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Sociedad

“Nuestro pequeño gran héroe”

Brian tiene 23 años, vive en barrio Tanque de Santo Tomé y uno de sus hobbies favoritos es pasear en colectivo.

Todos los choferes de la línea C azul adoran al gran acompañante que tienen a diario en el primer asiento, siempre sonriente, transmitiéndoles esa alegría con la que Brian afronta la vida.

Pero lo más especial de todo, y que llama la atención de quien lo vea, es que Brian simula manejar el colectivo e imita tal cual como los choferes conducen. Es más, les avisa cuando el semáforo se pone en verde y hasta se da cuenta cuando no ponen la luz de guiño y los “reta”. Él es el acompañante perfecto, disfrutando cada curva en la que emocionado “da vuelta el volante.”

Brian nació con un edema cerebral, debido a la demora del parto y las complicaciones. “Salió morado, lo revivieron prácticamente”, nos contó Daniela, su querida mamá.

Daniela tiene 43 años. Tuvo a Brian, su único hijo, siendo joven y con un padre ausente. Trabaja en la fábrica de vinagre de Sauce Viejo, organizándose en todo momento para cuidarlo, con la ayuda de su mamá y hermanos. Lo más importante de su vida siempre fue y va a ser su “angelito”, a quien le dedica todo su tiempo y cariño.

“La pediatra me decía que era normal, que no tenía problemas, pero él no lloraba, no sabíamos ni cuando tenía hambre.”

Los doctores hicieron una pequeña historia médica y su familia lo llevó al hospital Garrahan, donde les dijeron que con estimulación temprana él iba a salir adelante, “pero que no iba a tener un crecimiento normal”.

Fue a escuelas de educación especial, pero como tenía ciertos problemas de conducta lo echaban. Es más, Brian tuvo tristes situaciones que afrontar en lugares donde no estaban capacitados para cuidar de él. En una de las escuelas lo encerraban en un cuarto y lo dejaban solo si él se portaba mal, mientras que en otra les dijeron que realizaban “terapia de abordaje”. Cuando su familia preguntó de qué se trataba esa terapia, se enteraron de que lo tiraban a una pileta cuando manifestaba sus malas conductas. Inmediatamente, lo retiraron de ese lugar.

Entonces, el psiquiatra les dijo que no era necesario que siga asistiendo a la escuela, porque en la casa tenía mucha estimulación y la contención y el amor de su familia era mucho. Su mamá, sus tíos y su abuela siempre estuvieron para él, acompañándolo y siendo Brian la razón de sus vidas.

Siempre socializando, cerca de los medios de comunicación y realizando actividades como natación, Brian fue creciendo. Es un chico súper activo, simpático.

A la semana de cumplir 18, en el año 2014, “una bomba explotó dentro de su cuerpo”, como los médicos relataron: se trataba de una pancreatitis hemorrágica.

Comenzó a tener dolores de espalda, por lo cual los doctores dijeron que el problema era lumbalgia, pero era aún más grave. Y como Brian tiene muy poca sensibilidad y no siente el dolor, no detectaban qué era lo que tenía.

Es así como por la producción de una gran hemorragia internaron. Tras una microcirugía, el médico se encontró con lo peor. “Ahí comenzó el calvario”, comentó su mamá.

Brian tuvo una infección en las paredes abdominales, se le explotó un vaso sanguíneo, se le perforó el colon, y bajó mucho de peso. De a poco “limpiaron lo que produjo la bomba atómica dentro de su cuerpo”, intoxicado ante la gran hemorragia. Padeció mucha fiebre, y tuvo grandes complicaciones en sus pulmones y riñones.

“Perdió absolutamente toda su masa muscular. Lo único que nos queda es su juventud, sus ganas de vivir… y un milagro”, le comunicó el médico a sus familiares.

Tras tres meses en terapia intensiva, y dos semanas más en una habitación privada debido a la presencia de dos virus intrahospitalarios en la sangre, Brian volvió a su casa.

“Tu hijo es un milagro”, le afirmó el médico a Daniela.

Un milagro que llevó alegría al sanatorio, porque a pesar de estar pasando por un momento tan difícil de su vida, su sonrisa siempre estuvo presente. Era el paciente que más recibía mimos: le permitían tener música en su habitación y ver películas para entretenerse.

Al volver a su hogar, un pasacalle que decía “Bienvenido, nuestro pequeño gran héroe” lo esperaba junto a su familia y vecinos. Brian lloraba de la emoción.

Su conducta se transformó totalmente tras la operación, ya que como le dijo el psiquiatra a su mamá, las personas cambian 100% tras pasar por este tipo de situaciones tan difíciles e importantes. Siempre tranquilo, activo, sonriente y sociable.

 

Con una gran rehabilitación, sesiones de kinesiología y natación, al año del alta el doctor lo vio entrar caminando y no podía creerlo.

Y al poder caminar, el día del trabajador del año 2015, volvió con felicidad a subirse a un colectivo.

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