Las ollas populares están vacías. Las organizaciones sociales no reciben asistencia alimentaria desde que comenzó el mandato de Javier Milei y cada vez son más las personas que llegan a los comedores barriales en busca de un plato de comida a raíz del feroz ajuste económico implementado por el gobierno nacional.
La organización civil La Poderosa, con base en barrio Chalet, es una más de las tantas en la ciudad de Santa Fe que realiza malabares a diario para contener a cientos de familias que están cada vez más empobrecidas.
En diálogo con AIRE, María Claudia Albornoz, referente de la organización, indicó que entregan 1.600 raciones de comida por mes.
“Todos los días viene una persona a retirar la vianda para cenar en familia. La verdad que la situación es muy triste. El 60 por ciento de los que comen en los comedores barriales de todo el país son niños y niñas; también vienen jubilados a retirar comida porque tienen un ingreso pero no les alcanza”, explicó Albornoz en diálogo con Luis Mino.
Además, a raíz de que Nación dejó de mandar insumos, muchos comedores de la zona tuvieron que cerrar y la demanda no para de crecer en el espacio ubicado sobre calle Juan José Paso 3971.
“Muchos comedores tuvieron que cerrar, sobre todo en Varadero Sarsotti, y esas familias necesitan alimentos, entonces se vienen al espacio de La Poderosa para poder garantizar un plato de comida al día”, agregó la referente social.
Sin embargo, el comedor comunitario no es el único espacio con el que cuenta organización para contener a muchas de familias del oeste de la ciudad de Santa Fe en este difícil momento económico que atraviesa el país.
Una cuadrilla de limpieza urbana, una biblioteca popular, un espacio de apoyo escolar para niños y adolescentes, un catering social, una casa para mujeres y disidencias, una cooperativa textil y hasta un lavadero, son algunas de las cooperativas que se engloban dentro de La Poderosa y dan trabajo a decenas de personas en el barrio.
“Somos todos laburantes. Muchas veces nos representan como vagas y vagos que no hacemos nada y, en realidad, en el barrio popular se trabaja mucho, si no estaríamos todos muertos”, indicó Albornoz.
“Trabajamos un montón, cada vez trabajamos más, pero obviamente la situación de inflación y las dos devaluaciones que hemos sufrido hace que esos ingresos no alcancen para comer”, concluyó.
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