A finales de la década del 20’, la ciudad de Paraná no estaba para nada cerca. Para viajar a la capital entrerriana, había que tomar una balsa en el atracadero que quedaba al lado del Club Regatas. El viaje demoraba una hora y cuarenta minutos.
Al principio, la balsa fue toda una novedad pero a los diez años el servicio estaba colapsado: había ocho salidas desde cada ciudad y no alcanzaban. La solución fue sumar una segunda balsa y un nuevo atracadero más cerca de Paraná. El objetivo era acortar el viaje a 50 minutos, pero se tenían que alinear todos los planetas para conseguirlo.
La nueva balsa funcionaba con eje en una cadena que atravesaba el río Colastiné. La idea no funcionó. La misma cadena que en un lago de Escocia duraba años, se cortó a los cuatro meses en el río Colastiné. Cada vez que se rompía, las demoras eran eternas. Era esta segunda balsa, la que dejaba los autos y camiones en la ciudad de Paraná.
A finales de la década del 60’, la inauguración del Túnel Subfluvial y el puente sobre el río Colastiné terminó con la era de las balsas y acercó definitivamente las dos capitales.
Cómo se construyó el túnel subfluvial: imágenes históricas
La obra del túnel subfluvial, que conectó por primera vez la Mesopotamia con el resto del país, es una obra colosal y que le cambió la vida a los santafesinos y entrerrianos.
En el pico de la obra trabajaron más de 2.000 operarios juntos, se colocaron más de 480.000 azulejos y hubo que traer una isla flotante desde Holanda para colocar la mayoría de los 37 tubos que están debajo del lecho del río Paraná.
La obra la llevó adelante un consorcio formado por empresas de Alemania, Italia y Argentina. Comenzó en febrero de 1962 y en los primeros años hubo muchas dificultades para conseguir financiamiento.
Los tubos del túnel son de hormigón, pesan 4.500 toneladas y se construyeron con encofrados en un dique seco. Los primeros cuatro se colocaron del lado de Paraná, y en la costa santafesina se empezó con la construcción de la rampa de acceso al túnel.
También había que construir aliviadores en la ruta nacional 168 y un puente importante sobre el río Colastiné.
El momento más espectacular fue cuando llegó la isla flotante. La trajeron navegando desde Holanda y se utilizaba para colocar los tubos, que se habían construido con encofrados en un dique seco, en el lecho del río.
Cuando se habilitó al público, el 13 de diciembre de 1969, el túnel subfluvial era el más extenso de todo el continente.
Para los santafesinos, la obra tiene un sentido mucho más práctico: se terminaron las demoras para viajar a Paraná, que está a sólo 30 kilómetros. Y se conformó un área metropolitana en la que ahora viven cerca de un millón de personas.
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