miércoles 28 de octubre de 2020
ROSARIO |

Los audios del conductor que corría picadas en Rosario, mató a más de 130 km por hora y pasará 8 años en la cárcel

Lo acusaron de homicido simple con dolo eventular por haber chocado contra la camioneta de Fabián Cragnolino, quien murió en el accidente. Era habitual que se grabara con el celular mientras corría picadas a toda velocidad por las calles rosarina.

Mientras corría picadas por la avenida San Martín de Rosario a más de 130 kilómetros por hora, Gastón Abraham Dlugovitzki embistió con su auto y mató a Fabían Cragnolino, el 6 de marzo de 2019. El acusado del conmocionante siniestro vial fue condenado esta semana a ocho años de prisión efectiva y diez de inhabilitación para conducir vehículos bajo la inusual figura del homicidio simple con dolo eventual. Para el Tribunal, era habitual su conducción temeraria.

Para la Justicia, el homicidio simple con dolo eventual se aplica cuando una persona tuvo que haberse representado que al realizar una determinada maniobra podría ocasionar la muerte de alguien, y pese a ello no le importó, continuó y no hizo nada para evitarlo.

Esta aclaración se hace a los fines de entender el componente psicológico “subjetivo” de lo que pudo imaginar el conductor del auto al momento de un siniestro vial, es lo que está en tensión jurídica cuando se analiza el dolo (intencionalidad) eventual.

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Para los amigos y familiares de Fabián Cragnolino, el fallo tuvo sabor a poco.

Para los amigos y familiares de Fabián Cragnolino, el fallo tuvo sabor a poco.

Esa interpretación difiere del encuadre legal que se impone a personas por una acción imprudente, por negligencia o impericia, que también pueden derivar en una muerte pero sin intención. Son los homicidios culposos como se encuadra a la mayoría de los accidentes viales con resultados fatales.

Bajo la figura penal del homicidio simple con dolo eventual (artículos 79 y 45 del Código Penal) quedó encuadrada la conducta de Gastón Abraham Dlugovitzki, el joven de 23 años condenado esta semana a 8 años de cárcel efectiva por provocar la muerte de Fabián Cragnolino el 6 de marzo del año pasado.

El acusado corría picadas con habitualidad, se grababa y ufanaba públicamente de ese temerario modo de conducir, con total desprecio por las normas. Justamente el día del siniestro también corría una carrera con otro auto por avenida San Martín al mando de un Ford Focus, a más de 120 kilómetros por hora, y embistió la camioneta de la víctima.

El hombre fallecido tenía 43 años, era casado, padre de tres niños pequeños y estimado entre sus familiares y amigos. Como era de esperar, su muerte causó dolor e indignación, y reavivó el debate en torno a las penalidades en este tipo de casos.

Los audios son una ostentación

Los jueces destacaron 36 audios que Dlugovitzki compartió con su entorno 11 días antes del siniestro. Según el veredicto, esa prueba demostró la habitualidad de su conducción peligrosa y temeraria. En esta nota se transcriben varios de esos registros, que la jueza María Isabel Más Varela enumeró el martes cuando dio a conocer el fallo condenatorio en el Centro de Justicia Penal de Rosario (CJP).

Cuando Más Varela leyó el veredicto aclaró que la principal controversia durante el debate fue determinar si la conducta de Dlugovitzki era culposa o dolosa y ese “elemento subjetivo”. Y aclaró que, aunque esas cuestiones psicológicas no son observables “no significa que no sean verificables”.

Y en ese sentido destacó los 36 audios producidos en un lapso de 11 días anteriores al hecho. El imputado refiere a numerosas circunstancias que hace a su modo de conducir. “Son una ostentación de lo peligroso y temerario de su manejo”, detalló la jueza.

Así manejaba el conductor que chocó y mató en San Martín y Garibaldi

Por cualquier calle, a 200 kilómetros por hora

Pasó a citar entonces la transcripción de esos chats recuperados del teléfono acusado. “Lo máximo que anduve en la calle fue 200 clavado (kilómetros por hora), sin frenar en ninguna esquina”, recordó la jueza que manifestó el acusado.

O cuando refiere que llevó su perro en el auto. “Me llevé a las picadas al perro, iba manejando con una mano, y tenía el perro con el collar...fue genial. Me acuerdo que había ido por San Martín, viste, al palo”.

Para el Tribunal esas expresiones exceden lo que podría considerarse como un disfrute por la velocidad, de por sí censurable, porque en realidad lo que se advierte es que asumen “lo riesgoso como algo atractivo”.

El orgullo por la conducción temeraria de Dlugovitzki se consagra en otro audio que manda a un amigo. “Lo puse a uno arriba (un acompañante). Y me dice: la concha de tu madre, hijo de puta, vamos a 200 rozando espejos. La puta que te parió, encima le daba con toda. Pasaba más o menos un dedo, medio dedo de los autos estacionados. Y del otro lado casi me comí el cantero. Pasé el cantero por el medio, re guazo”.

En otro chat comenta que tomó “todo contramano por (calle) Gálvez...Y ahí fue cuando clavé 2 gambas 30 (por 230 kilómetros por hora). Cruce Ayacucho sin frenar, venían los autos de los dos lados. El chabón clavó los frenos. Iba con Maxi arriba que me decía «vos estás loco»”.

Esa evidencia permitió entender cómo se asumía y lo reconocía su entorno. “Me voy a correr solo. Lo busco al Maxi, ha no...a Maxi no le dejan salir más conmigo los padres. Es verdad, es muy peligroso, corro muy fuerte, me encanta correr bajo la lluvia, muy zarpado”.

Y se ratifica con otro comentario que la Fiscalía volcó como prueba. “La gente debe decir que este es psicópata, ¿cómo anda así por las calles? Yo no te freno en una esquina, estoy yendo a 100. Subiste al auto con alguien así de enfermo como yo”, le pregunta a un interlocutor.

Sin miedo a morir, ni a matar

Al analizar esa elementos el Tribunal estimó que “no hay que ser especialistas para advertir que el imputado considera ser peligroso al volante como un atributo que lo enorgullece".

“Entra la parte agrandada, no freno en ninguna esquina. O paso de 120 a 140 rozando espejos, y eso es porque no le tengo miedo a la muerte. Si me muero, me muero, sonó agrandado pero no hay nadie como yo en ese sentido”, dice textual Dlugovitzki a su entorno.

En el veredicto, cuyos fundamentos se conocerán la semana próxima, se adelantó que “ese desprecio por las consecuencias quedó en evidencia cuando dice: “Le pegué al palo por Oroño, no me importa nada”. Y en otro audio donde ostenta. “Tengo que estar seis y media...ahora paso todo en rojo y a la concha de su madre”.

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La viuda de Fabían Cragnolino junto a la fiscal del caso.

La viuda de Fabían Cragnolino junto a la fiscal del caso.

También queda demostrado cuando se enorgullece. “Que bueno está ir a 130 sin frenar, tengo que ir bajando a 100, la puta madre, por estas forras que se cruzan caminando con un perro”...“Eso era correr, ir por Mitre a 130 sin parar”.

Durante el juicio se pudo demostrar la mecánica del accidente con cámaras, testimonios y pericias, a través de las cuales se constató que circulaba a casi 130 kilómetros por hora cuando atropelló a Cragnolino, y esa repudiable postura que lo colocó como un homicida al volante.

Dlugovitzki era una bomba de tiempo para sí y para terceros. “Arranco al palo y se me cruza una Partner (utilitario). Más o menos venía a 150, y se me cruza y aceleré, y pasé justo por arriba de una veredita por las columnas, casi nos la re damos”, expresaba con llamativo nivel de inconsciencia.

En el fallo también se describió un anticipo de lo que finalmente ocurrió el 6 de marzo de 2019. Se trata de un video donde Dlugovitzki se filmó minutos antes del año nuevo de 2018 conduciendo por avenida San Martín a gran velocidad. La aguja del velocímetro se clavó en 160 kilómetros por hora. Luego lo subió a su Facebook.

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Así quedó la camioneta de Fabián Cragnolino luego del choque.

Así quedó la camioneta de Fabián Cragnolino luego del choque.

Se creía Toretto

La habitualidad de esa conducta se ratificó con testimonios de vecinos del joven, como el kiosquero de la esquina de su casa. “Le decía bajá la velocidad pero no hacía caso…Lo bauticé como Toretto (Dominic Toretto, personaje interpretado por Vin Diesel en el film Rápidos y Furiosos, donde se hace un culto a la velocidad). Y él decía «yo soy Toreto»”.

Los jueces ponderaron esos audios como “útiles para demostrar el posicionamiento del imputado en el modo de considerar a su automóvil y la conducción, construyendo a partir de ello su identidad”, consustanciado con “un conductor temerario, que por propia definición lleva riesgos a su propia persona y a terceros”.

Esa postura subjetiva frente a riesgos potenciales “no era para ignorados, más bien buscados y asumidos”, interpretó el Tribunal, ya que “se nutría de ellos para acrecentar su imagen audaz.

En ese camino se identificó “el propósito banal y narcisista de ser reconocido como un loco al volante en los mensajes que dirigía a su entorno, o volcaba en redes sociales. Seguía la lógica de construcción de una identidad con expectativa de “ser percibido como alguien con determinadas características, una constante en estos tiempos signados por el egocentrismo y el exhibicionismo, llamado cultura selfie”, expone el fallo.

Esta semana también se puso a consideración de la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley donde se contempla la creación de la figura del “homicidio vial” para que se establezcan penas de 8 a 25 años de prisión.

Modo de manejo "irracional"

En este contexto es en el que, según los jueces, debe evaluarse el estado subjetivo, justo al momento en el que imprimió a su auto una velocidad superior a los 120 kilómetros por hora por avenida San Martín la noche del siniestro.

“La finalidad de la acción se direccionó al riesgo. Eso entraña contingencia o proximidad de un daño. Quien asume que podría morir en una colisión, incluye la posibilidad de que otras personas también resulten lesionadas o fallecidas”, explicó Más Varela.

Y fue contundente al remarcar que “estaba dentro de los planes del condenado conducir “de modo irracional en el radio urbano...El destino determinó que quien coincidiera en la encrucijada de San Martín y Garibaldi fuera Fabián Cragnolino, que paradójicamente tenía sobrados motivos para abrazar la vida”.

Homicida vial

Tras esos sobrados argumentos para avalar la hipótesis de la Fiscalía y el encuadre legal, los magistrados diferenciaron la imprudencia consciente (homicidios culposo). “Nos inclinamos por el homicidio doloso”, determinaron al dictar la condena.

Los ocho años de cárcel efectiva impuestos a Dlugovitzki tuvieron sabor a poco para los familiares de Cragnolino, pero sienta un precedente porque su conducta se equipara al homicidio simple, como lo vienen reclamando distintas organizaciones y ONG de familiares de víctimas fallecidas en accidentes provocadas por automovilistas que corren picadas.

Esta semana también se puso a consideración de la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley donde se contempla la creación de la figura del “homicidio vial” para que se establezcan penas de 8 a 25 años de prisión, y los acusados de ese delito atraviesen el juicio en prisión preventiva efectiva desde el momento del hecho.

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