Crisis del transporte en Santa Fe: una ecuación que no cierra
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El sistema de transporte público atraviesa lo que los empresarios definen como una “tormenta perfecta”. A la histórica discusión por la tarifa se sumaron en las últimas semanas nuevos factores que agravaron la situación.
El combustible, principal insumo del sistema, registró un incremento cercano al 35% en apenas un mes. A esto se suma un acuerdo paritario del 18% en cuatro meses y el atraso en el pago de subsidios nacionales destinados a atributos sociales.
El resultado es un déficit millonario que las empresas aseguran no poder sostener.
Tarifas atrasadas y subsidios que no llegan
Víctor Zavagna, representante de Autobuses, explicó que el reciente aumento del boleto en la ciudad quedó por debajo de los costos reales del sistema.
Mientras la tarifa técnica rondaba los 2.100 pesos, el valor fijado fue de 1.720, lo que dejó un rojo estimado de 500 millones de pesos mensuales. A esto se suma otro problema clave: los fondos nacionales destinados a subsidiar el boleto de sectores vulnerables no se están pagando en tiempo y forma.
“No cobramos desde enero”, advirtió Zavagna, marcando el impacto directo en las finanzas del sistema.
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El impacto directo del servicio en los usuarios
Hasta ahora, las empresas sostuvieron el servicio absorbiendo los aumentos, pero advierten que ese escenario llegó a su límite. “Lo inminente es la reducción y acomodar el servicio en función de los recursos disponibles”, afirmó Zavagna.
La frase sintetiza el momento crítico: si no aparecen nuevas fuentes de financiamiento, el ajuste se trasladará a la frecuencia y disponibilidad de los colectivos.
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Maiquel Torcatt / Aire Digital
La reducción del servicio aparece como la única variable de ajuste posible.
Crisis del transporte en Santa Fe: un sistema al borde del colapso
El sistema actual moviliza cerca de 150.000 pasajeros diarios y recorre unos 40.000 kilómetros por día, lo que da cuenta de su importancia estructural. Sin embargo, según advierten desde el sector, el margen de ajuste es cada vez menor. La reducción ya no sería parcial, sino que podría afectar de manera significativa la prestación.
“Va a llegar un momento en que prácticamente no va a haber servicio”, alertó el empresario.
Frente a este escenario, las empresas insisten en la necesidad de una respuesta urgente por parte del Estado, ya sea a través de subsidios, compensaciones o esquemas alternativos de financiamiento.
El planteo es claro: o el costo lo absorbe el usuario mediante un nuevo aumento, o el Estado interviene para sostener el sistema.
Mientras tanto, la situación ya está planteada. Sin medidas concretas, la reducción del servicio será inevitable.