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Política Salario | precios | Paritarias

La base para las paritarias 2022: 40% con cláusula gatillo

Con una inflación anual que rondaría el 40%, según el Ministerio de Economía, el desafío de 2022 es prolongar el crecimiento e impulsar la recuperación de los salarios. Los gremios quieren un 10 o 15% adicional en febrero para cubrir lo que perdieron en 2021 respecto a la inflación.

En 2020 los salarios registrados públicos y privados promediados perdían contra los precios por 2,3%, acumulando una caída del 20% en cuatro años. A partir de marzo 2021 se inició una recuperación que –con una inflación del 50,9%– les permitió ganarle al IPC por 2 puntos. Con una inflación oficialmente estimada para este año en 40%, ¿cuál será el número clave para les trabajadores cuando ya comienza a latir el corazón de la puja distributiva?

El año pasado fue el primero en que el gobierno de Alberto Fernández puede hacer realidad –por muy poco pero gracias a un enorme esfuerzo del Estado y las centrales sindicales– eso de que “este va a ser el año en que los salarios le ganen a la inflación”. Incluso con una inflación que fue la segunda más alta desde 1991 y la ubica apenas 2 puntos por debajo del índice inflacionario que –entre otros indicadores económicos y sociales de espanto– explica la derrota de Macri en 2019.

Pero está claro que cuando hablamos de inflación promedio, hay rubros de consumo masivo y esenciales que aumentaron muy por encima de ése valor. Según el último informe del INDEC, el rubro Hoteles y Restaurantes experimentó una suba del 65,4%, Vestido y Calzado un 64,6%, Transporte un 57,6% (en Santa Fe acaba de aumentar casi un 40%), Bebidas Alcohólicas y Tabaco un 55,1% y Enseñanza con un incremento interanual del 56,1%.

La decisión de revertir el ajuste en el gasto diseñada y ejecutada por Martín Guzmán en el primer semestre del año pasado para predisponer favorablemente al FMI –junto al pago puntual de u$s 6500 millones en sus dos años de gestión en los que no se pudieron acumular reservas en moneda dura– fue clave para lograr que los salarios activaran las cláusulas gatillo o mesas de debate para actualizaciones por sector, que permitieron que el poder adquisitivo de los y las trabajadoras argentinos comenzaran “a no perder”, lejos del shock redistributivo que reclaman algunos sectores de la propia coalición gobernante pero en sintonía con la promesa de “recuperar la vida que tuvimos y queremos” y que el macrismo precarizó y complicó sin pausa.

Sin presupuesto 2022 –un hecho inédito desde 1983 a nivel nacional y provincial, en una jugada casi calcada o en espejo de las coaliciones opositoras del Frente de Todos– el oficialismo deberá ajustar las principales estimaciones macroeconómicas, que siempre son una desiderata de referencia cuya mayor virtud no es acertar pronósticos sino expresar en cifras las intenciones políticas de un gobierno que luego serán intervenidas por un puñado de variables impredecibles con 10 o 12 meses de antelación. De hecho, en pocos días y luego del rechazo del proyecto en la cámara baja, la cartera económica ya había ajustado –en función del salto del PC en diciembre 2021, el arrastre inflacionario, el estado de las reservas destinadas a proveer dólares para afrontar deudas y financiar el crecimiento industrial y las complicaciones en el acuerdo con el FMI- la estimación del 33%. Ahora la inflación rondaría el 40% según el Ministerio de Economía, con la lógica expectativa de achicar la subvaloración de casi 20 puntos, y representa el valor de referencia –nadie en Economía ni Trabajo y Previsión habla de techo, la palabra está cancelada – con el que se comenzarán a discutir las paritarias de éste año, dejando abierta la posibilidad de que en junio o agosto deban reconsiderarse en función de las dificultades manifiestas para acordar pautas estables con una oposición en 2023 que nunca quiso admitir errores ni acordar absolutamente nada, las limitaciones de los controles estatales vía precios cuidados, acuerdos de precios o cupos de exportación (“retenciones” fue la palabra desechada durante todo el año pasado y seguirá en el fondo de la caja de herramientas) y los comportamientos especulativos de los sectores con capacidad para dolarizar sus excedentes y exteriorizarlos, cosa que harán con o sin acuerdo con el Fondo.

Claves 2022: no ajustar, prolongar el crecimiento e impulsar la recuperación salarial

Enero –mes en el que también se gestiona pero con un pie en la arena o el mar- resulta apropiado para detenerse y abarcar el pasado reciente y el futuro probable en materia económica (que la expresión más concentrada de la política). Por eso consultamos desde Aire de Santa Fe a Marco Kofman, investigador del colectivo de investigación económica MATE (Mirador de la Actualidad, el Trabajo y la Economía), una de las usinas estadísticas más sólidas y con sede en nuestra provincia.

“A partir de febrero 2021 hubo una recomposición muy fuerte en el sector privado y luego del sector público, que son los que más atrasados venían y los que más sufrieron en la era de Macri y en los primeros meses de Alberto Fernández” asegura Kofman, para luego valorar que “pese a que todavía faltan los datos salariales de diciembre, para 2021 tenemos una pequeña victoria de los salarios sobre los precios, que es coherente con el contexto de recuperación económica”. Sobre la imposibilidad en éstos 24 meses de recuperar lo perdido durante los cuatro años macristas, Kofman afirma que “con la enorme transferencia de ingresos que hubo desde los trabajadores al capital concentrado, la recuperación del salario real debería haber sido un 25% o 30% más de lo que finalmente fue”.

Sobre la recuperación de los salarios del sector público, el último informe de MATE muestra la siguiente evolución de diciembre 2019 a octubre 2021 (últimas cifras consolidadas):

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Los gremios estatales sin embargo y pese a que el Ministro Moroni prefiere discutir los guarismos para homologar paritarias luego del acuerdo con el FMI, activaron la mesa de diálogo para intentar obtener un 10 o 15% adicional para el mes de febrero, para cubrir lo que estiman han perdido en 2021 respecto de la inflación. (*)

Fuentes de ATE Capital manifiestan que el acuerdo con el fondo va a tener incidencia en las variables económicas pero no puede condicionar la discusión salarial “en realidad estamos 6 puntos debajo de la inflación del año pasado, nos van a ofrecer menos de lo que pedimos seguramente, la idea no es recuperar lo que perdimos con Macri sino empatar o ganarle con éste gobierno”.

Las cámaras empresarias –básicamente UIA y CAME– se basan en el Relevamiento de Expectativas y Mercado (REM) que aseguran certero y estiman que la inflación base para 2022 será del 46% y que las paritarias van a fluctuar entre el 39% y 51% de acuerdo a las rentabilidades diferenciales de cada sector (todes sabemos que en nuestro país esto define lo que denominamos “aristocracias obreras”). Nadie va a querer perder contra la inflación pero eso no puede garantizarse a priori, en UIA saben perfectamente que salvo las Fintech, los aceiteros, los metalúrgicos, mineros o las entidades financieras, lo más probable es que el resto apenas empate o pierda contra la inflación anual.

Para la defensa del poder adquisitivo del salario y contener los precios, una de las claves y herramienta que divide aguas hacia adentro del FDT (la oposición la rechaza en bloque sin contradicciones ideológicas) es la fijación de precios máximos y los controles de la Secretaría de Comercio Interior. La desopilante CGT (que pide un acuerdo rápido y sin ajuste con el FMI y se manifiesta en contra de Precios Cuidados) ya le hizo saber al presidente que prefiere una política anti inflacionaria amplia porque con el presente modelo “podés sacar un 70% de aumento pero la plata no alcanza porque la inflación te lo come siempre”.

El investigador de MATE coincide en que hay que diseñar una estrategia que exceda la fijación y control de precios porque “es saludable que el Estado aparezca para definir el valor de artículos esenciales, pero es una herramienta defensiva de corto plazo, más allá de los faltantes tienen impacto real sobre los precios pero necesitamos una estrategia más importante y que implica mayores conflictos, los que se quejan del control de precios la están sacando barata. Si lo que estuviéramos discutiendo la estructuración de los precios internos, la pesificación de la economía y la fijación del tipo de cambio, se quejarían el doble sin dudas”.

Billetera Santa Fe: un acierto con poca o mala prensa

Sobre las expectativas para la provincia de Santa Fe, Kofman asegura que Santa Fe salió rápidamente de la caída de la actividad económica que supusieron las dos primeras olas de la pandemia y recuperó niveles de recaudación importantes. “El peso que tienen la industria y el agro posicionan inmejorablemente a nuestra provincia, que anticipa la mejora de los indicadores nacionales”. Rescata como la herramienta de recuperación de ingresos a la Billetera Santa Fe, inexplicablemente fuera agenda y elogio en el resto del país porque “es mejor que cualquier bono, no sólo pone en el bolsillo de los consumidores $5.000 más es una notable transferencia de recursos hacia los y las trabajadoras registradas, no registradas y desempleados. Además blanquea las operaciones y para utilizarla los comercios tienen que estar bancarizados, es una herramienta mejorable, por ejemplo concentrando los reintegros en actividades o servicios donde haya trabajo santafesino en toda la cadena”.

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“Billetera Santa Fe pone plata en el bolsillo de los trabajadores y blanquea las operaciones comerciales, es una herramienta inédita sin mucha consideración a nivel nacional”, sostiene Marco Kofman de MATE.

“Billetera Santa Fe pone plata en el bolsillo de los trabajadores y blanquea las operaciones comerciales, es una herramienta inédita sin mucha consideración a nivel nacional”, sostiene Marco Kofman de MATE.

Si el 2021 fue el año en que comenzó a volver la derecha, aún es difícil definir cuál será la impronta que defina a un año que –si bien no es electoral desde el calendario, todo suma y resta para las próximas ejecutivas- debiera ser aquél en que se consume el acuerdo para pagar la deuda con fines de sujeción política más fenomenal de la historia del FMI, sin liquidar el crecimiento y la mejora en la distribución de la riqueza. Acuerdo que –en los términos que el FMI ha admitido a la fecha implican un default diferido sin ajustes en 2022/2023- complicarían pero no sepultarían las electorales del FDT.

En materia de salarios y precios bien podría aventurarse que –si se recuperan los sectores que aún no están en los niveles de 2019– se recompone el empleo registrado (en 2021 la mejora se verificó en empleo no registrado y cuentapropistas) y se consigue contener al dólar con un ritmo devaluatorio por debajo del 1% mensual, es posible que se repita el ciclo de recuperación salarial que ya lleva seis meses consecutivos.

Para el gobierno, que no enfrenta poderes consolidados, no enamora y si ajusta no gana, nada es seguro ni está consolidado. Alberto y Cristina lo saben, el problema es el tipo de peronismo a ejecutar en los próximos dos años y la sintonía fina entre sus socios principales, ahí está la clave política de un año que apenas comienza.

(*) El arreglo está consumado e implica un default diferido a menos que el gobierno consiga crecer por encima del 10% anual en los próximos dos años y logre acumular reservas en dólares, con o sin ayuda del FMI.

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