchadas estaban muy marcadas, pero en el último que asistió sucedió algo increíble: “estábamos las de Colón y atrás se escuchó un ‘vamos Unión’. Y no pasa nada”.

El patriarcado nos quiere divididas. Pero si en una ciudad con costumbres tan arraigadas como Santa Fe sabaleras y tatengas abrieron las puertas para el diálogo… no todo está perdido.

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