Alicia había cumplido un año 16 días antes. En brazos de su mamá Adela Donati (31) subió en la Terminal de Ómnibus de Santa Fe a un colectivo cuyo destino final era San Javier. Viajaba junto a su papá Mario Palavecino (43) y sus hermanos Marito (5) y Sergio (3). Iba a visitar a su bisabuela en la localidad costera de Helvecia. Ninguno llegó.
A las 18 horas de aquel 20 de noviembre de 1970, el chofer Juan Dosse emprendió el viaje. Cuarenta minutos más tarde llegó el explosivo impacto del colectivo contra las barandas del puente que cruza el Arroyo Leyes, El estallido de los vidrios, los gritos y el zambullido “en seco” del vehículo en el agua. Cincuenta y cuatro vidas encontraron su final en el lecho de arcilla. Pero la beba Alicia flotó en medio de la tragedia gracias a su bombacha de goma y más tarde la rescataron. Nadie puede olvidar esa imagen, aunque no exista foto alguna.
Todavía me cuesta asumir que soy aquella bebé de la bombacha de goma que rescataron
Fue su mamá –“Chacha”-, quien la sacó por la ventanilla y la depositó sobre las aguas segundos antes de que se inunde el interior del colectivo. Así lo relató uno de los otros 5 sobrevivientes del fatal accidente que enlutó a todo un país. De estos, solo 2 pueden volver a recordar lo vivido.
La dura aceptación de su historia
“Todavía me cuesta asumir que soy aquella bebé de la bombacha de goma que rescataron. Sé toda mi historia, pero a veces me causa la sensación que me contaron un cuento”, reconoce a Aire Digital Alicia Poncelas Donati, que lleva el apellido de los tíos que la adoptaron y la llevaron a vivir a Buenos Aires al año de quedar huérfana.
Es que si bien su madre adoptiva –hermana de su mamá biológica- le contó la verdad desde el primer día, el no tener recuerdos por su corta edad al momento del accidente le provoca sentimientos encontrados que se funden en emoción.
Para la mujer que hoy tiene 50 años y 16 días fue muy duro asimilar la tragedia. Siente que pasan los años y la fecha va tomando más importancia en su vida. Incluso admite que le llevó 40 años y varios años de terapia poder superar su historia y contarla en círculos cercanos.
“Hace recién cuatro años que le conté a mis compañeros de secundaria. En mi adolescencia no quería que se entere nadie. No sé qué sentía; si miedo al rechazo, a la burla o vergüenza”, reflexionó. Y agregó que en mayor parte esto también se relaciona al “miedo a preguntar” que internamente tenía porque su padre adoptivo “no quería que se hable mucho el tema” delante de ella. “Para él era un tema tabú”, recordó.
Los hombres que le salvaron la vida
Un pescador llamado Joaquín “Tata” Escobar que vivía en la orilla del arroyo y el ingeniero Occhi que también apareció en canoa esa noche para ayudar en el rescate, son los héroes de Alicia, convertidos hoy en “ángeles de la guarda”.
“Tata me sacó justo. Él pensó que yo era una muñeca porque estaba boca abajo. Hasta que vio que moví los brazos, me levantó y me entregó al Ingeniero Occhi que me reanimó. Ellos me salvaron. Son mis ángeles de la guarda”, dice Alicia con emoción.
A “Tata” Escobar tuvo la suerte de conocerlo en 2007, cuando ella tenía 37 años. Luego siguió en contacto hasta su fallecimiento en 2015. “La última vez que lo vi fue un mes antes de su muerte. Él estaba internado en el Cullen y recuerdo que lo último que me dijo cuando me estaba yendo fue que quería que me quede unos días con ellos en su casa del Leyes”, rememoró. Hoy continúa visitando cada tanto a Amparo, la mujer del pescador, y a su hija, que siguen viviendo a orillas del arroyo.
Occhi falleció en 1986 sin dar con “la beba de la bombacha de goma” que habían rescatado junto a Escobar. “Me enteré hace poco que él me estuvo buscando. Su nieta hoy es muy amiga mía. Ella me contactó y me dijo que había crecido con mi historia porque su abuelo murió buscándome.Y se cerró el círculo. Pero me hubiese encantado agradecerle en vida”, manifestó.
El Leyes, su lugar de armonía
Después de su encuentro con el Tata y su familia, fueron varias las ocasiones en que Alicia volvió a cruzar el puente sobre el Arroyo Leyes. Y otras tantas las que pudo disfrutar del paisaje litoraleño desde la costa, a metros de donde ocurrió el accidente.
Dice que no puede explicar con palabras lo que realmente siente cuando mira el espejo de agua marrón. “Me pasa algo muy especial. Siento una paz única. Siento que es mi lugar”, aseguró. Sin dudas, parte de su vida está ahí.
Transformar el dolor
Esa beba que perdió a su familia pero sobrevivió, hoy es mamá de Ayelén (24) y Pablo (28),y en pocos días se va a transformar en la abuela de Roma. Su presente está lleno de vida y ganas. Es maestra de Inglés, estudia el profesorado de idioma y proyecta para el año que viene un encuentro con sobrevivientes y familiares de víctimas para brindarles homenaje en el aniversario 50° de la tragedia de Arroyo Leyes.
Alicia supo transformar la pérdida en un mensaje de vida y superación.
- En la tragedia perdiste a tu familia; pero a pesar del dolor ¿qué te dejó?
- Me ayudó a madurar un poco, a exteriorizar todos los sentimientos que tenía adentro mío y también a recibir un cariño de la gente que nunca hubiera imaginado. Pero yo soy muy creyente y creo, sobre todo, que Dios hace las cosas por algo y todo tiene un porqué. Si bien perdí y sufrí mucho, tal vez hoy estoy acá para transmitirle a la gente que los milagros existen.









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