sábado 16 de enero de 2021
Policiales | Rosario | menores | armas

Balaceras, ataques y ajustes: la violencia letal se cobró la vida de 15 chicos menores de edad en Rosario

Entre las víctimas hay bebés y chicos que estaban dentro de sus casas, cuando fueron impactados por los balazos. La mayoría de los hechos se registra en los barrios ubicados en el sector oeste de la ciudad.

De los 224 homicidios dolosos registrados en departamento Rosario en el 2020, quince fueron víctimas menores de 18 años, muchos de ellos inocentes, atrapados en medio de las tiroteos demenciales o ataques armados que provocaron un profundo dolor y el desmoronamiento de familias enteras. Murieron desde bebés, a chicos que estaban dentro de sus casas. Un fenómeno cada vez más repetitivo que dejó un saldo de otros 20 niños heridos por arma de fuego.

Los tiroteos en Rosario son moneda corriente, las víctimas heridas se cuentan de a cientos y los muertos también, como lo publicó la semana pasada Aire de Santa Fe. En ese marco de pujas narcos, tiroteos, ataques a viviendas, los niños y adolescentes aparecen cada vez con mayor frecuencia entre las víctimas fatales de hechos de los que, en varios de los casos, son totalmente ajenos.

nene quemado rosario.jpg
El incendio de la casilla donde murió un nene de 7 años fue intencional.

El incendio de la casilla donde murió un nene de 7 años fue intencional.

Pujas, venganzas y dramas

El hecho más reciente ocurrió el 10 de diciembre pasado. Fue un incendio intencional que se cobró la vida Ángel Lionel Rueda, de 7 años, cuando desconocidos hicieron arder la humilde casilla donde vivía con su padre en una zona precaria conocida como El Mangrullo, pegada al arroyo Saladillo en el extremo sur de la ciudad.

El caso develó una trama de venganzas y ajustes que se investiga si tenía como destinatario al progenitor del chico, y que según los primeros datos estaría orquestado por integrantes residuales de Los Monos. El hecho quedó en manos de la fiscal Gisella Paolicelli.

Tres días después, una balacera furiosa terminó con la vida de Lian Ángel Corbalán, un bebé de tan solo 8 meses que murió en los brazos de su mamá en Larralde y Rivarola, barrio Godoy (zona oeste). La agresión iba dirigida a un tío del chiquito, que un rato antes también fue baleado.

Lian estaba dentro de la casa cuando los sicarios pasaron a los tiros. Una bala le ingresó por la nunca. Su mamá Yamila lo subió a un auto y lo trasladó al Hospital Vilela con una bala con orificio de entrada y salida en el cráneo. Lo pasaron a terapia y luego a cirugía, pero murió. Los vecinos deslizaron que en esa casa se vendía droga.

La madrugada del primer día de noviembre, en un doble crimen, mataron a Agustín Jaime, de 16 años. El adolescente iba en una moto con su hermano por bulevar Seguí y Castellanos cuando apareció desde donde los tirotearon. Gastón Nahuel Jaime, de 24 años, también falleció en el acto. El padre había hecho una denuncia de paradero porque hacía varias horas que sabía dónde estaban sus hijos. Los identificó en la morgue.

lacasadeLian.jpeg
Lian apenas tenía ocho meses de vida cuando una balacera contra su casa terminó con su vida.

Lian apenas tenía ocho meses de vida cuando una balacera contra su casa terminó con su vida.

En una zona donde es habitual que los estruendos de las detonaciones de armas de fuego se confundan con los cortes de los caños de escape de las motos, el domingo 18 de octubre los asesinos no tuvieron piedad con Maximiliano Ruiz Díaz, de 17 años. Mientras caminaba por Lamadrid al 98 bis, recibió seis balazos a quemarropa y murió en el acto. En las viviendas del Fonavi del barrio Municipal supo predominar el clan Caminos (familiares del asesinado Roberto Pimpi Caminos, ex barrabrava de Newell’s Old Boys), y todavía es territorio más que complejo por sangrientas disputas entre bandas.

El 22 de noviembre murió Nicolás Ezequiel Ríos, también de 17 años. Lo habían herido en la cabeza la noche anterior, en Barra y 27 de Febrero. Iba caminando con su novia y su mamá a la casa de un amigo que también habían sido baleado un rato antes. Fue emboscado por personas que se desplazaban en un Renault 11.

Nicolás recibió un certero disparo en el cráneo al que sobrevivió 12 horas. En un primer momento se barajó la hipótesis de que pagó con su vida la condición de ser amigo de Joel L., un joven que vivía en Garzón al 2600, donde transitaba detención domiciliaria con control de tobillera electrónica.

Ticina lavaba los platos

Uno de los hechos más conmocionantes del año lo marcó el homicidio de Ticiana Espósito, de apenas 14 años. El 14 de septiembre la nena lavaba los platos dentro de su casa de Magallanes al 2700 antes de la cena familiar, cuando se desató una balacera en la vía pública, un proyectil traspasó una ventana y se le incrustó en el cráneo.

Los dos tirados observados por testigos buscaban eliminar a un vecino de la nena que se salvó del ataque. Realizaron más de 30 disparos con armas calibre 9 milímetros que impactaron en tres casas del lugar. El papá de Ticiana la cargó en un auto y la llevó al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca), donde llegó prácticamente sin vida y murió a los minutos.

A Lucas Daniel Benítez, de 17 años, lo ejecutaron de nueve balazos el martes 8 de septiembre a las 22 mientras estaba con amigos en la vereda de Biedma al 1000. Cinco proyectiles le dieron en la cabeza y otros cuatro en el cuerpo. Los matadores se trasladaban en un auto Peugeot 307 que llegó al lugar a toda velocidad, uno bajó la ventanilla y desde adentro sacó una pistola que escupió todo el cargador. “Lo buscaban desde hacía rato”, indicó un vecino.

Tres días antes, el blanco era Natalí Macarena Blanca, de 17 años. Un desconocido que se desplazaba en una moto aplaudió para que saliera alguien de la casa ubicada en Lavardén 5578, en el barrio Empalme Graneros. Cuando la adolescente se asomó a la calle, el intruso le disparó sin mediar palabras. Dos balazos, uno en el abdomen y otro en una pierna terminaron con la vida de la adolescente.

mauriciofrega.jpeg
Mauricio estuvo nueve días desaparecido. Cuando encontraron su cadáver en un descampado presentaba cinco balazos.

Mauricio estuvo nueve días desaparecido. Cuando encontraron su cadáver en un descampado presentaba cinco balazos.

Su papá la cargó en un auto y la llevó al hospital, pero no sobrevivió. Los vecinos la describieron como una nena buena, que iba a segundo año del secundario y era amable. La sospecha es que pagó con su vida las deudas de un hermano detenido por comercialización de drogas.

La familia de Mauricio Alberto Frega, un adolescente de 17 años de Villa Gobernador Gálvez denunció su desaparición el 20 de agosto. Su cadáver fue hallado nueve días después en la zona rural de Alvear, 30 kilómetros al sur de Rosario. Tenía cinco orificios por disparos de arma de fuego en brazo y muslo derechos, y el abdomen, todos desde atrás.

Lo identificaron por fichas dentarias, y se determinó que murió cuatro días antes del hallazgo. Detrás del crimen aparecieron actores de peso de Villa Gobernador Gálvez. Como sospechosos fueron detenidos Matías Brian L., de 26 años, Erica Daniela A., de 28, (recuperó la libertad al ser desvinculada de la causa); y Daiana Verónica Elizabet G. hija de Ariel Carlos Daniel “Jerry” Gaeta, asesinado con una decena de tiros el 5 de agosto. Un pesado asociado a la comercialización de droga.

La muerte de Lucas Mariano Varela, de 12 años, es la consecuencia de pujas personales tal vez intrascendentes, pero que en ciertas barriadas escalan a tal punto que se resuelven con un tiro. El nene vivía con su familia en Mapic al 6235, en el barrio Toba del sur de la ciudad, un sector pobre y abandonado. La familia se había mudado hacía poco tiempo procedente de Ludueña. El 25 de abril se presentó en la puerta una moto con dos ocupantes que nunca se sacaron los cascos.

Uno de ellos gritó el nombre de Pedro, el papá del niño. Cuando este salió, su hijo lo hizo por detrás. Los desconocidos no dijeron nada, y el acompañante sacó un arma. Pedro se abalanzó y forcejeó con el agresor, que gatilló. Uno de los proyectiles le dio de lleno en el cráneo a Lucas Mariano, que se desplomó y murió poco después en el hospital. Cuando su padre se dio vuelta para ayudarlo, también lo balearon. El hombre se recuperó, se fue del hospital sin el alta médica y dijo que no sabía el motivo del ataque. Hay un detenido imputado.

lucas-mariano-varela.jpg
Lucas recibió un disparo en el cráneo cuando su papá forcejeaba con el agresor.

Lucas recibió un disparo en el cráneo cuando su papá forcejeaba con el agresor.

Las armas al alcance de los nenes

La muerte de Thiago Avaca, de 9 años, fue narrada en Aire Digital. Fue un drama que no se inscribe en un hecho de criminalidad como los anteriores. Se trata de un drama, evitable, relacionado a las armas expuestas a merced de los niños.

El 15 de abril, plena restricción por la pandemia, el chico jugaba en la casa de un amigo en Lamadrid al 1600, en el barrio Tiro Suizo. Uno de los dueños revisó una mochila que había dejado un tío, y encontró una pistola calibre 9 milímetros. Manipuló el arma y accidentalmente gatilló y mató a Thiago de un tiro en la cabeza. El usuario de la pistola la escondía de un hecho delictivo, según indicaron después los investigadores.

La caída en desgracia de Dylan Saucedo, 15 años, es una incógnita hasta hoy. Lo mató un hombre que se trasladaba en bicicleta. El adolescente estaba en Anchorena al 1900 con un grupo de amigos y, según testigos, se originó una discusión con el matador, que no dudó en sacar un arma perseguirlo y dispararle.

La víctima vivía en barrio Alvear, pero la muerte lo sorprendió deambulando lejos de su casa. No hay hipótesis firme sobre la motivación del crimen, salvo algunas especulaciones. Vecinos de la zona deslizaron que tal vez el grupo de jóvenes que estaba con la víctima quiso cometer un robo, pero se toparon una persona que puso un límite de manera trágica.

Thiagoavaca.jpeg
Thiago recibió un disparo en la cabeza cuando un vecino manipulaba un arma de fuego que encontraron en una mochila.

Thiago recibió un disparo en la cabeza cuando un vecino manipulaba un arma de fuego que encontraron en una mochila.

La masacre de Chelsi y su familia

La muerte de Chelsi Albornoz, de apenas un año, se dio en medio de una verdadera masacre. Un triple crimen eclipsado por las vorágine de las muertes diarias. Ocurrió el 16 de febrero, mientras la beba iba en brazos de su mamá arriba de la moto que conducía su papá por Génova y Cabal, en Empalme Graneros.

Un auto con tres ocupantes se les puso a la par, uno de los cuales sacó una pistola tipo ametralladora, se le puso a la par y acribilló a balazos a toda la familia en un ataque sicario.

Además de Chelsi, murieron sus padres, Christopher Albornoz y Florencia Corvalán. El hecho, aunque desmentido por la familia de las víctimas, se relacionó a un posible ajuste por pujas con el abuelo de Christopher, Miguel Ángel “Caracú” Albornoz (72). Se trata de un veterano hampón conocido en Rosario por las investigaciones judiciales que lo señalaron como líder de una banda que cocinaba cocaína.

El 5 de enero, hace poco más de un año, se dio el primer homicidio del 2020 de un menor de edad. Kevin García, de 17 años, estaba en su casa de Racedo 4400, en el corazón de Villa Banana, cuando atacaron a balazos el lugar. Era la secuela de atentados armados en esa conflictiva zona del oeste rosarino.

Tres personas en un Peugeot 208 dispararon con una pistola ametralladora, y como consecuencia Kevin falleció por un disparo en el cráneo. Su hermano Alan, de 26 años, terminó malherido de dos balazos en la pierna izquierda. Mientras Kevin agonizaba una mujer de 73 años domiciliada a pocos metros de allí fue atacada y le quemaron la vivienda.

Chelisiypapas.jpg
Chelsi iba con sus papás en moto. Fueron atacados a balazos y murieron los tres.

Chelsi iba con sus papás en moto. Fueron atacados a balazos y murieron los tres.

Heridos en el Hospital de Niños

El Hospital de Niños Víctor J. Vilela reportó en todo el 2020 la atención de 21 chicos menores de edad heridos por arma de fuego en distintas circunstancias. Todos atendidos en ese centro de salud, la mayoría se recuperaron.

El informe marca que al 25 de noviembre del 2020, de acuerdo a las estadísticas oficiales del Vilela, solo a ese efector habían ingresado 18 chicos de hasta 15 años heridos por armas de fuego.

A ellos se les debe sumar el caso del bebé de ocho meses y de los menores heridos en Navidad en el barrio Las Flores, un adolescente de 14 y un nene de un año. La mayoría de los pacientes tenían entre 10 y 14 años. El informe también distingue que la zona geográfica donde se dieron más hechos fue el oeste.

Así empezó y terminó el 2020 con los menores de edad fallecidos en medio de la línea de fuego. En el camino de esas historias dramáticas que desmorona familias, queda la sombra de la precoz participación de alguno de ellos en conflictos que pudieron sellar sus cortas vidas, primero víctimas de la marginalidad y luego de las balas. En casos que distingue esta nota, los niños o adolescentes muertos exponen el nivel de violencia letal que se traga todo a su paso.

Dejá tu comentario