martes 17 de mayo de 2022
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Graciela Brondino, una larga lucha de diez años por la muerte de Marianela que ahora tiene fecha de juicio

En abril de 2010 su hija fue asaltada y falleció días después en el hospital Cullen. En diciembre se juzgará a uno de los acusados y también se espera la resolución de la justicia de menores para el otro involucrado. Una historia de dolor, amor incondicional y valentía contra un sistema que muchas veces quita más de lo que da.

 

Por Andrea Viñuela

Tras diez años de caminar pasillos, de tribunales y de barrios, de revolver los deshechos, de hojear expedientes, de golpear puertas, tocar timbres, espiar por las mirillas de puertas de chapa y de los grandes despachos. Después de diez años de lidiar con lo desconocido, de perderle el respeto a ese Palacio de Justicia que por fuera se erige imponente pero por dentro presenta tantos problemas y desidias como cualquier organismo, de hablar de igual a igual con secretarios, jueces, fiscales, abogados, gobernadores, legisladores, testigos, familiares de víctimas e ignotos desconocidos que le daban un dato, una frase, algo que alguien escuchó por ahí.

Después de diez años de encontrarse con que sus años de descanso tras tanto trabajo no iban a ser para nada como los había planeado, Graciela Brondino se encuentra en un año donde tanto sacrificio, tanta lucha, tantas lágrimas, pueden darle una respuesta.

La oficina de Gestión Judicial fijó para la primer semana de diciembre el juicio contra “Pipi” Borda, uno de los acusados por la muerte de su hija Marianela. La joven de 25 años fue asaltada por dos motochorros que le arrebataron la carterita, la hicieron caer de su bicicleta y golpear pesadamente contra el pavimento, una tarde de abril de 2019 cuando volvía de trabajar.

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“Hasta que pasó lo de Marianela vivía trabajando. Cuando me jubilé a los 55 años dije: llegó el momento del reposo, de disfrutar de mi familia, porque tenía un cargo de mucha responsabilidad y le dedicaba la vida al trabajo”, recordó Graciela en diálogo con Será Justicia. “Pero bueno, Dios tenía otros planes. Yo veía el edificio de tribunales y lo veía con un respeto absoluto. Una vez que habían matado a Marianela pensé que enseguida iba a venir la justicia, y estaba tan equivocada, pero tan equivocada”, contó.

“Me di cuenta que un ser humano precioso como era mi hija, que era un regalo de Dios, será por eso que la dejó tan poco tiempo en este mundo, no se… una vez muerta Marianela me di cuenta que se transformó en un pinche azul en un mapa de Santa Fe en los despachos oficiales, ahí pinchado en el lugar donde fue muerta junto con muchos otros pinches azules de otras muertes que se producían, y que el expediente era una carpeta como las que yo tenía en el correo, siendo que ahí estaba la vida de una persona, lo más precioso que un ser humano tiene que es la vida, siendo que se la habían quitado por nada porque llevaba en la carterita dos pesos, el delantal, un pañuelo y la llave de casa”, recordó conmovida la mujer.

 

Una muerte, dos procesos

La causa por la muerte de la joven tramita en la justicia ordinaria y en la justicia de menores. Graciela confirmó que probablemente este año haya resolución en ambos procesos. “Es muy probable que la semana que viene o la otra tenga que declarar en la causa que tramita en menores” precisó.-

Al repasar todo lo vivido en casi una década desde que cambió su vida para siempre, Graciela expresó que “te diría que este proceso que en abril del año que viene va a cumplir una década a mi juicio se dividió en tres partes: los primeros tiempos después de la muerte de Marianela cuando vivíamos en otro mundo, no sabíamos dónde estábamos parados, porque fue tan sorpresivo todo que pasados los primeros días cuando uno está acompañado de todo el mundo, cuando la gente empieza a retirarse como es lógico y uno se queda solo ahí empieza de a poco a tomar conciencia de la tragedia que atraviesa tu vida”.

La mujer explicó que en esos primeros días de investigación se procedió a la detención de varios sospechosos, que pasaban algunos días tras las rejas y eran liberados por no encontrar vínculos con el crimen. “Después vinieron unos años de impass donde el expediente pasó a NN y estaba definitivamente archivado.. Yo siempre buscando elementos, nunca me quedé” graficó.

Graciela contó que lo que la llevó a ponerse la causa de su hija al hombro y estar a la altura de cualquier investigador y trabajador del derecho fueron las palabras de un psicólogo: “Con mi esposo no sabíamos qué hacer y fuimos a ver a un psicólogo para que nos aconsejara. Él nos dijo ‘ustedes tienen que tratar de encauzar este dolor de alguna forma porque si no te explota en el organismo bajo un ataque al corazón, un derrame cerebral, cáncer u otras enfermedades’, y eso me quedó grabado a fuego y dije yo me voy a dedicar a lo que le prometí a mi hija en el velorio que era no parar hasta encontrar a los que le quitaron la vida y por ende nos quitaron el futuro a nosotros”.

Y mientras libraba la lucha en los pasillos de tribunales, en su casa tenía otra batalla. La muerte de Marianela había causado un dolor irreparable en su papá, que un dolor que le costó la vida. Graciela recordó que su marido estaba muy deprimido y le decía que quería morir para irse con su hija. “Se pasaba los días mirando en la computadora la foto de la hija. Yo intentaba sacarlo de ahí pero era imposible” manifestó la mujer. Además de sostener a su esposo, “tenía que sostener a mi otro hijo y a mi madre que es muy grande, tiene 90 años. Me tuve que hacer fuerte a la fuerza”.

 

 

La lucha de una, la lucha de muchos

Graciela encontró la compañía que necesitaba en su trajinar al acercarse a la Asociación Familiares de Víctimas de la Inseguridad, desde donde lograron importantes leyes para el avance de las investigaciones, entre las que se encuentran la protección de testigos y el ofrecimiento de recompensa.

“Había en ese momento dos proyectos de dos legisladores distintos y debían unificarse, y por supuesto nadie quería ceder ninguna parte, ahí entran los egos personales. Era la época del gobierno de Bonfatti, fuimos a hablar con Henn y llevo más de un año que se unificaran los proyectos” recordó Graciela. “Cuando salió la ley, el primer paso que dieron para ofrecer el pago de recompensa fue para el caso de Marianela”.

Fue en esa época cuando comenzó a orientarse la investigación. Cada año, al cumplirse un aniversario de la muerte de su hija, Graciela organiza una suelta de globos a modo de homenaje, y coloca volantes. “Apareció en mi casa una persona que me dijo que había visto los volantes y me dio un dato importante. Me dijo que había escuchado una conversación donde dos personas hablaban del caso de mi hija y decían algo entre ellos. Me entreabrió la puerta para los primeros datos que obtuve de los que podrían ser los asesinos de mi hija”.

Este aporte permitió la primera de las detenciones, del joven que al  momento del crimen era menor  y que hoy se encuentra detenido en Las Flores por este hecho tramitando la causa en el juzgado de menores.

“Ahí ya tenía un nombre, tenía un barrio y seguí investigando. Salí a buscar testigos, fui aportando datos… En una entrevista con Luis Mino, cuando se cumplió un nuevo aniversario, una persona habló a la radio pidiendo mi teléfono porque quería hablar conmigo. Me llamaron de la producción y me pasaron el número de él. Lo llamé y me dio datos que tenían bastante similitud con los que yo ya tenía. Con esos pequeños elementos yo fui investigando. Busque en los Facebook, encontré cosas y así se fue reconstruyendo la historia”. Esa entrevista por Ahora Vengo ayudó a dar con el segundo de los involucrados, el hombre que será juzgado en el mes de diciembre en el subsuelo de tribunales.

Homenaje a Marianela Brondino

Una justicia con problemas

Sin dudas Graciela Brondino se ha convertido en una conocedora absoluta del funcionamiento judicial de Santa Fe. De sus virtudes y de sus muchos defectos. De la buena gente que la compone y de aquellos que no le hacen honor a su tarea.

Cuando restan pocos meses para el origen del juicio, Graciela tiene sentimientos encontrados… “trato de mantenerme tranquila y trato de mentalizarme que la cosa puede salir bien y sean los responsables y vayan presos, o que no sean los responsables, o que sean y no se los castigue como corresponde. He visto cómo se maneja la justicia en estos diez años”.

“Pienso que la justicia tiene problemas estructurales importantes, hay gente muy buena y hay otra gente que me parece a mí que habría que controlarla para ver cómo hace las cosas. Me he encontrado con gente muy buena y gracias a esa gente he podido estar más o menos al tanto de cómo evolucionaba la causa” manifestó la mujer.

Dentro de la “parte mala” de la justicia, Graciela recordó que “me ha tocado ir a hablar con algunos jueces y decirle: ud tiene el expediente, y me decía acá no está, y yo lo buscaba arriba de la mesa que siempre está atestada de expedientes… Iban, hablaban con los secretarios, hasta que el expediente aparecía. Yo tenía que ver si lo tenía el juez (al expediente), si lo tenía el fiscal, si estaba en la cámara.”

“Sentía humillaciones cuando iba al juzgado menores y no me querían dar el expediente. Una vez me lo dieron 10 minutos y me sentaron en un banco todo oxidado en el patio. Hacía 3 grados bajo cero y pasaba el secretario,  pasaba el juez para ver, no sé, si le sacaba copia… Me sentí humillada cuando iba a ver al juez y hacían pasar primero a un asesino que estaba esperando en lugar de hacerme pasar a mí”, precisó. “Yo estoy a favor que a los delincuentes se les reconozcan las garantías y los derechos que tienen, pero por favor que nadie se olvide de la víctima porque yo no pedí ser víctima, mi hija no pidió ser víctima, no hizo nada malo y sin embargo la mataron y a nosotros nos destruyeron, a mi familia la pulverizaron, era como que tiraron una bomba adentro de mi casa”, aseguró.

Perder la salud en cada paso

Por último Graciela manifestó cómo la pérdida de un familiar por la delincuencia, y la lucha incesante para conseguir justicia, hace estragos en la salud y en la vida cotidiana. “Murió mi hija, murió mi marido, mi hijo está con tratamiento psicológico y psiquiátrico y yo estoy de pie porque todavía estoy luchando por eso” expresó Brondino.

“Últimamente les pido a los jueces que se apuren porque no sé si me va a dar la salud diez años más para seguir luchando. Yo me tendría que operar la rodilla pero no lo voy a hasta que no pasen los juicios. A medida que uno va acumulando años y tristeza también va acumulando enfermedades… pueden ir a la Asociación y vean cómo están algunas madres: ciegas, en silla de ruedas. Todo esto te destruye la salud”, finalizó.

 

Audio ► La entrevista completa con Graciela Brondino por Será Justicia

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