Ya en la antigua Grecia se cocinaban membrillos en miel, pero en cualquier caso, desde hace centenares de años que la cocción de los frutos con azúcar garantiza la conservación de la cosecha que la comunidad o la familia no alcanzan a consumir en temporada. Si durante siglos se usó como técnica de conserva, ¿para qué necesitará aditivos?
El dulzor de la mermelada baja en calorías -que se supone saludable- se logra con edulcorantes sintéticos, que ya tratamos en estas páginas. El dato alarmante: la enorme mayoría utiliza aspartamo, cuyos efectos sobre la salud siguen generando controversias entre la industria y los científicos independientes.
Para estirar el tiempo de permanencia en la góndola, la industria utiliza principalmente dos conservantes polémicos: el benzoato de sodio (E-211) y el sorbato de potasio (E-202), que según la Organización Mundial de la Salud, genera en algunas personas reacciones alérgicas, urticaria, asma, rinitis, entre otras linduras. No les des nunca estas mermeladas a tus mascotas: el E-211 puede ser mortal para perros y gatos.
La legislación europea obliga a las empresas a señalar en la etiqueta el porcentaje de fruta que contiene cada frasco. En Argentina, no, de manera que una mermelada puede llegar a tener menos del 8% de fruta. ¿El resto? Saborizantes, colorantes y gelificantes.
Fuente: Brando


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