sábado 9 de octubre de 2021
Política | PASO |

Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta son quienes más arriesgan

En las internas del domingo y en las generales del 14 de noviembre se juegan la definición de sus respectivos liderazgos. Mientras la campaña sigue, preocupan las tensiones en la economía.

Las elecciones primarias que se celebran este domingo no sólo dirimirán qué candidatos a legisladores competirán en las generales de noviembre. Implican mucho más que eso: se trata de una pulseada electoral clave tanto en el oficialismo como en Juntos por el Cambio en el proceso de definición de sus respectivos liderazgos.

Quienes más arriesgan en esta compulsa son el presidente Alberto Fernández y el jefe de Gobierno de Buenos Aires Horacio Rodríguez Larreta, ambos muy activos durante la campaña electoral; los dos necesitan un resultado contundente de las urnas para enfrentar las incesantes presiones internas de sus socios. Fernández, asediado por la crisis económica, resiste los embates de Cristina Kirchner y de Sergio Massa para que remodele su gabinete, desgastado por tantos traspiés de la gestión.

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Rodríguez Larreta, en tanto, enfrenta el acecho de un amplio sector del radicalismo –liderado por Gerardo Morales, gobernador de Jujuy- que le disputa el liderazgo de la coalición opositora. Además, el jefe de gobierno porteño debe lidiar con el ala dura de su propio partido, encarnado por el expresidente Mauricio Macri y Patricia Bullrich, ambos recelosos por el protagonismo que adquirió en la estrategia de la campaña de Juntos por el Cambio al imponer el enroque de María Eugenia Vidal en la Capital y de Diego Santilli (su vicejefe de gobierno) en Buenos Aires.

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El jefe de gobierno porteño debe lidiar con el ala dura de su propio partido, encarnado por el expresidente Mauricio Macri y Patricia Bullrich.

El jefe de gobierno porteño debe lidiar con el ala dura de su propio partido, encarnado por el expresidente Mauricio Macri y Patricia Bullrich.

Pese a las expectativas de unos y otros, es muy probable que el resultado de las Paso no arroje demasiadas definiciones y que haya que esperar a las elecciones generales de noviembre para vislumbrar cómo quedará definido el tablero de la política de cara a la carrera hacia las presidenciales de 2023.

Según las últimas encuestas que llegan a la Casa Rosada, el oficialismo se impondría por un margen ajustado que no superaría los cinco puntos a nivel nacional; de ser así, el domingo a la noche se desatará un “duelo de interpretaciones” sobre el resultado entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio: mientras el oficialismo festejará el veredicto de las urnas como un gran triunfo, los opositores enfatizarán que, en definitiva, se trata de un “empate técnico”, que el Frente de Todos perdió un enorme caudal de votos respecto de 2019 y que, en definitiva, el juego sigue abierto porque, en las elecciones de noviembre, el escenario –de mantenerse la polarización y de imponerse el voto útil- podría revertirse.

Más allá de esta disputa de interpretaciones, lo cierto es que el partido real se jugará en noviembre: hasta entonces, la estrategia discursiva del oficialismo apostará a la polarización con Juntos por el Cambio y, en particular, con Mauricio Macri como encarnación de un modelo de centroderecha antiestatista que simpatiza con los grandes grupos empresarios. “El debate es entre dos modelos de país”, enfatizan al unísono Fernández y Cristina Kirchner como eslogan de campaña.

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“Hasta el domingo estaremos todos muy ordenados detrás de la polarización. Con la foto de las Paso habrá que reacomodar para sumar para noviembre. Y después de esa elección vendrán los debates internos para darle una vuelta de tuerca a la gestión”, pronosticó un funcionario de la Casa Rosada.

Mientras los políticos dirimen sus liderazgos en una campaña que, en líneas generales, resulta chata y por momentos banal, la economía sufre las tensiones por la falta de un horizonte de un plan a mediano y largo plazo. El jueves pasado el tipo de cambio tocó el récord anual y en sólo siete días el Banco Central perdió U$S 560 millones. La dolarización era esperada, pero el alto ritmo de ventas diarias sorprende a analistas y empresarios, que advierten que difícilmente sea sostenible. El kirchnerismo encendió las luces de alerta: será muy complejo llevar adelante una campaña electoral en medio de una corrida cambiaria, admiten.

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El kirchnerismo tiene claro que la situación económica es crítica. Así se lo hacen saber empresarios y banqueros que suelen tener un diálogo frecuente con Máximo Kirchner, hoy devenido en el interlocutor por excelencia tanto con el sector privado como con algunas figuras de la oposición.

Máximo Kirchner y Sergio Massa sostienen que, tras las elecciones, será necesario avanzar con la oposición en acuerdos parlamentarios básicos sobre leyes estructurales para sortear la crisis. Entre ellas, el nuevo acuerdo con el FMI, que debería cerrarse antes de marzo próximo.

Habrá que ver si, superado el trámite electoral, estarán dadas las condiciones políticas para regenerar un clima de confianza que aliente los necesarios acuerdos interpartidarios. Será una utopía mientras prevalezca la grieta entre el oficialismo y la oposición.

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