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Política Chile |

Del estallido social al estallido electoral: la "fuerte sensación de muerte del sistema político" chileno

Aire Digital entrevistó al politólogo y director de la escuela de gobierno de la Universidad Central de Chile Marcos Moreno sobre las claves de la elección en la que el voto bronca promovió constituyentes independientes y sepultó a los partidos tradicionales.

Se dice que hace diez días (15 y 16 de mayo) hubo un terremoto en Chile. Que “un camión” pasó por encima del sistema de partidos políticos. Que los resultados fueron tan inesperados que es un enigma la futura Constitución. Los analistas coinciden en que el resultado electoral no es un cambio de humor circunstancial, sino la expresión de esa sociedad que convulsiona desde las revueltas estudiantiles de 2011 hasta el estallido social de octubre de 2019, para exigir derechos sociales y un modelo de desarrollo inclusivo.

¿Pero por qué fue tan impactante la votación del 15 y 16 de mayo y qué pasó? Primero algunos datos básicos para entrar en tema.

- Se votó cuatro categorías: concejales, alcaldes, gobernadores regionales y convencionales constituyentes. El sufragio no es obligatorio: votó el 41%.

- La elección que lo dio vuelta todo fue la de constituyentes. Los independientes ganaron 48 escaños: no son una sola cosa, pero representan el descontento o voto bronca contra los partidos clásicos, como decimos en Argentina. La derecha gobernante tendrá 37 escaños, muy lejos de los 52 que marcan el tercio necesario para vetar iniciativas y conservar el actual status quo. La izquierda (Partico Comunista + Frente Amplio) 27 y centroizquierda (Socialista mas democracia cristina 25).

- Chile es un país unitario. Por primera vez en la historia se eligieron “gobernadores” para las 16 regiones que son como nuestras provincias pero con mucha menos autonomía. Hasta ahora los designaba el poder central.

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Marcos Moreno es politólogo y director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Central de Chile.

Marcos Moreno es politólogo y director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Central de Chile.

- De los 155 escaños constituyentes, 17 estaban reservados para los pueblos aborígenes. Fue la primera elección constituyente del mundo en ser totalmente paritaria, por lo tanto el 50% son mujeres, y el promedio de edad de los electos es 45 años, el más joven de la historia. Los elegidos provienen en su mayoría de escuelas públicas o privadas subvencionadas y recién en tercer lugar recién –un cambio histórico– de la elite de colegios privados. Por la pandemia, se votó durante dos días.

- El temario constitucional es abierto. Se discutirá si Chile pasa a ser Estado plurinacional; sistema presidencial o semipresidencial; cambios al Tribunal de Justicia (que hoy puede hacer control preventivo de leyes antes de ser sancionadas); Congreso unicameral o bicamaeral; inclusión de derechos esenciales como vivienda y acceso al agua, igualdad salarial y perspectiva de género.

Un cambio profundo

Para conocer de primera mano las raíces y dimensión de lo que ocurre en el país vecino, Aire Digital entrevistó al politólogo y director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Central de Chile, Marcos Moreno.

– ¿Por qué se habla de un terremoto político en Chile?

– Se usa la figura de un estallido electoral, para acercarlo al estallido social del 18 de octubre de 2019. Dos años después tenemos un estallido electoral. Las elecciones sirvieron para mostrarle a la elite del poder que los cambios ya estaban instalados mucho antes de que se conocieran los resultados. El país ya venía cambiando y las elecciones fueron un espejo de eso que por alguna razón la elite no había percibido como tal.

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Luego del estallido, se produjo un gran avance de sectores independientes que rompen con la política tradicional chilena.

Luego del estallido, se produjo un gran avance de sectores independientes que rompen con la política tradicional chilena.

– ¿A todos sorprendió?

– Habíamos tenido movilizaciones sociales, estallidos, pero pensábamos que se había encausado a través de este proceso constituyente. Sin embargo estas elecciones vinieron a mostrar cuánto ha cambiado el país. Esto se expresa fundamentalmente en la elección de constituyentes, una de las cuatro que coincidieron ese fin de semana.

– ¿Qué son y qué expresan los independientes que sepultaron a los partidos tradicionales?

– A diferencia de las elecciones de diputados, donde las listas las presentan los partidos, para la de constituyentes, y para dar más oportunidad de participación, se permitió que los independientes, los que no son parte de un partido político, pudiesen presentar listas.

Entonces se reunía un grupo de personas y decidían presentar una lista independiente por la defensa de los bosques, o de las aguas... Esto llevó a que a lo largo del país hubiera muchas listas de independientes, más que de los partidos políticos. Los analistas políticos, dentro de los que me incluyo, pensábamos que iban a captar votos de los que no querían votar a los partidos políticos, porque venían hace tiempo en una crisis profunda de representación, pero que por las reglas de juego de la electividad no iban a ser suficientes.

– Y superó esos pronósticos.

–Mucha gente castigó a los partidos y decidió votar por independientes, lo que provocó el terremoto electoral. Alcanzaron 48 escaños de los 155. Eso generó una fuerte sensación de muerte del sistema político.

Números clave para la derecha

– ¿Por qué había tanta expectativa en que la derecha consiguiera un tercio de los constituyentes?

– Porque te permite el poder de veto, de obstrucción. Con 52 escaños tú puedes vetar algunos de los temas que se discutan. La derecha sólo alcanzó a 37, le faltan 15 para obstruir alguna iniciativa. Tiene que ir a “pirquinear”, como decimos aquí en Chile, cosa que es bastante difícil, porque ese mundo independiente, sin ser técnicamente de izquierda, podemos decir que no es de derecha.

– ¿Cómo absorbió el golpe el sistema partidario?

– Se generó una gran sensación de una derrota del sistema político y del sistema de partidos políticos. En las alcaidías y para gobernadores, sin embargo, obtuvieron buenos resultados. Pero esta elección tenía un carácter simbólico, y se usó el resultado de la elección de convencionales para tomar otras decisiones de forma apresurada y, a mi juicio, sobreinterpretando los datos.

– ¿Por ejemplo?

–Tres días después de la elección, el 19 de mayo, vencía el plazo legal para inscribir candidatos a la primaria a presidente. Entonces esas 72 horas que transcurrieron entre la madrugada del lunes y la medianoche del miércoles fue muy poco tiempo para que los partidos procesaran estos resultados. Lo que ocurrió es que cundió el pánico, hubo movimientos, se bajaron candidatos presidenciales, se deshicieron alianzas históricas, como la del Partido Socialista y la Democracia Cristiana que había sido el eje de los últimos 30 años de gobierno.

Esa alianza la deshicieron los socialistas porque, un poco angustiados por el resultado y, como decía, sobreinterpretando los datos, decidieron armar una nueva coalición con los sectores más de izquierda, el Partido Comunista y el Frente Amplio, éste último es un conglomerado de partidos emergentes de los movimientos de protesta, donde el más antiguo tiene 4 años y de carácter muy contestatario. Y entonces el PS decidió hacer un pacto con estos grupos nuevos, sin embargo la alianza duró 3 horas.

– Qué golpe para un partido histórico como el PS.

–Estamos en una fase agonal de la política, que se caracteriza por la lucha del poder, y no estamos en la fase arquitectónica de la política, que se caracteriza por la construcción de acuerdos. Todo esto ha llevado a análisis muy simples y lineales. Por ejemplo de creer que el país giró a la izquierda. Los resultados de la convención instalaron esa idea, lo cual es un error. Porque cuando ganó el presidente Piñera en 2017 se dijo que el país giró a la derecha, y lo que vimos en estos 3 años es todo lo contrario.

– Estamos ante un terremoto, pero sólo votó el 44%.

–Es muy importante ese dato. Son 9 puntos menos que en el plebiscito del año pasado que habilitó el proceso constitucional. Estas decisiones de las que hablamos se tomaron con 6,5 millones que votaron, pero con 9 millones fuera, que no participaron por miles de razones.

No sabemos qué está pensando esa gente. Hay un abstencionismo estructural en Chile, que es muy preocupante. La pregunta es qué pasa si parte de esos 9 millones, no hace falta que sean todos, entra a votar en noviembre en las elecciones presidenciales… Eso puede hacer que el escenario (que dejó esta elección) se mantenga o cambie.

– 9 millones es una cantidad muy relevante.

– No sabemos qué piensan, por eso se dice que esa elección presidencial está abierta. En noviembre es la primera vuelta y en diciembre la segunda vuelta. Está muy gaseoso el escenario político: hay 9 millones de electores que podrían sentirse motivados de participar, y si lo hacen no sabemos cómo lo van a hacer.

-¿ La gran cantidad de independientes augura una convención constituyente con más dificultades para construir acuerdos?

– Sí, nos enfrentamos a esa dificultad. Se va a requerir una lógica de acuerdos distinta a la lógica bi-bloquista de izquierda y derecha que estamos acostumbrados. La convención tiene una composición muy variada, hay gente de derecha, de izquierda, hombres, mujeres, gente que no milita en partidos, que tienen causas distintas, ecologistas, defensores del agua, minorías sexuales…, entonces va a ser más trabada, va a requerir mucha mayor lógica de entendimientos, de microacuerdos, de alianzas cruzadas.

Vamos a inaugurar un periodo que de geometría diversa o variable, concepto que se usa en España donde tienen muchas autonomías y tienen que buscar entendimientos cruzados. La fragmentación dificulta que uno se ponga de acuerdo.

La verdadera sociedad chilena

– ¿En esos 155 convencionales electos tenemos una foto más real de la sociedad chilena para redactar la Constitución que lo que representaba el bi-bloque clásico?

– Es más representativa de lo que es Chile. Ya se empezaron a hacer estudios, de dónde proviene esta gente (los emergentes independientes), quiénes la conforman… Ya no están presentes ahí los colegios y universidades de elite, las profesiones de la elite, no hay tantos apellidos... Acá tenemos un tema con los apellidos que discrimina, no como en Argentina que tienen mayor variedad por la inmigración; acá cualquier apellido que sonara raro, incluso los indígenas, generaba cierta reticencia. Esta conformación es más cercana a lo que es Chile hoy en día.

– Hay diversidad representativa.

– Sí, soy optimista de este proceso, porque de alguna manera se está expresando la diversidad de Chile, y es mejor que se exprese ahí que en otro lugar que podría llevar a una explosión del país.

De alguna manera esperamos que la convención logre canalizar esa energía, la ponga ahí. Van a tener 9 meses extendibles a otros 3 para buscar las nuevas reglas de juego, pero lo van a tener que hacer en ese espacio institucional, que es mejor a que lo hagan afuera, porque está el riesgo de un nuevo estallido social que nadie sabe cómo podría terminar.

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No importa el perfil ideológico de quienes gobernaron Chile durante las últimas décadas. Las líneas directrices fueron las mismas. Y hoy están en crisis ante el reclamo de sectores que nunca tuvieron voz.

No importa el perfil ideológico de quienes gobernaron Chile durante las últimas décadas. Las líneas directrices fueron las mismas. Y hoy están en crisis ante el reclamo de sectores que nunca tuvieron voz.

– ¿Podemos decir que se resquebraja el modelo político-institucional de Chile?

– Hasta ahora los gobiernos los integraban gente que venía de los mismos colegios, de las mismas universidades, que estudiaban las mismas profesiones, que se relacionaban entre sí, que compartían lo matrimonios, las fiestas, que se conocían entre ellos.

Por eso es que hay una política muy endogámica en Chile. Incluso en la izquierda que compartía también con este otro mundo, y por lo tanto habían llegado a establecer el partido del orden, que era muy transversal: había gente de derecha y de izquierda pero todos estaban más o menos de acuerdo en mantener el status quo.

– ¿Este partido del orden es el que está arrinconado?

–Desaparece, al menos en este momento en la conformación de esta convención, porque ese partido del orden, esa transversalidad del poder, no aparece allí. Se va a tener que construir una nueva transversalidad, una nueva lógica de poder, donde no hay un centro, y por lo tanto no podemos identificar quiénes son los que van a establecer ese poder.

- La centroderecha en Argentina simpatizó y elogió el modelo chileno, pero a la luz de lo que se está viendo esa foto no era muy realista.

– Efectivamente hay un agotamiento de ese modelo. La principal consigna de la última revuelta de 2019, es que no fueron 30 pesos (el aumento del metro) sino 30 años por lo que se protestaba. Y efectivamente porque hay luces pero bastantes sombras sobre el modelo de desarrollo chileno, especialmente en lo que tiene que ver con integración, desigualdad profunda, la segregación, todo derivado de esas sombras que no se corrigieron a tiempo y hoy estamos teniendo que experimentar estos cambios.

Las deudas del sistema chileno

– ¿Qué cambios debieron hacerse?

– No se reformó el sistema de pensiones, de capitalizaciones privadas; no se reformaron los sistemas de salud, que si bien es mixta, un número importante pero minoritario de personas con recursos tiene seguros privados y el resto tiene que atenderse en el sistema público que es muy precario; tenemos un modelo de educación mixta, pero las universidades de las elites, las privadas, son las que tienen mayor acceso a recursos.

Todas esas omisiones del modelo fueron generando una fuerte presión que estalló en 2019. Y por eso es se encausa la convención a pesar de que el tema constitucional no era prioritario.

– ¿No era prioritario?

–No, pero la clase política dice: “Para salir de esta crisis hay que cambiar la Constitución”. Porque está instalado el rol subsidiario del Estado que permea toda la Constitución, que plantea que el Estado sólo puede intervenir en aquellas actividades que los privados no pueden desarrollar. Y que además tiene que contar con la aprobación del Congreso si lo quiere desarrollar. Mantener el rol subsidiario del Estado no parece ser razonable.

– ¿Está en juego el modelo de desarrollo neoliberal?

– Sí, porque recordemos que antes que Thatcher y Reagan llevaran adelante sus reformas, en 1975 comienzan las primeras reformas neoliberales en Chile teniendo la bota militar encima. Menem dijo que Chile había podido avanzar al liberalismo porque estaban los militares, y es probable que sin eso hubiera sido más difícil imponer esta idea de un Estado mínimo, más pequeño pero más musculoso.

Pero nunca el Estado ha tenido músculo en Chile, fue Jibarizado, fue disminuido, nunca se le dieron atribuciones. Tenemos exceso de liberalismo, y por otro lado, a pesar de las reformas de estos 30 años, esos derechos sociales no tuvieron los mecanismos de enforcement, que asegura que los derechos que tú declaras que tienen los ciudadanos pueden cumplirse.

El derecho está declarado pero está limitado, y se plantea que la base de esto está en la Constitución.

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