Oleksandr Slyvchuk tiene 25 años y está en su departamento de Kiev desde el inicio de la guerra. Es analista político del Instituto Ucraniano de Política Internacional y se quedó en la capital ucraniana a pesar de la guerra. "Me acostumbré a la sirena y al toque de queda", empezó su relato.
Como una fotografía móvil los distintos frentes del conflicto, el joven ucraniano puso en palabras los puestos de control dispersos por todos lados, las barricadas, el hambre que pasó durante los primeros días de la guerra.
Hoy la guerra sigue pero algunas cosas cambiaron: funcionan los supermercados y centros comerciales. Los combustibles se venden racionados de a 10 litros. El costo del gasoil es excesivo.
"Mi familia se fue a provincias occidentales de Ucrania y yo me quedé solo. Uno sabe que algo puede pasar en cualquier momento así que es mejor quedarse solo, sin niños, sin ancianos, sin familiares", relató Oleksandr, en diálogo con Geraldine Brezán y Andrea Viñuela en el programa 7 AM por AIRE.
Oleksandr contó que se acuesta todos los días con las noticias de la guerra: "Parece como vivir en una película de la Segunda Guerra Mundial. Las fotos, los videos de Donbass parecen como un blockbuster".
"Es difícil soportar esto. Mucha gente con depresión por las pérdidas, las historias, testimonios de Mariúpol donde la gente sobrevivió y las atrocidades por las que pasaban. Mariúpol es como Santa Fe y todos los edificios fueron destruidos. La gente que quedó allí vive en condiciones infrahumanas", relató.
La planta de Azovstal, una fortaleza soviética de túneles subterráneos para la resistencia ucraniana en Mariúpol. Allí quedan los defensores ucranianos apostados en la planta. Todos los días soportan los bombardeos una 600 personas que resisten.
Para Oleksandr, la paz está lejos. El asesor del presidente ucraniano dijo que el país no ve sentido en seguir con charlas diplomáticas debido a que Rusia no apoya la paz. "Bombardea continuamente Mariúpol y la segunda ciudad más grande de Ucrania, así que no sabemos de qué paz podemos hablar", aseguró.
A la hora de hablar de muertes, el analista destaca que los números de la Organización de las Naciones Unidas son falsos porque hablan de casi 2.000 personas muertas cuando el alcalde de Mariúpol reportó la cifra de 20.000 fallecidos. La cifra final de civiles muertos va a ser más alta que las bajas militares", adelantó.
El relato de Oleksandr terminó como comenzó, anclado en los primeros días horribles de la guerra, cuando no se podía comer, ni dormir. Donde muchos hacían su propia elección, ir al ejército o quedarse e en casa. "Yo no serví en el ejército porque no tengo experiencia militar, pero muchos compañeros míos lo hicieron y están de baja", contó. Prefiere usar esa palabra antes que recordar que murieron.
El analista asegura que los militares rusos abusan y violan a las mujeres ucranianas porque para los oficiales está todo permitido. Contó como una niña se cortó el cabello para parecer un hombre y zafar de los abusos sexuales. Oleksandr fue a visitar a su familia en Pascuas y regresó a Kiev. Sigue trabajando con el voluntariado para juntar dinero para enviar el ejército, en una historia cuyo final está abierto.
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