Embed - Especial Colon Marga Hernan
A diferencia de muchos, que heredan un equipo de fútbol como una cuestión familiar, Marga no llegó a Colón por tradición. Fue otra cosa. Fue un sentimiento que se fue construyendo con el tiempo, con la ciudad, con la cancha y con la gente.
Nacida en la provincia del Chaco, llegó a Santa Fe a los 30 años, en medio de circunstancias difíciles. Trabajó en casas de familia, crió a sus hijos y salió adelante. En ese camino también encontró un lugar de pertenencia.
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“Santa Fe se levantó, y eso me llamó la atención”, le explica a AIRE, buscando poner en palabras algo que, en realidad, es más cuestión de sentimientos. Y otra vez se lleva la mano al corazón, mientras afirma que "Colón es todo: te abraza y te llena" y asegura que no se pierde ni un partido de local.
De Chaco a Santa Fe, donde nació una pasión
Su vínculo con Colón empezó cuando ya tenía más de 30 años y era madre de dos hijos. Fue entonces cuando pisó la cancha por primera vez. Después vendrían otros hijos, más responsabilidades y una vida cargada de trabajo y esfuerzo. Pero hubo algo que nunca dejó de lado.
“Siempre fui. Por ahí dejé de ser socia porque las condiciones no daban, pero volví. Siempre se vuelve”, cuenta. Esa frase resume bastante bien su historia con Colón. Porque incluso en los años más difíciles, nunca dejó de estar.
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Entre camisetas, recortes y banderas, La Marga guarda en su casa buena parte de su historia junto a Colón.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Primero fueron los tablones. Después, con el paso del tiempo, llegaron las tribunas nuevas, el estadio remodelado y otras comodidades. Hoy sigue los partidos desde la platea Este a pedido de sus hijos, que buscan que Marga pueda disfrutar "sin sobresaltos". Ella acata el pedido, pero no muy convencida: su lugar preferido es la Popular Norte, y le brillan los ojos cuando lo cuenta.
“A mí me gusta ir sola. Me gusta ser yo. Todo lo que hago, es mío. Es Colón”, cuenta mientras toma un mate con la estrella impresa, rodeada de imágenes que eligió cuidadosamente para la ocasión. En la repisa, las fotos de los que la acompañaron en este camino. En la mesa, las imágenes de jugadores que hicieron historia en Colón.
A un costado del comedor, un telón rojo y negro descansa sobre un sillón de varios cuerpos. Solo dice "La Marga", pero esta sabalera advierte que la leyenda de la bandera está incompleta. Siembra una duda que va a develar más adelante, cuando termine de entrar en confianza.
“Hoy juega Colón”: una rutina que no se negocia
Los días de partido tienen su propio ritual. La Marga se levanta temprano, saca su bandera a la vereda, se viste con ropa rojinegra, se saca una selfie y se la manda a sus hijos. El mensaje siempre es el mismo: hoy juega Colón.
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“Yo veía en Cristian Castillo el sentimiento hacia Colón”, dice La Marga sobre uno de los jugadores que más la marcaron como hincha sabalera.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Ese día no hay otro plan posible. “Ellos saben que ni me traen nietos, ni cocina, ni nada. Juega Colón”, cuenta, y asegura que en su casa lo entienden perfectamente. Saben que no hay cumpleaños, reunión familiar o compromiso que esté por encima de un partido del sabalero.
Una vez, incluso, dejó un cartel para sus hijos el Día del Padre: “Es día del padre, pero juega Colón. El papá con sus hijos; La Marga con Colón”. Así de simple, sin vueltas.
Viajar como sea, pero estar
Pero su historia como hincha no solo se circunscribe al estadio Brigadier López, también está hecha de rutas. A su marido - ese que en la primera cita la dejó plantada porque jugaba Colón y ella todavía lo recuerda muy bien-, "no era de viajar" así que Marga fue haciéndose amigos en el camino para recorrer casi todas las canchas del país siguiendo a Colón.
Le faltan muy pocas para completar la lista. También cruzó fronteras y estuvo en Paraguay y Chile acompañando al equipo.
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Un beso a la estrella que tan feliz la hizo a ella y a todos los hinchas de Colón el 4 de junio de 2021.
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Siempre encontraba la manera. En micro, en auto, con amigos, con otros hinchas, con lo justo o improvisando sobre la marcha. “A las cuatro de la mañana ya tenía el bolsito en la puerta”, recuerda.
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Una vez viajó 18 horas en un colectivo que se paraba porque se quedaba sin agua. Otra vez salió a Buenos Aires sobre la hora para ver un partido contra San Lorenzo y llegó justo al inicio. No importaba cómo, importaba estar.
La familia que también le regaló Colón
En la cancha encontró mucho más que fútbol. Encontró amistades profundas, vínculos que con el tiempo se volvieron familia. La más importante fue la que construyó con María Cóceres, una compañera de tribuna y de viajes.
“Es una hermana”, dice. Se conocieron alentando a Colón y desde ahí compartieron años de cancha, salidas y aventuras. “No nos atajaba nadie”, recuerda entre risas.
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Margarita y María, su amiga y compañera de ruta para seguir a Colón a todos lados.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Ese es otro legado que le dejó el club: la gente. Compañeros de tribuna, amigos de ruta, caras conocidas que fueron creciendo con el paso de los años y siguen formando parte de su vida.
El día que tocó el cielo con Colón
De todos los recuerdos que guarda, hay uno que está por encima del resto: esa primera estrella, el 4 de junio de 2021. “No sabía si llorar, abrazar o qué hacer”, cuenta.
La emoción fue tan grande que todavía hoy le cuesta ponerla en palabras. Era el sueño que había esperado durante años. Partido tras partido. Temporada tras temporada. Y finalmente llegó.
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Su recuerdo más triste, en cambio, es reciente: el descenso. No solo por el golpe deportivo, sino por la sensación de tiempo. “Los jóvenes lo van a ver ascender. Yo ya soy grande”, dice. Aunque enseguida se corrige y vuelve a aferrarse a lo único que conoce: la esperanza. “Yo lo quiero ver en Primera”.
La bandera todavía tiene una frase por completar
Y es en esa última frase donde está la clave que permite revelar el secreto de esa bandera sin terminar. Esa bandera que le regalaron sus hijos como una ofrenda que le dé felicidad después de que partió su compañero de vida.
Por ahora, en esa tela hay apenas dos palabras: “La Marga”. Nada más. A simple vista pareciera que no necesita nada más, pero para Margarita esa bandera todavía no está terminada.
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La Marga, bandera en mano y una promesa pendiente detrás.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Le falta una última línea. Le falta completar la frase que hace años guarda en el corazón: “La Marga... es de Primera”.
No quiere escribirla antes. Prefiere dejarle ese espacio vacío al destino, como una promesa íntima hecha con la misma fe con la que recorrió rutas, soportó derrotas, celebró alegrías y nunca dejó de estar.
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La Marga tiene decidido cuándo va a terminar esa bandera: el día que su mayor anhelo se haga realidad, y Colón vuelva a la máxima categoría del fútbol argentino.
Recién entonces, cuando Colón regrese al lugar donde siente que pertenece, pintará las tres palabras que faltan. Y esa bandera, como su historia, quedará completa.