La crisis de la adolescencia atraviesa a toda la sociedad y se expresa en episodios de violencia, aislamiento y angustia. Especialistas advierten que no se trata de hechos aislados, sino de síntomas de época que interpelan directamente a los adultos.
El caso de violencia escolar en San Cristóbal reabrió un debate que va mucho más allá de un hecho puntual. Para el magíster en Salud Mental Diego Preziuso, lo que está en juego es una transformación profunda en la subjetividad de los jóvenes.
La adolescencia, explicó por AIRE en diálogo con Ahora Vengo, es una etapa de reconfiguración donde se redefinen valores, identidades y vínculos. Pero hoy ese proceso ocurre en un contexto distinto.
Las figuras tradicionales de autoridad están debilitadas.
Crisis de la adolescencia: del cuestionamiento a la indiferencia
A diferencia de otras épocas, donde predominaba la rebeldía frente a los adultos, hoy el escenario cambió. “Ya no hay confrontación, hay indiferencia”, sostuvo Preziuso, al describir una actitud donde las normas pierden valor.
Familia, escuela, política e incluso lo religioso dejaron de funcionar como referencias sólidas, generando un vacío en la construcción de límites. El problema ya no es discutir la autoridad, sino que dejó de importar.
Crisis de la adolescencia: una sociedad que empuja al exceso
El contexto cultural también juega un rol clave. La sociedad actual, marcada por la inmediatez, promueve la satisfacción constante.
El mandato de “ser feliz” sin esfuerzo convive con un fuerte individualismo. En ese escenario, el otro pierde relevancia y se debilitan los lazos sociales.
La consecuencia es una mayor frustración y respuestas impulsivas ante el malestar.
Crisis de la adolescencia: el desafío de los adultos
Frente a este panorama, el especialista fue claro: la responsabilidad es colectiva. Familias, escuelas, Estado y medios deben asumir un rol activo.
También cuestionó los discursos sociales cargados de agresividad, que impactan directamente en los jóvenes. “No hay una receta, pero sí una obligación: escuchar”, resumió.
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Frente a este panorama, la responsabilidad es colectiva. Familias, escuelas, Estado y medios deben asumir un rol activo.
Como alternativa, Preziuso propuso cambiar el enfoque cultural. Frente a lo que definió como una “sociedad de la mortificación”, planteó avanzar hacia una lógica basada en el cuidado.
La clave está en reconstruir los vínculos desde la empatía, la escucha y el respeto. Una “cultura de la ternura” que permita volver a reconocer al otro como semejante.
Crisis de la adolescencia: la escuela en el centro del debate
La escuela también enfrenta desafíos inéditos. La irrupción de la tecnología, la incertidumbre sobre el futuro laboral y la pérdida de autoridad generan tensiones en su rol.
Hoy, muchos adolescentes se preguntan para qué sirve la educación en un mundo cambiante. El desafío es recuperar el sentido del encuentro y la construcción colectiva, más allá de los contenidos.