lunes 24 de enero de 2022
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Día Mundial contra el trabajo infantil: la desigualdad marca la infancia en Santa Fe

Según un estudio reciente de Unicef y el Ministerio de Trabajo de la Nación, el 46% de niñas, niños y adolescentes que trabajan en la Argentina comenzó hacerlo en la pandemia. La crisis económica y la pérdida de la escolaridad presencial son algunas de las razones de este aumento.

Algunas niñas pasan el día jugando, mirando la tele, haciendo la tarea de la escuela. Otras, cuidan a sus hermanos menores, se ocupan de su casa, trabajan como empleadas domésticas en otras casas, salen a “pedir”. Algunos niños juegan todo el día, tienen una playstation, se la pasan entre la clase de inglés y la de fútbol. Otros niños cartonean, hacen changas, limpian los parabrisas de los autos en los semáforos.

El derecho al juego, la recreación, el esparcimiento y la educación forman parte de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que también plantea su derecho a no trabajar. Sin embargo, las desigualdades marcan las infancias: en la provincia de Santa Fe, según las mediciones oficiales, en el segundo semestre de 2020, un 57,7% de las personas menores de 14 años eran pobres. Una cifra que en el primer semestre fue del 53,3%. La pandemia tuvo un efecto devastador: según una encuesta realizada por Unicef y el Ministerio de Trabajo de la Nación, entre los adolescentes de entre 13 y 16 años, “un 16% contestó que realizaba tareas laborales orientadas al mercado. Entre quienes trabajan para el mercado, un 46% indicó que no lo hacía previo a la cuarentena”.

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Un estudio del 2016/17 determinó que uno de cada diez niños y niñas de entre 5 y 15 años hacía trabajo infantil, y tres de cada diez adolescentes de entre 16 y 17.

Un estudio del 2016/17 determinó que uno de cada diez niños y niñas de entre 5 y 15 años hacía trabajo infantil, y tres de cada diez adolescentes de entre 16 y 17.

Desde las organizaciones que organizan y acompañan a los sectores populares, la vivencia cotidiana confirma las encuestas. “Hay más pibes, en el sector cartonero, que venían abandonando la actividad. Ahora, ves niñes de once, doce, trece, tirando del carro”, dice Victoria Clérici, del Movimiento de Trabajadores Excluidos de Rosario, con lenguaje inclusivo. Entiende que “tiene que ver con el hambre y la miseria” pero también observa que “la pérdida de la escolaridad ha sido un quiebre”. En la realidad diaria, “la educación virtual no existe en los barrios populares, si bien los docentes hacen un esfuerzo en hacerles llegar la tarea”. Por eso, esta referente comunitaria tiene en claro que “no solamente se juega la variable económica, también lo que significa la escuela como momento de contención del tiempo de la vida de estos niños”.

Es que muchas niñas y niños viven en hogares donde no hay tecnología, espacio físico, ni siquiera alimentos. “El único lugar de referencia es la familia y no el hogar, como un lugar que te permite estar, donde vos podés desarrollar tu vida en pandemia sin salir a la calle porque tenés la tecnología, tenés el morfi. Por eso se pensó en el cuidado comunitario, el estar en la calle, porque la gente en el barrio se levanta y sale a la calle, los chicos salen a la calle, no pueden estar en su casa porque no hay lugar”, describe.

El 12 de junio es el Día Mundial contra el Trabajo Infantil y 2021 es el Año Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil. ¿Podrá hacerse realidad en un contexto de inflación, donde los programas de transferencias de ingresos como la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar pierden poder adquisitivo?

Los últimos datos estadísticos disponibles son de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), realizada entre 2016 y 2017. En ese momento, en todo el país, hacían trabajo infantil uno de cada diez niños y niñas de entre 5 y 15 años, y tres de cada diez adolescentes de entre 16 y 17.

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La pobreza infantil y un dramático cuadro social en medio de la pandemia.

La pobreza infantil y un dramático cuadro social en medio de la pandemia.

En otro barrio de Rosario, Nuevo Alberdi, Nora Leiva lleva adelante el comedor comunitario La Luz. Es militante del Movimiento Evita, tiene nueve hijos y 27 nietos. “Soy referente barrial, hace 20 años que vivo en el barrio. La problemática de los chicos que trabajan es bastante grosa, ahora con la pandemia se agudiza más. Como no pueden ir a la escuela, y con las dificultades para tener la plata día a día, los chicos salen a la calle. Muchos son cartoneros, trabajan de changarines, de ladrillería. Son trabajos pesados para su edad, pero lo tienen que hacer, porque muchas veces viven solos con sus mamás, y ellas cobran el Alimentar, pero no les alcanza”, dice Nora. En su relato, el trabajo adolescente aparece como una opción.

“Ellos te dicen que prefieren ir a changuear que no estar soldadeando en un búnker”, relata Nora. La pandemia restó también posibilidades de otras actividades. “Antes, los chicos, podían ir a los clubes del barrio. Ahora, con la pandemia, no pueden hacer nada. Tienen que estar en la casa, con la tele, el celular, y los que salen a la calle, van con un carrito a cirujear. Hay chicos muy chiquitos pidiendo en semáforos. Igual que mamás que salen a pedir con sus hijos”, dice la referente.

La dirección provincial de Promoción del Empleo Digno publicó el informe “Trabajo infantil en la provincia de Santa Fe”, donde se analizan los números disponibles. La EANNA midió regiones, y no provincias. En la región Pampeana, a la que pertenece Santa Fe, el 6,6% del total de niños y niñas en zonas urbanas realizan al menos una actividad productiva, destacándose en primer lugar las tareas domésticas intensivas (3,1%), en segundo lugar, las actividades orientadas al mercado (2,5%) y finalmente las actividades de autoconsumo (1,8%). Para bajarlo a la realidad: las tareas domésticas son no remuneradas.

“En esta área también hay que aplicar una perspectiva de género, porque las nenas quedan al cuidado de los hermanitos y a cargo de las tareas del hogar, y eso es lo mismo en el ámbito rural y urbano, aunque hay diferenciación en otras cuestiones productivas”, expresa la directora provincial de Promoción del Empleo Digno, Fernanda Medina. Los números relevados de trabajo infantil en el área rural son mayores: 19,3% por ciento realizan tareas laborales.

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Los niños que crecen en los hogares más pobres de la provincia tienen enormes dificultades para sostenerse en el sistema educativo en medio de la pandemia.

Los niños que crecen en los hogares más pobres de la provincia tienen enormes dificultades para sostenerse en el sistema educativo en medio de la pandemia.

Medina considera que hay un subregistro en relación al trabajo infantil en el área urbana, si se tiene en cuenta que la pobreza trepa casi al 58%. “Lo abordamos sin una mirada punitiva ni sancionatoria. Entendemos que para muchas familias no hay opciones y creemos en acompañar para transformar. Pero el trabajo infantil en las zonas urbanas está atravesado por otras problemáticas complejas. En Rosario y Santa Fe, se cruza con violencias, adicciones, consumos problemáticos y todo lo que tiene que ver con el narcomenudeo”, describe Medina y recuerda que, por ejemplo, cuando se trata de niños cartoneros, no se apuesta a la fiscalización porque “no hay un empleador”. Una línea es la fiscalización y la penalización de esa práctica, cuando hay un empleador. En el caso de las estrategias de supervivencia de las familias, la mirada cambia totalmente”.

Para la funcionaria, la propuesta pasa por fortalecer y profundizar los Centros de Atención a la Niñez y la Familia. Son lugares donde los niños y niñas reciben cuidados, asistencia alimentaria y les enseñan hábitos, con actividades lúdicas y educativas. Existen 37 en toda la provincia, y la actual gestión planea abrir nuevos.

“Por decisión del gobernador Omar Perotti y del ministro de Trabajo Juan Manuel Pusineri, se va a institucionalizar el Programa ‘Las niñas y los niños primero’, que pone en funcionamiento los Centros de Atención a la Niñez y la Familia (CANyF), con el objetivo de continuar esta política pública de prevención y erradicación del trabajo infantil, pero además jerarquizarla y multiplicarla”, plantea la funcionaria.