domingo 23 de enero de 2022
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El lenguaje inclusivo en el centro del debate: la E y todo lo demás

Con la presentación de un proyecto de ley nacional para prohibir el lenguaje inclusivo -que tiene su correlato en una iniciativa provincial de abril-, se reabrió el debate: ¿se puede prohibir algo que hacen los hablantes como una forma de conmover las estructuras existentes? ¿Por qué muchas personas eligen la E para evitar el masculino genérico? ¿Es posible decretar cómo debe hablar la gente?

El lenguaje inclusivo, ese que hablan muchos pibes sin pedir permiso, otra vez está en el centro del debate. “Les diputades indecises”, dijo en junio de 2018 Natalia Mira, la vicepresidenta del Centro de Estudiantes del colegio porteño Carlos Pellegrini. Hablaba en el canal de noticias TN y sus palabras tuvieron dos efectos: dejar en evidencia una forma de hablar que parte de la juventud ya tiene incorporado y al mismo tiempo, abrir una polémica que excede -aunque incluye- la brecha generacional.

También se discute algo más que la E. “El lenguaje inclusivo empieza a circular y a tomar forma a partir de nuestras luchas sexogenéricas de las últimas décadas, por eso justamente es una fuerza tan viva y no es una imposición, como muchas voces conservadoras nos quieren hacer creer”, explica Javier Gasparri, doctor en Humanidades y Artes, Magister en Literatura Argentina y Profesor en Letras por la Universidad Nacional de Rosario.

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La Real Academia Española y la Academia Argentina de Letras no consideran que el masculino genérico tenga una carga sexista o violenta.

La Real Academia Española y la Academia Argentina de Letras no consideran que el masculino genérico tenga una carga sexista o violenta.

La discusión se agita cada tanto con virulencia: la Real Academia Española (RAE) lo rechaza, como también la Academia Argentina de Letras. Consideran que el masculino genérico no acarrea, per se, una violencia. Quienes lo usan, no lo hacen con un objetivo gramatical, sino político: dejar en evidencia una estructura social sexista, discriminatoria. Así lo explica el lingüista y lexicógrafo Santiago Kalinowsky.

Proyectos que profundizaron el debate

Esta vez, la polvareda la levantó un proyecto de ley presentado en el Congreso Nacional para prohibir el uso del lenguaje inclusivo en documentos oficiales, escuelas y otros establecimientos educativos. ¿Se puede prohibir algo tan ingobernable como el habla? La contracara de esa pregunta es si se puede imponer.

La iniciativa nacional tiene un antecedente en la Cámara de Diputadas y Diputados de la Provincia de Santa Fe. El 8 de abril, Nicolás Mayoraz, del bloque Somos Vida y Familia, acompañado por Natalia Armas Belavi, Juan Argañaraz y Walter Ghione, presentó una iniciativa para prohibir “el uso en documentos oficiales del comúnmente denominado lenguaje inclusivo”.

La propuesta no prosperó en la Cámara baja provincial. La diputada del Frente de Todos, Lucila de Ponti, cree que no tendrá cabida: “No creo que vaya a tener consenso para ser tratado, porque si bien nosotros no tenemos una disposición para que sea obligatorio el uso del lenguaje inclusivo, siempre se trata de buscar una redacción que manifieste la visibilidad de todos los géneros”. La legisladora del Movimiento Evita subraya que desde la Cámara están yendo “en un sentido inverso a lo que plantea el proyecto de prohibir el uso del lenguaje inclusivo”.

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En la Cámara de Diputados de Santa Fe se presentó un proyecto para prohibir el uso del lenguaje inclusivo en documentos oficiales.

En la Cámara de Diputados de Santa Fe se presentó un proyecto para prohibir el uso del lenguaje inclusivo en documentos oficiales.

De la misma manera, la legisladora más joven, Agustina Donnet, de Igualdad y Participación, consideró que “prohibir el lenguaje inclusivo demuestra una intención de persistir en la discriminación de mujeres, de niñas, de jóvenes, desalentar la comunicación, el empoderamiento. Las políticas y las legislaciones tienen que proponer la igualdad”.

Desde la Universidad Nacional de Rosario, Gaparri subraya que “el lenguaje inclusivo no busca imponer nada, sino que es un respeto a las identidades no binarias en la forma de dirigirnos, pero también el modo de cuestionar el masculino como genérico universal”. Para la RAE, el masculino universal no significa una violencia del lenguaje, pero desde las calles, los feminismos y las luchas lgtbiq alzan las banderas del inclusivo porque consideran que “lo que no se nombra, no existe”.

Gasparri recuerda que los movimientos de mujeres y disidencias sexuales llevan décadas buscando maneras de conmover al lenguaje, para que entren las personas incluidas. “Hará 15 o 20 años era arroba, después fuimos pasando a la x, ahora es la e. Son diferentes estrategias dentro de las posibilidades que nos brinda la lengua. Porque esta es la otra cuestión, dicen que esto es forzado. No es forzado, Estamos justamente jugando con las posibilidades que la lenga da. Ahí hay algo muy interesante también, como una producción colectiva de hablantes que es una búsqueda del movimiento”, dice el especialista en Letras.

Lenguaje inclusivo: más que una moda

Sobre la historia del lenguaje inclusivo, Gasparri rechaza que sea una moda, o esté limitado a los últimos años. “Me gustaría enfatizar que, si bien el lenguaje inclusivo tomó una gran potencia a nivel social, a nivel de discusión social o de agenda social, sobre todo en el 2018, año clave para nuestras luchas feministas sexodisidentes; hay que decir que la cuestión y la reflexión sobre el lenguaje inclusivo viene mucho más atrás, está muy ligada a los movimientos sexodisidentes y para mí, el punto de partida es el cuestionamiento que hace Monique Wittig en los años 80. Hace 40 años”. Monique Wittig fue una filósofa, novelista y activista francesa, autora, entre otros libros de “El pensamiento heterosexual y otros ensayos”.

La lengua es como el agua, encuentra su cauce para meterse en los intersticios, para ir cambiando. Ninguna generación habla igual que la anterior: en su constante movimiento está, justamente, el fluir de la vida. Y entonces, si bien excede la cuestión generacional, allí están las personas más jóvenes para recordar que hablan como quieren. “Para elles es una cuestión que ya incorporan. Más allá de los años que tenemos en el hábito, pero aun así para mí hay algo subjetivo que es un chip que todo el tiempo tengo que ser consciente de estar ahí. Sin embargo, les jóvenes lo tienen con una fluidez maravillosa. Yo creo que ahí está la prueba de que esto realmente está fluyendo y circulando de forma muy genuina”.

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No importa lo que digan las normas o las leyes. De todas maneras, entre los adolescentes y jóvenes el lenguaje inclusivo se utiliza cada vez más.

No importa lo que digan las normas o las leyes. De todas maneras, entre los adolescentes y jóvenes el lenguaje inclusivo se utiliza cada vez más.

Organismos oficiales como la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), el Pami, el Banco Central y el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) incorporaron el uso del lenguaje inclusivo y tomaron recomendaciones de Unesco entre sus fundamentos.

Para Gasparri, los proyectos de ley para prohibir el uso oficial del inclusivo no son inocuos. “En la Universidad tenemos más resguardo, tenemos documentos que nos avalan, pero en otros niveles educativos esto va a tener un efecto muy nocivo, muy restrictivo y muy preventivo para quienes quieren poner a funcionar esto en la enseñanza. Va a ser una afrenta muy violenta”, considera el investigador.

Así como a fines del siglo 19 y principios del 20 hubo reglamentaciones que prohibían el uso del vos en las escuelas, pero no impidieron su irradiación, la lengua seguirá su curso. “Precisamente, como no es nada forzado, no es nada artificioso y en efecto ya circula; como hablantes lo vamos a terminar de establecer y de irradiar por sus propias fuerzas, más allá de las instituciones. Porque esto pasó en cualquier transformación que ha tenido la lengua”, plantea Gasparri.