Los Ibarra, tres miembros de una familia de policías de Santa Fe, terminaron de la misma manera: ejecutados por sicarios. El sábado pasado fue asesinado en un doble crimen Sebastián Ibarra, un policía de 37 años que estaba en disponibilidad. El 22 de junio de 2019 fue acribillado de seis tiros su hermano Cristian, un suboficial que se desempeñó en el área de investigaciones. Mario, el padre de ambos, que era efectivo de la seccional Nº12 de Rosario también fue víctima de un homicidio en 2014.
La sospecha que circuló en torno a esta cadena de crímenes alrededor de la familia Ibarra fue su vinculación con la venta de drogas. Los polinarcos manejaban la venta de estupefacientes en el Fonavi de Monte Flores, en el barrio Francetti y otros puntos del oeste de Rosario.
El doble crimen, que se produjo cerca de las 14 del sábado fue ejecutado por sicarios que se desplazaban en un auto y en una moto. Los heridos fueron traslados a dos hospitales diferentes en autos particulares pero fallecieron por las heridas de armas de fuego.
La familia de Ibarra tiene un largo historial vinculado al narcotráfico. Se sospecha que el crimen de Sebastián Ibarra e Iván Ferreto, de 23 años, tiene que ver con una trama relacionada con la venta de drogas. Ambas personas habrían sido asesinadas cerca de un búnker en Ghandi al 5200. Sebastián Ibarra fue separado de la policía en 2019, luego de una serie de allanamientos que se hicieron por el crimen de su hermano.
Cristian Ibarra fue ejecutado en 2019 de seis tiros en la cabeza cuando estaba dentro de su auto, un Peugeot 308, frente a una escuela en el barrio Godoy, de Rosario. El suboficial de la Policía de Investigaciones (PDI) se desempeñaba en la Oficina de Gestión Judicial, pero estaba de licencia desde hacía un año. En realidad, sus principales ingresos, según describieron los investigadores, no provenían de su actividad en el Estado, sino por la venta de drogas.
En la investigación se probó que Ibarra conocía a las dos personas que se subieron a su auto y lo ejecutaron. Uno de ellos era Ariel Maximiliano Cantero, alias Chanchón, y Daniel Dilzen, el otro sicario, quienes lo mataron dentro del vehículo, a metros de la escuela Nº 6018 Victoriano Montes, donde unas horas después los alumnos se toparon con la escena del crimen.
Mario Ibarra, el padre de Cristian y de Sebastián, también fue policía, se desempeñó en la seccional N°12, y tuvo el mismo destino que su hijo, luego de que el 26 de febrero de 2014 fuera asesinado mientras trabajaba de remisero y llevaba pasajeros al casino City Center, del sur de Rosario. En ese momento el caso se presentó como un intento de robo. Pero nunca fueron atrapados los supuestos ladrones que terminaron con la vida del ex policía. Y siempre se sospechó que la víctima repartía estupefacientes.
A principios de setiembre de 2019, el fiscal Moreno ordenó la detención de Cantero y de Dilzen, de 32 años, luego de que en la investigación surgieran datos clave de testigos de identidad reservada que revelaron la trama narco detrás del crimen del policía. Dilzen fue detenido en una casa de Pasaje 1717 al 7300, y unas horas después Chanchón se entregó a la policía y fueron derivados a la cárcel de Piñero.
El 12 de marzo de 2020, en un juicio abreviado, Cantero fue condenado a 14 años de prisión por el crimen del suboficial, que para el fiscal se enmarcó en el marco de las disputas por la venta de droga al menudeo. Ibarra y su familia compraban estupefacientes al hijo del líder de Los Monos y la distribuían en el Fonavi de Monte Flores.
Durante los días previos al crimen, según la investigación judicial, surgieron divergencias en la relación comercial y la gente que manejaba Ibarra se fue a vender droga a un territorio dentro de ese barrio que era del hijo de Los Monos.
Esto generó que lo ejecutaran de seis disparos en la cabeza. Los testimonios de los dos testigos reservados indicaron que Cantero se maneja en esa zona con un grupo de colombianos, venezolanos y dominicanos que se transformaron en los sicarios y los gerenciadores del negocio de narcomenudeo.
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