lunes 22 de noviembre de 2021
Sociedad Violencia | bullying | escuelas

Maltrato en las escuelas: la clave es aprender a convivir

Aunque se haya popularizado la palabra "bullying", cuando se aborda esta problemática, se trata de hacer el foco en los modos de convivencia social que promueven la discriminación, que no son propios de niños y niñas sino que fueron aprendidos.

“Quedate quieto, gordito”. “Sos un traga”. “No llores, mariquita”. La discriminación, el maltrato y la violencia forman parte de la vida cotidiana de la sociedad y, por lo tanto, entran en la escuela. Niñas, niños, niñes, aprenden lo que viven. Desde hace tiempo, la palabra bullying se convirtió en la forma de describir el maltrato en las instituciones escolares. Cada día, en distintas aulas del país, se generan estas violencias. No se trata de un fenómeno nuevo, o una “moda”, sino que está enraizado en la estructura social.

Para Marta Paillet, abogada especializada en mediación y pedagogía de la paz, es importante cambiar los términos para situar el problema. “El maltrato se llama maltrato, no se llama bullying, y forma parte de la violencia en general; darle el nombre de bullying es hacer que los chicos se crean importantes porque hacen eso”, afirma la especialista y enfatiza: “Como el nombre es en inglés y hay tanta estupidez en la conciencia humana, se considera que… ‘ay, en mi escuela hay bullying’, como diciendo ‘nosotros no somos cualquier cosa, tenemos bullying’, y el maltrato es maltrato, entre niños, entre adultos y, por supuesto, los niños hacen lo que ven hacer a los adultos, no es que los niños inventaron el maltrato: los niños son maltratados y en consecuencia maltratan”.

Leer más ► Bullying escolar: en Rosario se rodó la primera película argentina sobre el acoso en el colegio

Paillet recuerda que el maltrato escolar “no es nuevo ni es excepcional, forma parte de la cultura violenta en la que vivimos. Reconocer eso es reconocer que nosotros les enseñamos a los niños, porque los niños aprenden no lo que escuchan, sino lo que viven”.

Mundo violento, escuela violenta

La Prueba Aprender que se realiza en las escuelas de Argentina mostró, en 2019, que en el nivel secundario “en cuanto a la existencia de conflictos violentos o de discriminación en las escuelas, el 24% de los estudiantes perciben situaciones de discriminación por aspectos físicos y el 19% por características personales o familiares como religión, nacionalidad, condición de género o discapacidad. Las situaciones de amenazas o agresiones entre estudiantes o por redes sociales, son reportadas por una proporción menor de jóvenes, pues el 10% indica que en sus escuelas suceden este tipo de hechos”.

Marta Paillet.jpg
“El maltrato se llama maltrato, no se llama bullying. Darle ese nombre es hacer que los chicos se crean importantes porque hacen eso”, afirma la especialista Marta Paillet.

“El maltrato se llama maltrato, no se llama bullying. Darle ese nombre es hacer que los chicos se crean importantes porque hacen eso”, afirma la especialista Marta Paillet.

El eje de la problemática es que vivimos en un mundo violento. “Las familias son violentas, se maltratan, se insultan, el paradigma que se utiliza para educar a los niños es punitivo. Se les dice a los niños ‘tenés que hacer esto porque lo digo yo, y además si no lo hacés vas a tener tal castigo’. No hay una enseñanza del aprendizaje, a partir de enseñar por qué es bueno vivir bien, por qué es bueno llevarse bien y por qué es bueno no ser violento”, sostiene Paillet, quien subraya que la ciencia ha demostrado que las personas no son naturalmente violentas.

El hombre puede ser violento o amoroso y las dos cosas las puede aprender o desaprender. Entonces, la clave es que desaprendamos los modos violentos, porque tenemos una cantidad importante de conductas violentas totalmente naturalizadas. Hay que desnaturalizar y entrenar, como casi todos los problemas del mundo se resuelve con educación”, sostiene la abogada.

Leer más ► Condenan a un colegio de La Plata a indemnizar a un alumno que sufrió acoso escolar

La exclusión y la sanción no son las respuestas adecuadas, plantea la especialista. “Ni en el derecho penal se sigue sosteniendo el modelo de culpa y castigo, porque no corrige a nadie, porque no le sirve a nadie y las víctimas ni siquiera son escuchadas. Hoy la Justicia restaurativa, en la que yo me formé, parte del paradigma de que la persona que comete un daño tiene que hacerse cargo responsablemente de que lo cometió, pero repararlo. No sólo a nivel material, sino a nivel psicológico, a nivel humanidad y sociedad”, dice Paillet sobre el castigo como manera de resolver los conflictos.

Por otro lado, la exclusión –cambiar de escuela a la niña o niño maltratado suele ser una respuesta de las familias; excluir al “conflictivo”, de las escuelas– tampoco resulta una solución. “La exclusión la hacen las escuelas, la hacen los padres, la hacen los niños, porque somos una sociedad que excluye lo diferente. Las diferencias tendríamos que consagrarlas como un valor, porque nosotros vivimos en democracia, donde se aplaude lo diferente y se construye a partir de encontrar los acuerdos desde las diferencias”, sostiene Paillet.

Ruedas de convivencia

Para dar una respuesta situada a esos conflictos, en 2009 se creó el Programa Provincial de Ruedas de Convivencia. “Fue el programa más productivo, más significativo que se dio. Tuve la suerte de estar durante ocho años trabajando allí. Fue para la escuela secundaria, porque era el nivel donde había más conflictividad”, cuenta la especialista, quien lamenta que hoy no se esté impulsando, aunque también recibe información de escuelas donde siguen usando esta manera de resolver los conflictos. “Están vigentes, tienen todas las disposiciones”, agrega en alusión al decreto 731 de 2017. Justamente, la mayor parte de esos equipos conocidos como “de convivencia” formaron parte de los 500 cargos titularizados por la provincia que fueron revocados en noviembre de 2020.

Para esta especialista, las ruedas de convivencias deberían estar por afuera de las diferencias político-partidarias. “Es una decisión política, en el gran sentido de la política. La política como el arte del bien común”, plantea Paillet.

Leer más ► Denuncia y malestar por el niño al que le colocaron un alacrán en la remera por "gordito"

De hecho, en muchas escuelas –le consta– se siguen haciendo. “Inclusive hay escuelas las hicieron en forma virtual imaginándose que están en rueda los chicos para poder hablar”, plantea. “El plan era formar docentes todos los años en facilitación de procesos y con la rueda de convivencia trabajar todas las problemáticas, pero no sólo los conflictos, sino también las propuestas de los jóvenes, diseñadas por los jóvenes y acuñadas por la docencia”, cuenta Paillet sobre las líneas rectoras de una iniciativa que apunta a “que los jóvenes desarrollen responsabilidad, creatividad propia y una cantidad de elementos que corresponden con la adolescencia, para que los chicos salgan de la adolescencia volviéndose responsables, creativos y potenciadores de la realidad donde viven, resolviendo los problemas de sus propias comunidades. Tenemos muchísimos ejemplos de las ruedas donde se hicieron soluciones y proyectos que incidieron en beneficio de las comunidades donde ellos vivían”.

¿Por qué en rueda? “El diálogo y el círculo son dos cosas fundamentales, primero porque todos somos equidistantes del centro, no hay situaciones de superioridad, es una relación de tipo horizontal y todos tienen el mismo derecho, hablan el mismo tiempo y circula la palabra”. La clave es construir “colectivamente a partir del principio de colaboración y cooperación. Se cree que el diálogo es el modo de resolver en democracia cualquier problema que exista, en cualquier orden”, subraya Paillet y sostiene que no es una idea aislada, sino que viene desarrollándose científicamente: “Está todo conocido y sabido, hay que tomar la decisión política de entrenar, desde el jardín de infantes a la universidad, en abordajes constructivos de conflictos y en comunicación no violenta”.

Dejá tu comentario