jueves 9 de abril de 2020
Policiales | Narcotráfico |

Vuelven a condenar a dos organizadores de carreras de caballos de la Nueva Tablada

Se trata de "Pola" y "Puchinga" Almirón, que años atrás fueron sentenciados a penas de 9 y 8 años por venta y distribución de drogas en el cordón noroeste de la ciudad de Santa Fe. Dos años después pactaron una nueva pena.

La Justicia federal de Santa Fe condenó nuevamente a dos viejos narcotraficantes del barrio La Tablada que durante años abastecieron de estupefacientes a una serie de puntos de venta del norte de la ciudad como así también de las localidades de Vera, Gobernador Crespo y San Justo, entre otras. La sentencia fue luego de una investigación que se instruyó en 2014 en la Fiscalía Federal de Reconquista y que seis años después llegó a juicio en el Tribunal Oral Federal.

Se trata de los organizadores de carreras de caballos, Víctor "Pola" Almirón (57) y Víctor "Puchinga" Almirón (37). Ambos padre e hijo y quienes fueron condenados a la pena 4 años de prisión efectiva por "tenencia de estupefacientes con fines de comercialización" en el marco de un juicio abreviado que acordó la defensa de los encausados, a cargo de Elsa María Tracy Duningan y Natalia Giordano, con el fiscal general, Martín Suárez Faisal y que fue homologado por el juez de cámara, Mario Gambacorta.

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No es la primera vez que a "Pola" y "Puchinga" se les impone una condena. El 1 de agosto del 2017 fueron sentenciados, también en el mismo tribunal, a penas de 9 y 8 años de prisión en una causa que se tramitó en la Fiscalía Federal N° 2, a cargo de Walter Rodríguez. Aquella condena fue luego de un juicio oral y público donde ventiló que los dos imputados se encontraban a cargo de una organización narco que suministraba estupefacientes (cocaína y marihuana) que se distribuían en los barrios La Tablada, Yapeyú y Loyola Sur.

Tres años después de aquel fallo judicial, tanto "Pola" como su hijo, "Puchinga", pactaron cerrar una nueva condena y así unificar toda su pena en 11 y 10 años de prisión efectiva.

Carreras y caballos

La reciente condena a los Almirón es un desprendimiento de la causa que ya condenó en 2017 a una red de venta y distribución de estupefacientes asentada en Reconquista, Vera, Videla, San Javier.

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Parte de los estupefacientes que secuestraron en los investigadores por la causa de Reconquista.

Parte de los estupefacientes que secuestraron en los investigadores por la causa de Reconquista.

A partir de una serie de trabajos de inteligencia, los investigadores de la Exdirección de Prevención y Control de Estupefacientes detectaron, en base a escuchas telefónicas, que el proveedor de dicha organización era el clan Almirón liderado por “Pola” y “Puchinga” y que residía en una vivienda de Hugo Wast al 6700.

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Con el correr del tiempo, los pesquisas detectaron además que ambos frecuentaban una especie de campo a orillas del río Salado que tenía una vivienda, un galpón y una pista para carreras de caballos (conocido como “Hípico a Orillas del Salado”) en el Barrio La Tablada en el cual, creyeron los investigadores, podrían haber ocultado o almacenado presuntamente algún tipo de “material prohibido”.

Sin rastros

El 20 de febrero del 2015, el juez federal de Reconquista, Aldo Alurralde, dispuso que sean allanados los domicilios investigados en el norte provincial y además ordenó detener a los Almirón en sus respectivas casas de Hugo Wast al 6700 y en el campo ubicado a orillas del río Salado.

Sin embargo, la fuerza no logró con ninguno de los santafesinos investigados al momento de los allanamientos. De todas maneras, de la propiedad de “Pola” los investigadores lograron secuestrar numerosos recortes de nylon con vestigios de marihuana, una bolsa de nylon con trozos compactos de dicha sustancia, una balanza tipo comercial, una base cargadora de sistemas de comunicación radial, una cámara filmadora, una caja con documentación, ocho celulares, una notebook, una computadora “all in one”, una bolsa con picadura de dicha sustancia y dos recipientes también con vestigios de marihuana.

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Uno de los pesquisas el día de los allanamientos para encontrar a los Almirón.

Uno de los pesquisas el día de los allanamientos para encontrar a los Almirón.

Mientras que de la propiedad en donde vivía “Puchinga”, los pesquisas secuestraron un trozo compacto de marihuana, una bolsa con trozos pequeños de dicha sustancia, varios medicamentos, una CPU, una notebook, un pen drive, un equipo de comunicación -“handy”-, ocho celulares, un Ipod, dinero en efectivo, documentación a nombre de Almirón, entre otros elementos de interés.

En tanto, del predio ubicado a orillas del río Salado en el Barrio La Tablada, los agentes antinarcóticos encontraron una balanza digital con vestigios de marihuana, un cuaderno con anotaciones, una Tablet, una caja registradora con $101,75 y cinco cartones tipo carnets.

Dichos procedimientos permitieron a las autoridades judiciales no solo reunir pruebas incriminatorias sobre el comercio de estupefacientes llevado a cabo por los Almirón sino también establecer el elevado nivel de vida que llevó el clan tras cotejar los bienes que poseían: una camioneta VW Amarok; un Renault Sandero Stepway; una camioneta Toyota Hillux 4x4; una Citroën Berlingo; y una moto Honda XR 250 centímetros cúbicos, formaban parte del patrimonio.

La caída

La lupa de la Justicia federal sobre los Almirón no solo estuvo puesta desde Reconquista, sino que también en Santa Fe, una investigación del fiscal Walter Rodríguez derivó meses después en que el juez Francisco Miño ordene su detención tras librar una serie de allanamientos.

Fue así que el 30 julio del 2015, agentes antinarcóticos desbarataron nuevamente la vivienda de “Pola” y “Puchinga” pero solo el primero pudo ser localizado. El mismo se encontraba en su casa de la cual los investigadores secuestraron 3 kilos y medio de marihuana.

La captura de “Puchinga” se hizo esperar y tardó hasta septiembre de ese año, cuando el 15 de ese mes, fue detenido cuando salió de una casa ubicada en barrio Loyola Sur. Iba a bordo de una motocicleta Honda Tornado y cargaba una mochila que en su interior tenía cinco envoltorios con marihuana, un revolver Taurus calibre 357 y múltiples municiones, como así también, -el dato más llamativo de aquel procedimiento- una lapicera que en realidad era un arma de fuego calibre 22.