sábado 25 de enero de 2020
Opinión | Política Santa Fe | Omar Perotti | Miguel Lifschitz

Perotti habló de pacto de gobernabilidad entre Estado y delito: nadie llegó tan lejos

En su discurso inaugural el gobernador hizo una fuerte acusación frente a la Asamblea Legislativa. Habló de desgobierno político de la seguridad pero afirmó que existió un acuerdo donde hubo vista gorda judicial y política. Seguramente, esto hará difícil la relación con el socialismo como oposición.

El primer acto de un gobierno es siempre un acto de habla. Antes de tomar una decisión material el contacto inaugural de un gobernante con el poder es una enunciación. El primer acto de gobierno de Omar Perotti no fue hacer anuncios sobre una gestión futura, sino trazar un diagnóstico muy severo sobre el pasado más próximo. Con su tono mesurado de siempre frente a su antecesor optó por la dureza. Habló de forma muy crítica sobre dificultades en lo fiscal, de la pobreza y en especial de la seguridad. Eligió no desaprovechar el envión explícito del presidente Alberto Fernández en el mismo lugar de asunción. Eligió también lo que ya había elegido: sus adversarios.

En sus veinte minutos de alocución hizo algo que nunca había hecho ningún gobernador en ejercicio. Habló de un pacto de gobernabilidad del Estado con el delito. Fue un señalamiento que no debería sino abrir un necesario debate institucional. Porque lo hizo en forma abierta a la comunidad, frente a los dos gobernadores que lo antecedían durante una etapa histórica en la que las dinámicas violentas, medidas en delitos contra la vida, tuvieron su pico. Pero también frente a algun segmento del propio PJ que percibió en la designación de Marcelo Saín como ministro de Seguridad una amenaza.

“Vamos a convertir a Santa Fe en una provincia ordenada y moderna”, dijo el mandatario entrante al promediar su discurso. En su lectura queda clara la idea de que hoy en la provincia lo que impera es el atraso. Su resumen del estado general fue la descripción de una calamidad. Mencionó niveles de pobreza que avergüenzan al país, alto desempleo, alta demanda alimentaria y emergencia en seguridad. Dijo que a la crisis no se llora pero que los santafesinos tenían que saber el lugar de arranque.

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Habló de un déficit de 9.129 millones en octubre, en rigor, la mitad de los que sus negociadores en la transición evaluaron. Mencionó una deuda flotante alta, es decir, compromisos que debe afrontar su gestión por gastos no pagados realizados en la previa en certificados de obra, proveedores y servicios. Dijo que no había otra provincia donde se hubiera dado en el último año un desacople tan marcado, para mal, entre ingresos y gastos.

Esto último que fue motivo de discusión entre Lifschitz y Perotti lo seguirá siendo. Pero el momento de demolición, de difícil conciliación, fue cuando aludió a la seguridad pública. Allí el gobernador entrante fue más allá de la crítica. Dijo que había existido un pacto de gobernabilidad directo o indirecto con el delito. Y prometió cortar vínculos con eso.

Toda la frialdad formal que no pudo disimularse en el acto de entrega de atributos de mando estuvo asentada en esa objeción que sonó como un tiro de mortero. Hace dos meses que la gestión que se va y la que viene tambalean en un camino empedrado. Hasta acá se había hablado de política. Ahora fue un choque, como mínimo, de límites éticos. Como máximo, de delitos.

Perotti dijo que existió un desgobierno político en el que había crecido la criminalidad, se había derrumbado la labor policial, la policía se había divorciado de la sociedad y esta le habia perdido confianza. Varios puntos de este diagnóstico no son desacertados aunque la crisis de violencia que azotó las dos principales ciudades de la provincia reconozcan causas múltiples donde hay responsabilidades compartidas. Pero Perotti es el primer gobernador que, en ejercicio, explica la criminalidad articulada en el narcotráfico como resultado del amparo y la ignominia estatal con la vista gorda judicial y política.

El planteo es interesante y verosimil. Lo novedoso es que al hablar de pacto de gobernabilidad con el delito Perotti dio un estruendoso paso más. Si hubo pacto alguien acordó. ¿Quiénes participaron de ese acuerdo? ¿Es algo demostrable? ¿Hablaba de contendientes de otros partidos? ¿Acaso de gente que milita en el propio? ¿De una coalición que vincula a más de un espacio?

Las recientes investigaciones sobre narcotráfico en Rosario indican que uno de los actores más relevantes de la escena criminal, Esteban Alvarado, tenía relaciones aceitadas y duraderas, por más de siete años, con policías provinciales jerárquicos. Algunos de ellos son comisarios implicados en su asociación ilícita. Altos jefes de la PDI del área de drogas esperan ellos mismos juicios por narcotráfico o por beneficiarse con traficantes. No es que Perotti describe una realidad que inventa. Lo nuevo es que señaló que esta dimensión sumergida provino de un convenio estatal.

También dijo que se debía reparar el daño institucional del hecho inédito de que un gobierno saliente le define el presupuesto al gobierno nuevo sin respetar las prioridades que la ciudadanía estableció al votar un cambio. Le faltó decir que si eso fue posible es porque muchos de los legisladores que también fueron votados así lo quisieron y que los decisivos fueron los de su propio partido. De hecho al entrar a la Legislatura se dio un abrazo con Armando Traferri, senador por San Lorenzo, uno de los arquitectos de ese revés. Que ahora el nuevo gobernador anunció que corregirá con el favor, que solicitó, de la nueva composición del Congreso de la provincia.

Prometió trabajar en un plan de boleto educativo gratuito, en la defensa de la industria y en arreglar con inteligencia las deudas en virtud de la concordancia con un gobierno nacional que, en las palabras explícitas de Alberto Fernández, aseguró ayuda. Mostró su vocación de autoridad y su condición de político de cuero duro. Apostó por su liderazgo poniendo el acento en sus ventajas. Pero también sabe que no la tendrá fácil. En el campo donde fue más crítico, la seguridad, empezará un plan que necesitará muy posiblemente de decretos. Tiene solamente siete legisladores propios en Diputados donde preside un ex gobernador que no se retiró muy cómodo al escuchar sus palabras. Y un Senado con una mayoría que antes de empezar, en el debate de presupuesto, ya lo dejó solo. Lo que si tiene es convicción. Seguramente también voluntad para encarar un sendero que no es barranca abajo.

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