viernes 21 de enero de 2022
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A mitad de su gestión, Perotti debe refundar el Ministerio de Seguridad

Los técnicos en Seguridad que llegaron a la provincia con Marcelo Sain están dispuestos a renunciar a sus cargos. Solo un pedido expreso de Omar Perotti podría evitarlo o, al menos, posponerlo. Un escenario de desconfianza rodea al Gobierno y al resto de las instituciones de Santa Fe.

Salvo que se produzca alguna situación extraordinaria o que Omar Perotti les pida que excepcionalmente permanezcan por un tiempo más en Santa Fe, cada uno de los técnicos que integraban el equipo de Marcelo Sain en el Ministerio de Seguridad abandonará esta provincia en los próximos días, lo que producirá un virtual vaciamiento del área más sensible para un gobernador que apenas transita la mitad de su mandato.

El actual ministro, Jorge Lagna, no es un hombre formado en materia de seguridad, sino un abogado apasionado por la política, dos veces diputados y que, si bien formó parte de la gestión Sain, aceptó sucederlo en marzo de este año con la condición de que continuaran en sus puestos los técnicos especializados en esta materia.

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Jorge Lagna no es un hombre formado para la prevención del delito, sino un abogado, político y dos veces diputado provincial. En su momento, aceptó suceder a Marcelo Sain con la condición de que sus equipos técnicos permanecieran en el Ministerio.

Jorge Lagna no es un hombre formado para la prevención del delito, sino un abogado, político y dos veces diputado provincial. En su momento, aceptó suceder a Marcelo Sain con la condición de que sus equipos técnicos permanecieran en el Ministerio.

Estos equipos técnicos no dejan la provincia de Santa Fe porque Marcelo Sain asumió formalmente como asesor del ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, sino porque consideran que las circunstancias llegaron a tal nivel de complejidad que ya no están en condiciones de torcer la situación. Además, todo indica que también se complicaron las relaciones entre estos funcionarios y el mismo Jorge Lagna, lo que coloca a Omar Perotti ante una verdadera encrucijada.

Los recientes hechos de violencia en la ciudad de Rosario, con escuelas, estaciones de servicio y locales de comida baleados; terminaron por dejar al desnudo la gravedad de las cosas. Tanto es así, que fueron los mismos funcionarios políticos quienes reflejaron su impotencia al mostrarse públicamente asombrados por la falta de respuesta de la policía y de las fuerzas federales que, supuestamente, debían controlar algunas de las zonas atacadas. Si no hubo muertos en estos ataques fue, simplemente, porque los atacantes decidieron no matar a nadie.

Un gobierno que no sabe en quién confiar

Existe un dato clave que refleja el estado de situación: Rosario, el departamento más violento de la República Argentina -lo reconocen, incluso, desde el Gobierno nacional- lleva casi un mes sin un jefe de Policía.

Desde el 28 de octubre pasado, la jefa de la Policía de la Provincia, Emilce Chimenti, está a cargo de lo que sucede en la Unidad Regional II, como si no tuviera trabajo suficiente con ser la responsable de prevenir los delitos que se comenten en los 18 departamentos restantes de Santa Fe.

La única explicación posible para entender este contexto es que el Gobierno no sabe en quién puede confiar dentro de la Policía, una fuerza atravesada por la corrupción que genera el dinero fácil del narcotráfico y el juego clandestino y que, además, no parece responder en estos momentos a los mandos políticos. Así lo demuestran los hechos e, incluso, las declaraciones de algunos funcionarios.

Los delincuentes actúan con la osadía de quienes se sienten llamativamente impunes. Esta semana, intentaron robarle a uno de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, Daniel Erbetta, en pleno centro de Rosario.

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En pleno centro de Rosario, los delincuentes intentaron robarle a Daniel Erbetta, ministro de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe.

En pleno centro de Rosario, los delincuentes intentaron robarle a Daniel Erbetta, ministro de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe.

Y Erbetta repitió públicamente lo que tantos ciudadanos comunes plantean a gritos: "Hay una absoluta y permanente ausencia en la presencia policial. Ya presencié en el último año no menos de tres arrebatos en ese lugar... La Provincia tiene un problema grave que es el control sobre la policía... La Policía llegó a los 40 minutos, la moto se fue a contramano en dirección adonde está la comisaría. No se dispuso un cuadrante de contención que es de manual, de protocolo, hasta dos horas después. ¿Qué tengo que pensar?".

Lo cierto es que esta situación va mucho más allá de la falta de respuestas policiales. La Justicia también debería asumir su responsabilidad. Por momentos, queda de manifiesto cómo algunos integrantes de la Suprema Corte de Santa Fe -no parece ser el caso de Daniel Erbetta- se sienten más cómodos "jugando" a la política, que trabajando por una Justicia más eficiente.

El Ministerio Público de la Acusación demuestra una preocupante falta de respuestas ante la sucesión de hechos flagrantes de violencia. Es verdad que no hubo policías persiguiendo a los delincuentes. Pero también es cierto que los investigadores no parecen contar con ninguna pista certera de quiénes son los que disparan contra todo a su paso en Rosario y a quién responden.

La prevención del delito no solo se logra con mayor presencia de policías, sino con investigaciones eficaces que desarticulen a las bandas y que permitan estar un paso adelante de los delincuentes.

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Si no hubo muertos en las últimas balaceras de Rosario, fue porque los delincuentes decidieron no matar a nadie.

Si no hubo muertos en las últimas balaceras de Rosario, fue porque los delincuentes decidieron no matar a nadie.

El escenario de desconfianza y falta de respuestas se extiende a la política. Solo a modo de ejemplo, la Legislatura provincial nunca se abocó a discutir a fondo los proyectos de ley de reforma policial enviados desde el Gobierno.

Por momentos, parece que a los opositores solo les interesara "pasarle factura" a Perotti por haber utilizado el drama de la inseguridad como bandera de campaña para convertirse en gobernador en 2019.

Pero esto no es solo responsabilidad de la oposición: el quiebre de la alianza peronista se hizo evidente desde el primer día de gestión. En estos momentos, para el gobierno resulta menos intrincado establecer puentes de diálogo con socialistas y radicales, que hacerlo con algunos peronistas.

Omar Perotti enfrenta un escenario verdaderamente complejo. El contexto de desconfianza generalizada atraviesa a la Policía, a la Justicia, al Ministerio Público de la Acusación, a políticos de la oposición, del oficialismo e, incluso, al seno del Ministerio de Seguridad.

Mientras el círculo de leales al gobernador parece reducirse a un puñado de personas, los equipos técnicos que llegaron con Marcelo Sain están decididos a dejar sus cargos y abandonar la provincia.

Si esto no sucede, será por un pedido expreso de Omar Perotti quien, de cualquier manera, deberá tomar urgentes decisiones para refundar el Ministerio de Seguridad. Un desafío enorme y de consecuencias inciertas, cuando restan dos años de gestión.

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