domingo 12 de julio de 2020
Sociedad | Calentamiento Global | pandemia |

La pandemia no sirvió para mejorar el ambiente: calentamiento global y emisiones contaminantes, al tope

Los científicos advierten que 2020 puede ser el año más cálido de la historia a pesar de las cuarentenas.

Ni más limpio, ni más sano, ni más natural, ni menos contaminado: pasadas las primeras semanas de cuarentena y sus muy efímeros efectos de “limpieza” de los cielos y las aguas por la ausencia del elemento humano, los científicos alertan sobre la importancia de no dejar de prestarle atención al gran desafío de este siglo: el calentamiento global.

Existen datos que sustentan esta preocupación: por un lado, los meteorólogos estiman que el 2020 tiene un 75% de posibilidades de convertirse en el año más cálido de la historia a pesar de las mermas temporales en la emisión de dióxido de carbono que significaron las cuarentenas en las grandes ciudades (en la provincia de Santa Fe sólo se hicieron mediciones para Rosario, y se detectó que durante las tres primeras semanas del aislamiento obligatorio la contaminación del aire disminuyó a la mitad).

Más caliente

Según consigna el sitio especializado meteored.com.ar las temperaturas globales de este año podrían ser las más cálidas desde que hay registros, para ubicarse incluso por encima del récord establecido en 2016. Así se desprende de los informes emitidos por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (Noaa), que señalan que casi con seguridad el 2020 estará entre los diez años más cálidos de la historia “con un 75% de posibilidades de ser el más cálido de todos los registrados”.

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En cada ciudad del mundo las manifestaciones para luchar contra el cambio climático se han multiplicado.

En cada ciudad del mundo las manifestaciones para luchar contra el cambio climático se han multiplicado.

Por su lado, los expertos en clima de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) esperan que la paralización por la pandemia de Covid-19 cause una caída en las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de alrededor del 6% este año, “pero es probable que esto sea de corta duración y que no detenga el cambio climático”, afirmaron.

A pesar de la merma circunstancial de emisiones, hay que recordar que el dióxido de carbono (el principal gas que genera el calentamiento de la atmósfera) permanece tanto en el aire como en el agua durante siglos. En ese sentido el secretario general de la OMM, Petteri Taalas, dijo que “si bien el covid-19 ha causado una grave crisis sanitaria y económica internacional, la incapacidad de abordar el cambio climático puede amenazar el bienestar humano, los ecosistemas y las economías durante siglos”.

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Las cifras del cambio climático son alarmantes.

Las cifras del cambio climático son alarmantes.

“Necesitamos aplanar las curvas de la pandemia y del cambio climático y para eso necesitamos mostrar la misma determinación y unidad contra el cambio climático que contra el covid-19. Necesitamos actuar juntos en los intereses de la salud y el bienestar de la humanidad, no solo durante las próximas semanas y meses, sino también por muchas generaciones venideras", dijo el funcionario internacional.

Alta contaminación

Pasados varios meses desde el inicio de la pandemia en China, la evidencia muestra que si bien muchas ciudades de varios países vieron una caída de la contaminación del aire por la parálisis económica, se trató de una especie de “espejismo” que desapareció a medida que se retomó la actividad. En el fondo, no hubo de ninguna manera una mejora sustancial para la lucha contra la crisis climática global.

“Nadie debería pensar que esto es un indicio de que la crisis climática ha terminado, nada más alejado de la realidad”, advirtieron los expertos de Naciones Unidas apoyados en datos recientes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos que muestran un aumento brusco en los niveles globales de dióxido de carbono (CO2).

Sin ir más lejos, en abril pasado la concentración promedio de ese gas en la atmósfera fue de 416,21 partes por millón, la más alta desde que comenzaron las mediciones en 1958 y los más altos en 800.000 años, según se desprende de análisis hechos en hielo antártico.