Eugenio Kabambi, vocero de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el Congo, confirmó los 60 decesos y destacó la gravedad del brote, que ha afectado principalmente a niños. En respuesta, el gobierno de la RDC ha implementado medidas restrictivas, incluyendo cuarentenas y la detención de desplazamientos en las áreas más afectadas, con el fin de contener la propagación.
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El enigma de la enfermedad
Aunque se han realizado pruebas para descartar enfermedades conocidas como el Ébola y el Marburgo, los resultados han sido negativos. Tarik Jasarevic, portavoz de la OMS, subrayó que, aunque estos patógenos han sido descartados, no se puede descartar la posibilidad de que el brote esté relacionado con otras enfermedades, incluidas las zoonóticas, aquellas que se transmiten de los animales a los humanos.
Un factor alarmante es el consumo de murciélagos por algunos de los niños fallecidos antes de enfermarse. Este tipo de animales son conocidos por ser portadores de virus que afectan a los seres humanos, lo que ha generado especulaciones sobre un posible vínculo entre el brote y estas criaturas.
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La enfermedad está afectando puntualmente a niños.
Una crisis sanitaria en un contexto de pobreza extrema
El brote se desarrolla en un contexto de vulnerabilidad, ya que el país ha enfrentado décadas de crisis políticas, sociales y sanitarias. Según el Banco Mundial, más del 60% de la población congoleña vive en pobreza extrema, y aproximadamente uno de cada doce niños muere antes de cumplir los cinco años. Además, alrededor del 40% de la población padece desnutrición crónica, lo que agrava aún más la situación.
A pesar de estos desafíos, el país y las organizaciones internacionales continúan sus esfuerzos para descubrir el origen de la enfermedad y mitigar su impacto, mientras se mantiene la incertidumbre sobre su causa exacta.