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Sociedad

¿Quiénes eran los “locos de la azotea?

¿Qué se celebra realmente? Una escena protagonizada por don Enrique Telémaco Susini. Una travesura que las páginas de historia se encargaron de adornar con romanticismo. El médico entrerriano, hijo de un cónsul argentino en Viena, se divertía como cualquier hijo de vecino. Con su grupo de amigos y un sobrino (César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mugica) hizo peripecias para colocar antenas en edificios. “Niño bien”, “Enriquito” había viajado a Francia, a estudiar “los efectos sobre las vías respiratorias de los gases asfixiantes de la Guerra”, y había vuelto con extraños “chiches” nuevos: equipos de radiocomunicaciones.

Junto a su grupo, Susini transmitió Parsifal, de Wagner, desde el Teatro Coliseo, e inauguró la historia de nuestra radiofonía. “Raros” a los ojos de la época, los muchachos fueron apodados “Locos de la azotea”.

El juego inocente del 27 de agosto, marcó un quiebre en épocas en que no existía ni el Obelisco. Mil novecientos veinte, momento en que en paralelo se desarrollaban los Juegos Olímpicos de Amberes (Bélgica) y que transcurría la Presidencia de Hipólito Yrigoyen. Por entonces, Niní Marshall (futura estrella de esa “cajita”), recién terminaba su bachillerato en el Liceo Nacional de Señoritas.

La bendita primera cinta todavía circula democráticamente por las redes sociales y los archivos. El propio Telémaco empuñó el micrófono y grabó su voz para siempre: “Señoras y señores, la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el Festival Sacro de Ricardo Wagner, Parsifal…”, se escucha.

¡Escuchá la primera transmisión radial!

Que fue a las 21 de una noche estrellada, que el transmisor tenía 5 vatios… Dice también la leyenda que la transmisión duró unas tres horas y que almas solitarias de algún barco que navegaba por Brasil, llegaron a escucharla. Hasta el Presidente de la Nación felicitó a Susini, quien murió en 1972, cuando la televisión asumió reinado.

 

FUENTE: CLARÍN

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