viernes 14 de agosto de 2020
Policiales | Narcotráfico | Paraguay | Argentina

Los contactos internacionales del crimen organizado en Santa Fe a través de la hidrovía

Cómo operan organizaciones paraguayas en la provisión de la droga en la provincia de Santa Fe. Aparecen relaciones con sectores de la policía.

A los jefes de cada cárcel en Paraguay los llaman "Sintonías". Son ellos los que tienen el contacto en las prisiones paraguayas con los jerarcas del Primer Comando Capital (PCC) que están en Brasil, con quienes están conectados a través de un grupo de WhatsApp. Con los smartphone –que poseen de manera ilegal en los penales– informan las novedades diarias, y sobre todo si hay un nuevo "iniciado" y "bautizado".

Cada nombre que el "Sintonía" propone para el rito de iniciación es investigado por la cúpula de la organización a través de los contactos con la policía y la Justicia, tanto en Paraguay como en Brasil. "Arman una especie de legajo", cuenta a Aire de Santa Fe uno de los jefes del área inteligencia criminal de Paraguay que estudia a este grupo desde hace tres años.

Si el elegido obtiene la venia se hace el bautismo en la cárcel, donde el interno que va a pasar a formar parte de PCC tiene que jurar por una especie de Biblia o estatuto que se cree que escribió Markola, el creador de esta organización, que según el sociólogo brasileño Gabriel Feltran, es una "hermandad" del crimen organizado, como describe en el libro “Irmaos”. En Brasil se calcula que hay 40.000 detenidos que suscriben a PCC.

Las 12 cárceles de Paraguay están tomadas por este grupo criminal, que desembarcó en ese país hace una década. En el Ministerio de Seguridad argentino siguen de cerca el probable ingreso de PCC y Comando Vermelho, otra organización brasileña, a la Argentina. Hasta ahora no se detectaron movimientos permanentes en suelo argentino, sino actividades aisladas, protagonizadas por los llamados “lobos solitarios”.

Luces de alarma

En Santa Fe comenzaron a encenderse algunas luces de alarmas desde hace tiempo, aunque la rústica mirada de la seguridad pública no suele darle demasiada importancia hasta que el problema se consolida, como sucedió con otras historias recientes. Aparece el recuerdo de cuando funcionarios judiciales y políticos coincidían en que el narcotráfico no era un problema relevante, que sólo sacudía a barrios periféricos donde la rivalidad entre las bandas quedaba encerrada en los márgenes de la marginalidad.

La principal vía que une Santa Fe con Paraguay es la hidrovía de los ríos Paraná-Paraguay, que tiene escasos controles tanto del lado guaraní como del argentino. En el medio hay dificultades a nivel normativo para poder controlar las barcazas que traen soja desde Asunción a los puertos santafesinos.

En setiembre pasado, Prefectura Naval secuestró unos 300 kilos de marihuana que venían desde Asunción en el barco tanquero Don Juan, que amarró en una boya del lado entrerriano y en lanchas rápidas una banda de narcos paraguayos llevaron el cargamento a Santa Rosa de Calchines, donde existía un centro de acopio de los estupefacientes.

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El buque Don Juan cuando fue inspeccionado en aguas del río Paraná en septiembre de este año.

El buque Don Juan cuando fue inspeccionado en aguas del río Paraná en septiembre de este año.

La organización asentada en Santa Fe estaba conformada por ciudadanos paraguayos que tenían contactos con la provincia de Buenos Aires. La droga era bajada en Santa Fe. A esta banda la empezó a investigar el fiscal Santiago Marquevich tras detectar a esta célula en el country Los Pingüinos, de Merlo. La organización estaba liderada en la capital provincial por los guaraníes Mauricio Bogado y Honocrio Curi Huespe, detenidos el jueves pasado.

La caída de Itatí, en Corrientes, en marzo de 2017, obligó a los narcos paraguayos, que son los productores del cannabis, a emprender otros canales más sofisticados para llegada de la droga a la Argentina.

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Antes los cargamentos de marihuana cruzaban el Paraná desde Itá Corá, en Paraguay, a Itatí en canoas y lanchas que no tardaban más de diez minutos en atravesar los 2.000 metros que tiene el Paraná, que es la frontera líquida entre dos países. Pero la caída de la organización liderada por Federico Marín, alias Morenita, que funcionaba con un tejido de complicidades que incluía desde el intendente, al comisario, gendarmes y prefectos, e incluso el propio juzgado federal de Corrientes, obligó a los narcos paraguayos que proveen la demanda de estupefacientes de Argentina realizar operaciones de tráfico de drogas sin intermediarios argentinos, y con una logística más sofisticada y costosa.

El reemplazo de los intermediarios argentinos por narcos paraguayos, que cubren toda la cadena del tráfico de estupefacientes, desde el cultivo al contrabando del cargamento de droga, enciende alarmas por la crisis de seguridad que atraviesa Paraguay, arrinconado por el poder de los grupos criminales brasileños como Comando Vermelho y Primer Comando Capital, que están en proceso de clara expansión, aunque aún no se han detectado células operativos en Argentina, donde se sospecha en el Ministerio de Seguridad de la Nación que sirve por ahora como “territorio propicio para el lavado de dinero” y también para la adquisición de armamento, como surge de las dos causas de tráfico de armas que lideraba Román Ragusa desde Buenos Aires y Rosario.

En junio pasado en una cárcel paraguaya se detectó una banda que traía droga a Santa Fe. La Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) de Paraguay secuestró en un campo en José Leandro Oviedo, Paraguay, a 40 kilómetros de Posadas, Misiones, 448 kilos de cocaína enterrados en una pista clandestina. Cerca de un hangar que pertenecía a un familiar de un diputado paraguayo incautaron siete avionetas.

El fiscal Hugo Volpe, quien encabezó la investigación, aseguró en una conferencia de prensa en Asunción que esta organización “utilizaba pistas clandestinas ubicadas en la zona sur de Paraguay y viajaban hasta Rosario, Santa Fe, y Montevideo".

Entre los detenidos se encontraba el argentino Juan Carlos Balmaceda, quien era el contacto de la organización para introducir los cargamentos de cocaína que provenían de Bolivia en territorio argentino

El arquero narco

El jefe de la organización era el ex arquero de Universal de Encarnación Víctor Hugo Gaona Burgos, de 43 años, quien actualmente está detenido en la cárcel de Encarnación, condenado a 18 años de prisión por tráfico de estupefacientes. Gaona Burgos comandaba la banda desde la prisión a través de sus familiares.

Lo que provocó mayor escándalo fue que las siete avionetas que se utilizarían para trasladar la cocaína a la Argentina, según señaló la fiscal Cáceres, fueron secuestradas en un hangar de la familia del diputado del Partido Colorado Freddy D'Ecclesiis.

En una investigación que lleva adelante el fiscal federal de Santa Fe, Walter Rodríguez ,se detectó otro lazo con Paraguay a través del policía narco Adrián Celer, que comandaba una banda narcopolicial que mejicaneaba droga, haciendo allanamientos, a otros vendedores de droga, que probablemente eran protegidos por otra rama de la fuerza de seguridad.

En el celular que le secuestraron a Celer durante el robo a un búnker de droga en la capital provincial aparecieron los contactos con Jorge Luis Duarte, un santafesino afincado en Paraguay que sería proveedor de cocaína y marihuana de bandas santafesinas. Duarte fue herido en enero de 2018 cerca de Ciudad del Este por dos sicarios en moto. Antes de ser baleado, le prometió a Celer que podrían traer un cargamento grande a Santa Fe de unos 1000 kilos.

Uno de esos cargamentos de gran porte fue detectado el 2 de noviembre de 2014 en un camión con 1.662 kilos de marihuana en un basural de Arroyo Leyes. El caso terminó en un escándalo y con diez policías condenados, entre ellos, Alejandro "Aguja" Agüero, quien en ese momento estaba a cargo de la Inspección 8ª de la Unidad Regional I. Hay sospechas de que Celer participó de esta extraña movida donde no había un camión sino dos y la droga provenía de Paraguay.

Paraguay dejó de ser un proveedor de marihuana, como era hasta hace diez años, para convertirse en un jugador de peso en la triangulación de cocaína producida en el Chapare, en Bolivia. Ese negocio es el que dominan los grupos brasileños de PCC y Comando Vermelho.

Uno de los financistas de PCC es el correntino Néstor Palma Bustamante, quien tiene ciudadanía paraguaya, y está detenido actualmente en Paraguay desde agosto de 2017.

Dos meses después de que Bustamante fuera aprehendido en Ituzaingó, Corrientes, otra alarma se encendió en Rosario, luego de que apareciera flotando en el río Paraná, a la altura de Granadero Baigorria, ciudad vecina a Rosario, envuelto en una sábana, como si fuera una mortaja, Maciel Amantino Wagner, un brasileño de 45 años, que estaba prófugo desde 2014 en Ciudad del Este, y que era un miembro de peso del PCC

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