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Política Lifschitz |

El detrás de escena de Miguel, el hombre que estaba en todos los detalles

Nani Haedo, quien trabajó como directora de Ceremonial y Protocolo durante la gestión de Miguel Lifschitz como gobernador, recuerda al dirigente con anécdotas que reivindican su calidez y el cariño que tenía por los santafesinos.

Ojalá la gente hubiese podido ver el detrás de escena de Miguel. Ojalá hubiesen podido asomarse a ver sus desvelos y su hacer constante.

Tuve el privilegio de colaborar de manera muy estrecha con él en su gestión como gobernador. Y digo bien, privilegio, no como una frase hecha sino como una expresión sentida.

Cualquiera puede pensar que un gobernador no está para el pequeño detalle, y es lógico asumirlo, pero no era este el caso. Antes de salir a escena, ya sea por WhatsApp o caminando por el pasillo de gobernación hacia el Salón Blanco, impartía definiciones para que los que participaban se sintiesen cómodos e incluidos. Esa era su principal virtud en los actos, dar vuelta la situación y otorgarles voz y protagonismo a quienes sentían que se estaba honrando la ocasión con la presencia del gobernador.

De las recorridas se llevaba una cantidad enorme de presentes, cartitas, notas y muestras de cariño, tantas que a veces no nos daban abasto las manos para cargarlas en el baúl del auto. Cualquiera pensaría que una vez que las notas y cartas llegaban a sus manos o a las nuestras se quedaban en papel arrugado. Nada más lejos de la verdad. Recuerdo un llamado telefónico, casi al principio de la gestión, en el que me preguntaba específicamente sobre una carta que le habían entregado en mano y que no podía ubicar. Esos llamados que empezaron a aceitar su dinámica de trabajo: firme, amorosa, pero exigente y detallista.

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Hablar sobre las muestras de cariño de la gente, de sus apariciones por debajo de los escenarios en festivales y fiestas provinciales, de sus apretones de mano, de su parar a sacarse las fotos y selfies que hicieran falta para que todos se fueran contentos, con una anécdota para compartir entre vecinos, sería no hacerle justicia a las horas que pasaba en solitario analizando las necesidades que les planteaban o los pedidos de ayuda.

Miguel Lifschitz habla de transición 5_marca_marca.jpg

"Ojalá la gente hubiese podido ser testigo del detrás de escena de sus actos. Me hubiese gustado que supieran de su férreo no parar, tal vez por eso lo escribo".

Así era Miguel, no improvisaba ni siquiera las demostraciones espontáneas de cariño. Porque sabía que siempre faltaba algo para que la cosa funcione. Si inauguraba un hospital de alta tecnología preguntaba inquisidoramente al equipo por las conexiones para llegar o el recurso humano de las ambulancias. Con esa mirada que te hacía pensar dos veces antes de responder, porque no había lugar para imprecisiones.

Ojalá la gente hubiese podido ser testigo del detrás de escena de sus actos. Me hubiese gustado que supieran de su férreo no parar, tal vez por eso lo escribo. Buen viaje Miguel. Paradójicamente se nos secan las palabras ahogadas en tanta lágrima.

Ah! La notita del llamado estaba en mi carpeta, no me había dado tiempo a llevársela todavía. Quien sea que la haya escrito puede quedarse tranquilo que llegó a sus manos, como todas las demás.

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