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Política Cristina Kirchner |

Los límites al poder de Cristina Kirchner

En un juego político delicado, Alberto Fernández y Cristina Kirchner miden fuerzas e intentan marcar sus espacios. La semana que termina mostró múltiples evidencias de esta puja.

Mucho se habló (y se escribió) esta semana sobre las tensiones políticas que se viven en el seno de la coalición gobernante a partir de las ráfagas de “fuego amigo” que desplegó el kirchnerismo –con la vicepresidenta Cristina Kirchner a la cabeza- sobre algunas de las últimas políticas del presidente Alberto Fernández. Los episodios ya son conocidos: el primer dardo lo lanzó Cristina Kirchner cuando cuestionó, tácitamente, la convocatoria a los empresarios más importantes del país al acto celebratorio del 9 de Julio que realizó el Presidente.

Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo y exégeta de Cristina, recalentó los ánimos con una carta al Presidente en la que le reprochaba no sólo la reunión con los empresarios sino también con los bloques legislativos de la oposición, el lunes pasado. Luego, otro exponente del cristinismo, el periodista Víctor Hugo Morales, le achacó a Fernández su “giro” en contra de Venezuela por la sistemática violación de los derechos humanos perpetrada por Nicolás Maduro.

La injerencia de Cristina

Esta seguidilla de críticas y reproches del kirchnerismo al Gobierno exacerbó la sensación de que quien lleva las riendas del poder es Cristina Kirchner, quien le marca la cancha a su delegado en el gobierno, Fernández. Es indudable que la vicepresidenta tiene una injerencia insoslayable sobre la gestión, pero la pregunta clave en esta instancia es qué poder real ejerce la vicepresidenta sobre la formulación y la instrumentación de las políticas públicas del Gobierno. Para sintetizarlo en pocas palabras: ¿hasta qué punto Cristina incide en las decisiones finales que adopta Alberto Fernández?

Alberto Fernández se reúne con Diputados por videoconferencia.
El Presidente Alberto Fernández hace equilibrio en las internas del peronismo.

El Presidente Alberto Fernández hace equilibrio en las internas del peronismo.

Para responder a esta pregunta habría que analizar con detenimiento las acciones, pero sobre todo las omisiones en las que incurrió el presidente Fernández en las últimas semanas. Por caso, y por mencionar lo más obvio: pese a las críticas veladas de la vicepresidenta a la performance de algunos miembros del elenco ministerial –Claudio Moroni (Trabajo), Matías Kulfas (Desarrollo Productivo), Marcela Losardo (Justicia) y María Eugenia Bielsa (Vivienda) son los más fustigados por el kirchnerismo-, Fernández evitó hasta ahora hacer cambios en el gabinete. Es más, empoderó a su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero –otra de las víctimas de las críticas cristinistas- con un aumento sustantivo del presupuesto (casi 900 mil millones de pesos sólo en el primer semestre) para asignar a su arbitrio.

Cristina Kirchner tampoco pudo avanzar en la estatización de la empresa Vicentin. La iniciativa, impulsada por la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, se diluyó frente a la acción de los “actores moderados” de la coalición gobernante, que aconsejaron abandonar la estrategia intervencionista del Gobierno para avanzar hacia un plan para conformar una empresa mixta público estatal sin expropiación. El Presidente finalmente optó por seguir la propuesta del gobernador de Santa Fe, Omar Perotti: insistir en una intervención del concurso de Vicentin por vía judicial y conformar una sociedad mixta con cooperativistas y productores que capitalizarían sus acreencias bajo un fideicomiso.

El freno de Massa

El kirchnerismo no sólo ve frustrado su avance sobre Vicentin; en el Congreso, la Cámara de Diputados su presidente, Sergio Massa (quien integra el elenco de los “moderados” del Gobierno), mantiene demorada la creación de una comisión bicameral investigadora sobre la relación crediticia entre la empresa y el Banco Nación, iniciativa fogoneada por el senador ultrakirchnerista Oscar Parrilli.

Massa fue quien, también, logró que la oficina de escuchas judiciales se mantenga en el ámbito de la Corte Suprema, pese a que Cristina Kirchner insistía en que debía retornar a la órbita del Ministerio Público Fiscal.

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Sergio Massa es uno de los dirigentes que insiste que el gobierno transite por

Sergio Massa es uno de los dirigentes que insiste que el gobierno transite por "la amplia avenida del medio".

El presidente de la Cámara baja es uno de los actores clave que propicia que la gestión de Fernández transcurra por la “ancha avenida del medio”, entre el kirchnerismo duro y el macrismo acérrimo; de hecho, fue quien auspició la última videoconferencia entre Fernández y los bloques parlamentarios de la oposición. También, quien puso un freno (por ahora provisorio) al proyecto de ley del kirchnerismo que grava las grandes fortunas, anunciado hace más de tres meses y que todavía no fue presentado. Cristina Kirchner le desconfía pese a que su hijo Máximo, jefe de bloque de diputados del Frente de Todos, mantiene con Massa un excelente vínculo.

Los límites objetivos del poder K

El poder de Cristina Kirchner enfrenta, así, límites objetivos. Si bien mantiene un férreo dominio en el Senado a partir de la mayoría que ejerce el bloque del Frente de Todos, tiene un problema grave: no tiene los dos tercios de los votos en el recinto. Eso le impide, por ejemplo, avanzar en la designación de Daniel Rafecas como nuevo procurador general. Si el Gobierno pretende avanzar en una reformulación de la Corte Suprema y ampliar su número de miembros, Cristina Kirchner tampoco podrá imponer los candidatos de su preferencia: no cuenta con la mayoría agravada que exige la Constitución Nacional para hacerlo.

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Cristina Fernández hace sentir su poder desde el Senado.

Cristina Fernández hace sentir su poder desde el Senado.

Si bien el poder de Cristina afronta límites objetivos, esto no inhibe en absoluto su capacidad de daño. El Gobierno lo padece, no sólo por sus veladas críticas a la gestión sino porque, en el Senado, mantiene demoradas iniciativas clave. Entre ellas el proyecto de ley de economía de conocimiento, un proyecto auspiciado por el ministro Kulfas e impulsado por Massa en la Cámara baja para los sectores de la informática y la tecnología. Sin embargo Cristina, obsesionada en su enfrentamiento con las “grandes corporaciones”, lo tiene guardado bajo siete llaves en un cajón del Senado.

El conflicto está latente. Para evitar que la sangre llegue al río Fernández debe hacer piruetas. Mucho más aún cuando enfrenta el desgaste que le impusieron la pandemia y la cuarentena, la irresolución de la deuda y los problemas cotidianos de la sociedad que no dejan ni dejarán de crecer. La opinión pública, sin embargo, no logra construir certezas sobre cuál es el verdadero Fernández. La ambigüedad y las contradicciones refuerzan las dudas.

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