Todo fue una farsa. Todos mintieron. Inventaron una novela de “amor” ficticia de coartada pero lo más grave es que aún no se logró determinar cuál era el objetivo del viaje a Rosario del ucraniano Viktor Melnyk. La investigación que llevó adelante el juzgado federal de Paraná aclaró varias cosas, entre ellas, que el empresario santafesino Juan José Clucellas, dueño de la armería La Escondida, cobró una suma en dólares por traer de forma clandestina en plena pandemia en el baúl de su auto al exsoldado de elite y narco, que fue detenido luego en Paraguay con más de 960 kilos de cocaína.
Los peritajes de los teléfonos del empresario santafesino ordenados por el juez federal de Paraná Leandro Ríos aportan algo de claridad sobre esta historia teñida de oscuridad. En su primera declaración en la justicia el dueño de la armería La Escondida dijo que a 25 kilómetros de Itai Baté, en Corrientes, donde había ido a pescar a unas cabañas levantó a una persona que vio haciendo dedo en la ruta.
Esa persona era el ucraniano Viktor Melnyk. Pero esa historia fue una mentira. Fue parte de la coartada que tejieron con el ucraniano. Ambos declararon lo mismo, por lo que se presume que esa historia ficticia la acordaron previamente ante la eventualidad de que los atraparan en un momento, como era setiembre de 2020, cuando los controles por la cuarentena eran estrictos en las rutas, debido a que regía la prohibición de circular.
En los teléfonos que secuestró la Justicia Federal, los mensajes contradicen esa coartada armada por el santafesino y el exsoldado de elite ucraniano. El 31 de agosto, un día antes de que fueran detenidos en Paso Telégrafo, en el límite entre Corrientes y Entre Ríos, la pareja de Clucellas le preguntó al dueño de la armería “a qué te fuiste allá”. El empresario santafesino le respondió “a traer uno”.
En otros mensajes de Whatsapp, el propietario de La Escondida, de acuerdo a lo que consta en la causa, le advierte a su pareja que “se encontraba en una cabaña esperando que cruce alguien, por lo cual le pagaban mucho”. El mensaje que le envía Clucellas a su mujer dice: “Me pagan mucho, vida. Rezá”. Recién ahora se conoce que en el auto que manejaba el empresario santafesino se secuestraron 48.470 pesos y 4.282 dólares. Se presume que la suma en dólares era parte del pago por trasladar al exsoldado ucraniano que había cruzado de manera ilegal desde Paraguay a la Argentina y necesitaba llegar a Rosario.
Ese “alguien” era un exsoldado de elite ucraniano y narcotraficante que operaba en la hidrovía. ¿Para qué debía viajar el ucraniano a Rosario? Ese capítulo sigue siendo un misterio. Melnyk declaró que su viaje clandestino dentro del baúl de un Corsa durante la cuarentena era porque debía estar en el parto de su pareja en Rosario.
Pero esa versión, según el análisis que hicieron los investigadores de la Justicia Federal, también fue mentira. Su hija Taiya, que había tenido con Romina Giusti, su pareja argentina, había nacido antes. La joven pareja del ucraniano también mintió. En las notas periodísticas que dio tras la detención del exsoldado dijo que vivía en la casa de su madre en Rosario.
En la causa judicial se determinó que la mujer había rentado un departamento de alquiler temporario el mismo día en que detuvieron a Melnyk, el 1 de setiembre de 2020. Pagó el alquiler por cuatro meses de un apartamento en calle Francia al 1400, pero allí no vivía su madre, como declaró a los medios.
Toda esta ristra de mentiras servía para ocultar algo. Pero no se pudo determinar a qué venía Melnyk a radicarse durante cuatro meses en Rosario en plena cuarentena. Se sospecha que su detención en Paso Telégrafo dentro del baúl del Corsa y la difusión que tuvo esa noticia, que fue primicia de Aire de Santa Fe, provocó que el soldado ucraniano cambiara de planes y retornara luego de ser liberado a Paraguay, donde lo detuvieron en una estancia en el interior de ese país con un cargamento de 970 kilos de cocaína.
Lo desopilante de esta historia es que Melnyk, quien era evidentemente un narcotraficante ligado a carteles internacionales que usan la hidrovía para enviar cocaína a Europa, dio notas a los medios de Rosario en la que expuso su detención en Entre Ríos como una novela de amor. Todo el periplo clandestino lo había hecho para ver a su hija.
Lo filmaron y lo fotografiaron con su pareja y su pequeña hija, para mostrar su costado tierno. Pero todo era una farsa y dejó al descubierto que las áreas de inteligencia criminal de la Argentina no habían detectado absolutamente nada. El único que avanzó con la investigación, que sólo era por violar la cuarentena, fue el Juzgado Federal de Paraná, que procesó a Melnik y a Clucellas.
En la causa aparece otro indicio de que la maniobra de ingreso del ucraniano está relacionado con el narcotráfico. Ese nexo surge por otro de los protagonistas, cuyo nombre es Raúl Sopérez, y es amigo del empresario santafesino y dueño de las cabañas Don Quico, que era donde él decía que había ido a pescar en plena cuarentena, otra cosa que resultó mentira.
Sopérez está preso desde hace más de un año por narcotráfico orden del juzgado de San Martín, de la provincia de Buenos Aires. Un mes después de que el ucraniano fuera detenido en el baúl de Clucellas, Gendarmería allanó las cabañas Don Quico, en Corrientes, y secuestró más de una tonelada de marihuana.
Sopérez vivía en Mercedes, Corrientes, donde tiene fuertes contactos políticos. Su cuñada Mariel Meza es legisladora provincial por Cambiemos y, además, es la presidenta del Comité Radical de esa ciudad. Otra de las cosas llamativas es que Sopérez contaba con una especie de certificado, que le había otorgado Gendarmería, por ayudar al Escuadrón 47 de Ituzaingó en la lucha contra el narcotráfico.
El juez federal de Paraná Leandro Ríos pidió a través de un exhorto que el juzgado federal de San Martín envíe la causa para revisar si hay otros cabos sueltos y posibles vinculaciones entre el ucraniano, el santafesino y el correntino.
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