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Ocio

¿Por qué nos gustan tanto las películas de terror?

¿Sabías que ver películas de terror reduce el estrés y nos ayuda a enfrentar nuestros miedos?

Uno de los mejores planes por excelencia para una noche de Halloween es un maratón de cine de terror. Pero, ¿te has parado a pensar cuál es la razón por la que la mayoría personas se sienten tan atraídas por este género cinematográfico a pesar del mal rato? ¿Por qué, en cambio, hay otras que no son capaces de aguantar ni cinco minutos delante de la pantalla?

El miedo, desde el punto de vista de la psicología, es una emoción aflictiva que, sin embargo, cumple una función importante en nuestro bienestar psicológico. De hecho, el miedo es la emoción más básica y antigua de todas; por lo que también ha sido la más estudiada por la ciencia. Así, desde que el hombre es hombre se ha grabado en nuestros genes como mecanismo de protección y de defensa, sin la cual no hubiéramos conseguido sobrevivir como especie.

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“Recordemos que el miedo es una emoción que se activa ante la presencia o percepción de un peligro real o imaginario. Es un mecanismo de prevención del daño potencialmente ocasionado por una circunstancia determinada. Es una reacción frente a una amenaza a nuestros intereses de orden vital”, explica el Dr. Daniel López Rosetti en su libro ‘Emoción y sentimientos’.

La comunicación no verbal también cobra especial importancia en cómo expresamos ese miedo. Tanto nuestra expresión facial como las reacciones fisiológicas que produce nuestro cuerpo cuando nos asustamos, cumplen la función de alertar sobre lo que está pasando. “Nuestro cuerpo reacciona hiperativándose físicamente, y poniendo en marcha ciertos neurotransmisores como la adrenalina y la dopamina, que son los que nos hacen experimentar esa euforia. Además, nuestro ritmo cardíaco se acelera, sube la presión arterial, puede aumentar el tono de los músculos…”, apunta la psicóloga Pilar Conde, directora de las Clínicas Origen.

Aunque existen diferentes tipologías de miedo, y a pesar de que sus mecanismos se han modificado y evolucionado a lo largo del tiempo, seguimos conviviendo con ese carácter biológico del miedo que provoca respuestas automáticas como reacción de lucha o huida. Después, existe un miedo que nace del pensamiento, “una especie de miedo razonado que no guarda relación con la situación externa, sino con la construcción mental interna que hemos elaborado. A menudo, lo expresamos con frases generalistas e inespecíficas como: ‘Tengo miedo a que mi vida vaya mal’”, dice la socióloga experta en neurolingüística Alicia Aradilla.  De hecho, el miedo también busca la comprensión y el soporte social de quienes nos rodean y establecer la empatía con los demás.

Por tanto, el miedo en su justa medida –y siempre que no lo confundamos con, por ejemplo, un trastorno de ansiedad- tiene una función vital positiva que podemos aprovechar para desarrollar nuevos aprendizajes y afrontar y sortear las dificultades con nuevas respuestas conductuales. Esta es una de las razones por las que cada vez más psicólogos y terapeutas emplean la filmoterapia como técnica terapéutica para ayudarnos a enfrentar a nuestros miedos, resolver problemas y buscar y encontrar soluciones.

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Según los expertos, los filmes de terror, por ejemplo, nos hacen enfrentarnos a nuestros mayores temores y sacar a flote nuestras emociones permitiéndonos ser más conscientes de ellas. De esta manera, reducen el estrés y ayudan a enfrentar esos miedos antiguos a través de la catarsis sin necesidad de revivir lo sucedido. “Es como un entrenamiento con red, ya que se trata de emociones autoinducidas por un estímulo externo que es muy próximo a la realidad, pero con un final. Ver una película es lo más aproximado a vivir esa experiencia que en nuestra realidad no nos atreveríamos, pero sabiendo que podemos salir de ella en cualquier momento. Eso nos hace sentir seguridad”, apunta Aradilla.

Fuente: Hola

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