lunes 10 de agosto de 2020
Sociedad | cuarentena | pandemia | Zoom

Radiografía de la vida universitaria durante la pandemia

Siete estudiantes de nivel superior cuentan cómo es comenzar, transitar y terminar una carrera en este particular 2020.

Madrugar para ir a clases, saludar a medio mundo en los pasillos de la facultad, escaparse al comedor universitario para almorzar rico y barato, reunirse en la casa de compañeros para preparar trabajos prácticos, juntarse a festejar por la noche después de aprobar algún parcial. Los días de los estudiantes universitarios ya no son lo que eran. En este contexto pandémico, profesores e instituciones de nivel superior trabajaron contrarreloj para reordenar sus lógicas: las clases, las entregas de trabajos y los exámenes se adaptaron a modalidades virtuales para que no se perdiera el año académico. Los alumnos intentaron ajustarse, con resultados dispares según la etapa de la carrera, el área de estudio, los equipos tecnológicos disponibles y los indispensables conocimientos de informática que tuvieran.

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Zoom es la aplicación más utilizada para el dictado de cursos online.

Zoom es la aplicación más utilizada para el dictado de cursos online.

Pero no todo es rendimiento académico. ¿Qué pasó con la habitualmente intensa vida social universitaria? Es aún materia pendiente en 2020. Los ingresantes no tuvieron tiempo de hacer amigos, los grupos de estudio fracasan en su versión a distancia y los egresados se quedaron con ganas de festejar. Muchos estudiantes del interior de la provincia volvieron a sus pueblos para la cuarentena, aunque lentamente van retornando a los departamentos alquilados con amigos en las grandes ciudades. Los universitarios que viven con sus familias se estresan ante la dinámica que implica la convivencia obligada en el encierro. Todos extrañan la vida social y la libertad propia de la etapa universitaria. Y se preguntan cuándo -y si- volverá la normalidad.

“Este año me imaginaba una vida bastante social además de mucho estudio, pero solo pude hacer los cursillos en febrero. Nunca anticipé que sería así”, lamenta Delfina en diálogo con Aire Digital. “Este año me imaginaba una vida bastante social además de mucho estudio, pero solo pude hacer los cursillos en febrero. Nunca anticipé que sería así”, lamenta Delfina en diálogo con Aire Digital.

Las clases se suspendieron el 15 de marzo, cuando ni siquiera había comenzado el cursado regular del nivel superior. Recién este lunes 29 de junio, a más de tres meses, hubo alumnos de la facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario que -como prueba piloto- pudieron asistir a exámenes presenciales. Fue la primera facultad de ciencias de la salud del país en implementar un protocolo especial para estudiantes del último año de la carrera cuyo ciclo de estudios se vio interrumpido por la pandemia. Aulas ocupadas al 20 por ciento, registro de temperatura, distribución de alcohol en gel y máscaras faciales formaron parte del particular operativo. Si bien los nervios y las ansiedades dijeron presente igual, fue una instancia muy diferente a las habituales. ¿Cuándo se establecerán más instancias presenciales para exámenes, clases o consultas? Difícil anticiparlo, tan difícil como anticipar cuándo bajará definitivamente la curva del virus. Algunos se entusiasman con un “después del invierno” y otros más cautos indican que podría ser recién en el año académico 2021.

Empezar, un verbo que nunca se conjugó

El domingo 15 de marzo Delfina tenía mucho entusiasmo, además del bolso listo con una carpeta y una cartuchera nuevas para empezar al día siguiente el cursado de Arquitectura en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Pero llegó el anuncio presidencial que puso en pausa su comienzo universitario y tantas otras cosas.

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Los cuadernos, apuntes y fibrones de Delfina esperan visitar pronto la Universidad.

Los cuadernos, apuntes y fibrones de Delfina esperan visitar pronto la Universidad.

“Este año me imaginaba una vida bastante social además de mucho estudio, pero solo pude hacer los cursillos en febrero. Nunca anticipé que sería así”, lamenta en diálogo con Aire Digital. En el cursillo de ingreso, Delfina hizo varios amigos pero luego no pudo mantenerse contacto. “Imaginábamos vernos todo el tiempo en las clases y en los pasillos, pero ahora todo es virtual. Siempre encerrados frente a la compu, es difícil hacer amigos así”, explica.

La joven decidió dejar tres materias para cursar el año que viene porque en esas clases no siente que esté funcionando la modalidad a distancia. Aunque, en realidad, podrían ser dos ya que una profesora la contactó para ver si no se animaba a darle una segunda chance al cursado virtual de su materia y quizá lo haga.

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Delfina se muestra feliz tanto por el gesto de esa docente, que la registró entre tantos otros alumnos, como por el hecho de que el cursado a distancia de Matemática y Física, las dos materias que sí está estudiando, le está dando buenos resultados. “Somos tantos en uno de los cursos que no entraríamos sentados en el aula y si quisiéramos hacer alguna pregunta sería difícil acceder a los profesores. Pero de esta manera los profesores nos contestan individualmente cada consulta, está bueno”, rescata.

Volver al pueblo siempre es una opción

También iba a ser el debut universitario de Salomé, de 22 años, quien se había anotado para estudiar Licenciatura en Turismo en la UNR. Pero el Coronavirus la obligó a volverse a su Pergamino natal. "Estuve en el departamento donde iba a vivir solo un día, el de la mudanza", se entristece. "Es difícil siendo estudiante y más aún siendo ingresante, porque no llegaste ni siquiera a pisar la facultad, conocer compañeros, docentes. Es difícil mentalizarte de que estás cursando", cuenta.

"Me costó mucho adaptarme a esta forma de estudio, tenía en la cabeza ya no estar en mi ciudad, ir a cursar todos los días, escuchar a los docentes y nutrirme de todo eso. Me es difícil escuchar, visualizar y hasta leer de una computadora, no es la forma que la mayoría de los estudiantes preferimos. Menos que menos rendir exámenes virtuales, dónde ni el tiempo ni la forma son iguales", analiza.

"Es difícil siendo estudiante y más aún siendo ingresante, porque no llegaste ni siquiera a pisar la facultad, conocer compañeros, docentes. Es difícil mentalizarte de que estás cursando", cuenta Salomé a Aire Digital.

Salomé sostiene que, en este incierto panorama, armarse una rutina es muy complicado. "Algunos docentes se esmeran y nos mandan mucho material con bastante contenido, varias clases de consultas y eso es lo mejor. Pero cuesta hacerse una rutina para estudiar".

Extrañar la libertad y también el bar

“Antes iba a diferentes salones según las materias que me tocara cursar. Siempre saludaba a las mismas personas, me movía por esos lugares. Sentía la libertad de ser un estudiante universitario, quizá tenía que ver con que mi facultad es muy grande”, analiza Martín, de 20, que estudia Arquitectura en la UNR. El choque con la realidad es fuerte. “Acá en mi casa siempre hago las cursadas virtuales en el mismo lugar, no me muevo de acá, se hace difícil estar encerrado”, resume.

"Tuve problemas para entregar un parcial y confirmé que odio el cursado virtual, que quiero volver a la facultad ya, este tipo de parciales se hace a mano y no te pasan estos problemas”.

Son muchos los cambios en la rutina de Martín, pero lo que más lo perturba es la falta de sociabilidad. “Extraño a mis compañeros, los docentes, también las fiestas, al bar que siempre solía ir a merendar cuando me liberaba de entrega que tenía”, enumera.

Más allá de que se puede cursar de manera virtual y él lo hace, remarca que hay cosas que se alejan demasiado de la presencialidad. “Hace poco tuve un parcial de Historia, tenía que enviar por mail el trabajo antes de las 12.45. Lo terminé tranquilo, tenía todo, estaba alegre pero no lo podía subir porque era muy pesado. Lo comprimi mil veces pero nada, estuve renegando mucho y mientras seguía comprimiendo les pedía a los profes que me aguantaran hasta las 14. Lo pude subir al final, pero ahí confirmé que odio el cursado virtual, que quiero volver a la facultad ya, este tipo de parciales se hace a mano y no te pasan estos problemas”.

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Equipar el juego, esa es la cuestión

Lucas tiene 27 años y estudia Ingeniería Química en la UTN. Cuenta que no está teniendo clases regulares en las últimas tres materias que tiene pendiente para conseguir el título. “En una de ellas tengo clases por Zoom todos los martes y en la otra sólo nos mandan material, y nos limitamos a leer pdfs y entregar trabajos prácticos”, precisa. La tercera es el proyecto final.

Su rutina se modificó totalmente este año académico. “El hecho de no ir a la facultad lo cambia todo, siento que tengo más ocupaciones en mi casa, o le dedico más tiempo a mi casa que a la facultad. Los límites son más difusos”, reconoce. Además, le cuesta sentarse a estudiar. “Estaba acostumbrado a estudiar en grupo y no es lo mismo sentarse con un compañero que tener que hacerlo vía Zoom o solo”, sostiene.

Lucas siente que su vida universitaria está en stand by. “No me estoy planteando estudiar para finales ya que me encuentro dedicado al proyecto final y me está consumiendo el tiempo y la vida. Además, las experiencias en la facu con los que han rendido de manera virtual no fue muy satisfactoria ya que con la intención de "equiparar el juego" los profesores optaron por tomar ejercicios más difíciles con poco tiempo para evitar que los alumnos se copien o hagan trampa”, remarca.

“El hecho de no ir a la facultad lo cambia todo, siento que tengo más ocupaciones en mi casa, o le dedico más tiempo a mi casa que a la facultad. Los límites son más difusos”, reconoce Lucas a Aire Digital.

Pero también reconoce las dificultades que tienen del otro lado: “Hay que tener en cuenta que no es una tarea fácil evaluar materias prácticas con tantos cálculos y fórmulas de manera virtual entonces recurren a resolución en papel que hay que escanear y mandar en un tiempo ultra acotado”.

Estudiar sin grupo, misión imposible

“Me cuesta sentarme a estudiar porque no tengo con quién. Es más sencillo con el grupo de estudio, tanto por la responsabilidad que uno tiene que poner en el asunto como por el debate que siempre se arma que ayuda siempre en la comprensión”. Virginia tiene 26 años y estudia Psicopedagogía en una facultad privada rosarina. Está en el último año y se la escucha frustrada.

"Me afectó en las prácticas, tenía varias en cuanto a lo clínico y lo institucional. Hicimos poco a nada y no fue ni parecido a la experiencia que deberíamos haber tenido. La respuesta es que nos vamos a recibir casi sin prácticas y por lo visto no hay muchas soluciones a futuro”, se angustia Virginia en diálogo con Aire Digital.

“Es bastante complicado el tema tiempos. Todos tenemos distintos horarios de almuerzo, todos pasamos muchas horas detrás de la pantalla, más los horarios de cursado. Si bien tenés muchísimo más tiempo para hacer las actividades que te demanda la facultad se vuelve más complicado tener ganas o coincidir, es más tiempo libre pero poco provechoso”, reflexiona.

En la educación virtual, muchos ubican en el lugar estrella a las videollamadas pero Virginia lo relativiza. “Los Zoom dependen mucho de la profesora, si explica realmente o se pone a divagar. A mí me pasa que me distraigo demasiado a través de una pantalla, tengo un período de atención muy corto, no es lo mismo que tener el profesor cara a cara. Algunas cosas me han servido, pero la mayoría del tiempo me parecen medio inútiles”, dispara.

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La preocupación de Virginia es que la pandemia le impida recibirse con los conocimientos necesarios que debería tener cualquier graduado. “Rutina de estudio nunca tuve así que no me afectó demasiado. Me afectó en las prácticas, tenía varias en cuanto a lo clínico y lo institucional. Hicimos poco a nada y no fue ni parecido a la experiencia que deberíamos haber tenido. La respuesta es que nos vamos a recibir casi sin prácticas y por lo visto no hay muchas soluciones a futuro”, se angustia.

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Estudiante universitario realizando un trabajo práctico en épocas de pandemia.

Estudiante universitario realizando un trabajo práctico en épocas de pandemia.

Aprender las 24 horas del día

"Apenas comenzó todo, los profesores nos llenaban de materiales, ya fueran textos o PDFs, pero sin ninguna orientación. Era bastante caótico. Siempre cursábamos dos horas por materia y cada clase tenía su horario, pero en la virtualidad pasamos a ser alumnos 24 horas. Llegaban mensajes por mail, WhatsApp, nos bombardeaban. Por suerte se fue acomodando un poco todo", resume Daniela, estudiante avanzada de Psicología de la UNR.

“Me cuesta mucho esa última materia de Psicología, es psicoanalítica y no estamos teniendo clases por Zoom. Recién la semana pasada se presentó la cátedra por videoconferencia. Si bien no me di de baja en la materia, no la estoy haciendo y mi plan es cursarla el año que viene porque intenté leerla y no pude”, sostiene.

Este 2020, ella tenía todo planeado con detalle: cursaría solo una materia, rendiría cinco finales y así podría hacer la residencia. Pero no pudo ser. “Se cancelaron las mesas, me quedé sin esa posibilidad de rendir. Las residencias se cayeron, la gran mayoría de los efectores donde se hacían las dieron de baja por la pandemia que estamos atravesando. El plan de recibirme, que podía ser este año o principios del que viene, queda totalmente postergado”.

Su idea fue anotarse en el profesorado de Psicología para avanzar en su formación mientras cursaba la única materia que le quedaba pendiente. Tenía turno para llevar los papeles de inscripción el 17 de marzo y lógicamente quedó cancelado pero igual está cursando de manera virtual. “Se creó una plataforma UNR donde se trabaja, al principio fue un poco difícil, más en mi caso que no soy amiga de la tecnología. Tengo los espacios aúlicos, que se compensan más o menos con estas clases virtuales. Los profesores se fueron amoldando cada vez más a las condiciones, ahora tenemos más videoconferencias”.

Daniela reconoce el esfuerzo de los profesores. “Entiendo la excepcionalidad de todo este año y que no era un proyecto pasar a la virtualidad. Se está trabajando mucho, se entiende que las clases virtuales no reemplazan las presenciales y son sólo un acompañamiento”, subraya. Pero más allá del trabajo docente, no siempre es fácil para los alumnos. “Me cuesta mucho esa última materia de Psicología, es psicoanalítica y no estamos teniendo clases por Zoom. Recién la semana pasada se presentó la cátedra por videoconferencia. Si bien no me di de baja en la materia, no la estoy haciendo y mi plan es cursarla el año que viene porque intenté leerla y no pude”, sostiene.

Recibirse sin huevos ni harina

Los egresados universitarios de la particular promoción 2020 no están recibiendo huevos y harina en sus cabezas para festejar pero algo es seguro: sobran saludos virtuales y abundan los posteos en redes. Marianela, de 26 años, se recibió de licenciada en periodismo en una universidad privada durante la pandemia. “Empecé a rendir la carrera en 2012, terminé de rendir todas las materias en 2016 pero entregué la tesis recién en 2020. Me llevó cuatro años hacerla, tenía el proyecto armado desde el principio pero no podía ponerme”, relata. “Era un horror tener algo sin concluir, sentía todo el tiempo esa presión y llevaba esa sensación a todo: tenía todo a medias, series, libros, mis textos, no podía terminar nada”, añade.

Pero un día que Marianela estaba durmiendo recibió un llamado: le avisaron que podría rendir la tesis online esa tarde. “Me levanté, me di una ducha y no tenía armado nada. De casualidad sabía lo que era Zoom. Me puse a armar un cuadro, explicando la tesis que por suerte la tenía fresca. Rendí sin aviso, expuse y me saqué un 10”, remarca con felicidad.

Este verano pudo al fin terminarla, obtuvo el visto bueno de la tutora y tras verla el director de carrera quedaba pendiente la parte burocrática. La fecha marcada en su calendario era el 29 de marzo, pero durante la espera llegó el anuncio del aislamiento obligatorio. “Me avisaron que hasta que no se solucionara no iba a rendir, era todo más incierto que ahora”, recuerda. Pasaron los primeros días de la cuarentena sin novedad. Pero un día que Marianela estaba durmiendo recibió un llamado: le avisaron que podría rendir la tesis online esa tarde. “Me levanté, me di una ducha y no tenía armado nada. De casualidad sabía lo que era Zoom. Me puse a armar un cuadro, explicando la tesis que por suerte la tenía fresca. Rendí sin aviso, expuse y me saqué un 10”, remarca con felicidad.

No hubo globos ni carteles. “Cuando terminé la videollamada estaba con mis compañeras de convivencia y fue como “Ya está”. Siempre me había imaginado rendirla y que me tiren huevos, papelitos, carteles, memes, que estén mis amigas. Fue muy loco y muy raro. Me imaginé otra cosa, rendir en el auditorio de la facultad lleno de gente. Estuve super feliz de recibirme pero fue difícil caer rindiendo de esa manera”, concluye.

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