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Santa Fe Rubén Rimoldi | Ministerio de Seguridad de Santa Fe | Omar Perotti

Los cambios en seguridad buscan ordenar y darle mayor acción a la policía: el riesgo de hacerlo con un hombre del propio riñón de la fuerza

Según el gobierno, la llegada de Rubén Rimoldi apuesta a reestablecer la verticalidad en la policía. El escándalo de las pintadas en Rosario dejó al descubierto el peligro de que haya un vacío entre los uniformados de la Unidad Regional II. La oposición critica darle el poder político a un comisario general.

El escenario de la violencia permanente en Rosario frente a una policía sin reacción, que como definió un investigador judicial, parece que sólo junta cadáveres en el sur santafesino, generó que el ministro de Seguridad Jorge Lagna fuera desplazado, y con él la jefa de la Policía Emilce Chimenti, también desgastada en el puesto.

Aunque el gobierno evaluaba cambios desde hace tiempo, el detonante de la renuncia de Lagna fue la imagen de una ciudad como Rosario vandalizada por un pequeño grupo ambientalista que pintó la frase “plomo y humo”, conjugada con otras palabras en los edificios públicos más emblemáticos, como la Intendencia, la gobernación y los tribunales, entre otros.

Los grafitis dejaron al descubierto lo que muestran las llamadas balaceras, que nadie pudo parar hasta ahora. Ratifican esa sensación de que en la ciudad más grande de la provincia se puede hacer cualquier cosa, que nadie lo va a impedir, a pesar de que Rosario es la ciudad con mayor cantidad de efectivos de fuerzas de seguridad: hay 760 gendarmes de manera permanente –un total de 3.700 en la provincia, según el comandante Ricardo Castillo, a cargo del operativo Rosario- y 4.500 efectivos de la policía.

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En la asunción de Rimoldi, el gobernador Omar Perotti volvió a reclamar una mayor presencia de la Justicia Federal en Rosario.

En la asunción de Rimoldi, el gobernador Omar Perotti volvió a reclamar una mayor presencia de la Justicia Federal en Rosario.

Lagna era un ministro de transición, interino, que duró mucho tiempo, casi un año y cinco meses, en un cargo para el que no estaba preparado. Y en este último tramo de su gestión tampoco estuvo acompañado por funcionarios que lo ayudaran a demarcar líneas de acción que pudieran mostrar mejores resultados.

La seguridad fue la piedra en el zapato de la gestión de Omar Perotti, que había depositado en Marcelo Sain al inicio de su administración la mayor apuesta, y al que respaldó hasta que renunció en marzo de 2021, desgastado por el ruido permanente de su personalidad política, más que por los alcances de su estrategia contra la violencia y la inseguridad.

Germán Montenegro, hombre del riñón de Sain, era uno de los elegidos para asumir al frente de esa cartera, pero el escándalo que generó la causa de espionaje ilegal, que nunca llegó a cristalizarse en una imputación, sacó de juego a los funcionarios que habían llegado con el exjefe de la PSA.

Desde ese momento, el Ministerio de Seguridad navegó casi a la deriva, con una jefa de la fuerza como Chimenti que no pudo ordenar a la policía ni darle capacidad de reacción y operatividad frente a situaciones disímiles en el mapa provincial. En la ciudad de Santa Fe mejoró el desempeño de la seguridad, mientras que Rosario sigue sin solución, con índices de violencia que rememoran el estallido de la crisis de seguridad de hace una década, cuando el problema le estalló al socialismo y no tuvo reacción, al confiar en sectores oscuros de la fuerza.

Rimoldi se fue de la policía antes de que estallara la llamada guerra narco, que rompió la estructura y la conducción clásica de la policía. Se gestaron sectores internos alineados con las bandas criminales

Perotti decidió el martes cerrar el capítulo de Lagna. Desde hace varios meses el ministro de Gestión Marcos Corach había sumado a su staff al comisario general Rubén Rimoldi, un hombre que estuvo al frente de la seguridad en Casilda y ahora asesoraba a la Municipalidad de Las Parejas. Rimoldi es un hombre de una larga experiencia en la policía. Renunció a la jefatura de la Unidad Regional IV, en el departamento Caseros, luego de que Hermes Binner designara a Luis Hek al frente de la fuerza. Fue por una cuestión de escalafón. Rimoldi tenía mayor jerarquía que el nombrado por el Frente Progresista.

Perotti hace una apuesta fuerte al confiar el manejo de la seguridad a un hombre de la propia policía. Hasta ahora nunca se había dado un ensayo de ese tipo, por la postura que había mantenido el socialismo de que la policía se subordine a la política. En realidad, esa concepción fue más teórica que real.

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Las pintadas en Rosario pusieron en foco la falta de acción de la policía en una ciudad atravesada por la violencia y las extorsiones de las bandas narco.

Las pintadas en Rosario pusieron en foco la falta de acción de la policía en una ciudad atravesada por la violencia y las extorsiones de las bandas narco.

Perotti busca, según confiaron a AIRE altas fuentes del gobierno, reordenar la policía, dotarla de su perfil histórico de verticalidad en la conducción. Creen que Rimoldi podría cumplir con esa consigna, seguido de cerca por los funcionarios políticos. El gobernador cree que la situación actual es diferente, que con la incorporación de patrulleros nuevos y de mayor tecnología que se licitó, hace falta alguien que le imponga mayor compromiso a la policía, que la ordene y la dote de acción.

La palabra clave es “verticalidad”; es decir, capacidad de mando sobre la policía. El problema de la violencia en Rosario, con 796 denuncias de extorsiones en el primer semestre, supera ideas simples. La situación está al límite, porque aparecen síntomas de un descontrol en ascenso.

El gobernador rechaza la crítica de la oposición, sobre todo del socialismo, que cuestiona que se le de la llave de la seguridad pública a un hombre que proviene de la policía. Rimoldi perteneció a la policía, según la visión de Perotti, hasta 2008 y después se capacitó en seguridad y nuevas tecnologías. Pero se lo convocó para ordenar la tropa policial. Su alfil a cargo de la policía de Santa Fe será Miguel Ángel Oliva, un hombre respetado dentro de la estructura policial, pero que también pertenece a otros tiempos, en el que la calle mostraba problemas más benignos.

Ese es su único atributo para llegar al cargo de ministro. Rimoldi se fue de la policía antes de que estallara la llamada guerra narco, que rompió la estructura y la conducción clásica de la policía. Se gestaron sectores internos alineados con las bandas criminales. Las dos causas más emblemáticas, como la de Los Monos y la de Esteban Alvarado, muestran de forma clara cómo cada organización narcocriminal financió su sector leal dentro de la policía.

Cambiar la matriz corrupta de la policía sin una reforma de la fuerza parece complejo.

Había policías que combatían a la banda contraria a la que pertenecían, como ocurrió con la División Judiciales, que era de Alvarado y perseguía a Los Monos. Desde ese momento, esa atomización dentro de la policía siguió escalando y provocó un desorden de corrupción que parece hoy difícil de depurar, sin una reforma integral.

El búnker que está detrás de la jefatura de Rosario, que manejaba hasta hace dos meses el prófugo Claudio Morocho Mansilla, que fue recapturado tras escapar de Piñero, recauda 1.500.0000 pesos por semana, o uno de los kioscos de drogas más antiguos de Rosario en Chacabuco al 4100, en el barrio La Tablada, que hoy maneja Alan Funes y su pareja, derraman una cantidad de dinero que alimenta la violencia que se hizo endémica, pero que sectores de la policía gerencian desde hace tiempo. Cambiar la matriz corrupta de la policía sin una reforma de la fuerza parece complejo.

Rimoldi llega para ordenar el desquicio en el que se transformó una policía que desde hace una década no enfrenta al delito, sino que está cómoda siendo socia de los criminales que desangran una ciudad como Rosario, donde las pintadas “plomo y humo” sólo expusieron que puede reinar un caos mayor.